A sus 84 años de edad y sentado en su hamaca con la mirada fija en el trozo de cedro que moldea con su cincel, don Ismael González Lázaro se ha convertido en el maestro de las máscaras borucas.
Es el más respetado por los artesanos de esta comunidad y forjador junto a varios muchachos, del rescate de esta tradición que ha hecho muy conocidos a la cultura boruca.
Hijo de Antonio González Morales y Rosalía Lázaro Céspedes, Ismael tiene una noción clara del arte indígena y ama lo que sabe hacer: Las máscaras de madera. Esta especialidad lo llevó a obtener en 2001 el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional.
Piensa por un momento y luego levanta su mirada paciente y dice: “El estudio sobre cómo mejorar el arte es cada vez más importante porque ayuda a tener una mejor conciencia de lo que se hace. El compromiso con la cultura es más que hacer y vender una máscara.
Tengo claro - agrega el maestro - , “que mi deber es enseñar a todas las generaciones con el ejemplo sobre lo que hay que hacer con nuestra habilidad. Se les debe enseñar cómo y por qué se hacen las máscaras y cuál debe ser su aporte en la sociedad. Nunca me ha parecido que lo material es importante porque lo que vale es que todos puedan abrir sus ideas…Y expresarlas a través del arte”.
A las máscaras hay que darle vida. Si uno quiere que se vea aguerrido hay que pensar, ¿cómo le doy coraje? y si lo quiero alegre debo trasmitirle ese sentimiento de modo que se vea feliz”
Escuchar a don Ismael González es viajar por un mundo de cosas preciosas que se vuelven mágicas y nos hacen pensar que todo eso puede llegar a ser posible. Es artesano nato, es filósofo, es maestro.
Su dimensión interpretativa lo expresa en su forma de ser. Él piensa que la cultura es una belleza pero hay que chinearla, hay que adornarla, hay que fortalecerla.
En los contextos naturales que tiene la comunidad indígena de Boruca, existe un escarabajo que le llaman “aserrador” o Rabrúv en lengua ancestral. Este fue el nombre que escogió don Ismael para conformar un grupo de muchachos que se dedicó a rescatar esta tradición y viajaron por más de nueve meses de Boruca a San José a formarse más y más en las técnicas y pinturas de sus máscaras de madera.
Hoy, el maestro sigue echado en su hamaca, tallando preciosas máscaras de cedro, y sus demás rabrúvs son parte de una gran cantidad de mascareros borucas que se han expandido por toda la comunidad.
El rabrúv es un escarabajo que desgasta la madera y ellos también hacen lo mismo.
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El escarabajo aserrador: