Con los ataques y bombardeos inescrupulosos de Israel sobre Gaza los defensores y pueblos judíos hablan del crecimiento del antisemitismo como una reacción contra el estado de Israel por lo que muchos llaman un genocidio.
Desde diferentes organizaciones de las Naciones Unidas hasta países del mundo están hoy condenando el genocidio sobre el pueblo palestino que, invariablemente, sigue siendo desplazado fuera de las fronteras de Israel.
Esa situación provoca manifestaciones, protestas e incluso actos de desprecio contra los judíos en diferentes partes de mundo, pero principalmente en apoyo al pueblo de Palestina.
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Los defensores de Israel, entre ellos gobiernos de la Unión Europea y Estados Unidos, hablan de un aumento de “antisemitismo” en el mundo. Y no es de extrañar cuando las imágenes atestiguan lo que para algunos significa una masacre similar a la sucedida en la Segunda Guerra Mundial.
Pero el término correcto no es antisemitismo, es antijudaísmo. Los semitas bíblicamente hablando son los descendientes de Sem o Shem, es decir, de uno de los hijos de Noé, quien después del arca formó su pueblo y su estirpe en las regiones de lo que hoy conocemos como Medio Oriente (Oriente Próximo en Europa).
De Sem (en árabe: سام Sām; en hebreo שֵׁם Shem, Šēm; literalmente nombre; renombre y por extensión prosperidad, fama, según Wikipedia) entonces nacen los semitas que son, fundamentalmente hablando, tres grandes pueblos: los asirios (que fueron importantes en el gran Imperio Mesopotámico), los árabes (en Medio Oriente) y los hebreos (que luego se separan en judíos y cristianos posterior a Jesucristo.
Los pueblos semitas hablan hebreo, árabe y arameo, cuya raíz es la misma, los semitas. Los israelitas de hoy son judíos hebreos y provienen de la misma rama.
En conclusión, decir antisemitismo es decir antijudaísmo y antiárabe a la vez, lo que realmente no sucede en el caso actual, en que dos pueblos que provienen de Sem se matan mutuamente, hermanos al fin.
¿La diferencia? La religión, principalmente. Mientras los árabes construyeron un sistema de creencias con otro libro sagrado, el Corán, así como un dios diferente, Alá; los hebreos siguieron el Antiguo Testamento -donde precisamente se explica en el Génesis que los semitas son los descendientes de Sem, hijo de Noé.
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Los hebreos crearon su propia religión, el judaísmo, que solamente atiende al antiquísimo libro que forma la mitad de la Biblia cristiana. El Nuevo Testamento será un nuevo libro que escribirán los seguidores de Jesús y, con ese libro, fundarán el cristianismo, la religión que se impondrá en la mayoría del mundo hasta hoy, gracias a que el Imperio Romano de Oriente (Bizantino) lo expandirá en sus territorios conquistados. Luego España lo trajo a América.
Es curioso que hoy son los cristianos de Occidente los mejores aliados de los judíos en su guerra de odio contra un pueblo que desciende de la misma rama, en la teoría bíblica.
En el capítulo 10, conocido como “Catálogo de las naciones“, describe según el Antiguo Testamento cómo se repartieron los territorios según los hijos de Noé después del diluvio.






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