El estrés y la ansiedad provocan cáncer, una determinación que se confirma cada día más con investigaciones de carácter científico y ya no solamente con presunciones que se tenían años atrás.
La Universidad de Costa Rica, con información del científico costarricense, Dr. Warner Alpízar, especialista en biología genética y molecular, publicó un artículo que revela el cómo afectan el estrés y la ansiedad en la aparición de diferentes tipos de cáncer.
Hay dos hormonas muy dañinas que provocan la ansiedad y el estrés: el cortisol y la norepinefrina. Especialistas en psiquiatría, como la Dra. Mariam Rojas, han venido insistiendo en los últimos años, en sus conferencias al respecto, que el cortisol -por ejemplo- provoca serios daños en la salud física de las personas.
La psiquiatra española afirma que el cortisol, en concreto, provoca problemas físicos que inciden directamente en el comportamiento de la mente y que generan un cuadro perjudicial para el organismo.
Según el artículo de la UCR, con información del Dr. Alpízar, “las hormonas del estrés —como el cortisol y la norepinefrina— son capaces de estimular la proliferación de células cancerosas y la formación de nuevos vasos sanguíneos que alimentan a los tumores. Estos efectos facilitan un entorno propicio para que el cáncer se desarrolle y crezca -sic-“.
Aparte de cómo las hormonas provocan también un comportamiento mental y emocional afectado, hay estudios científicos que indican ahora una afectación directa en la generación del cáncer. Hay estudios que se vienen publicando en esa dirección.
Primero es preciso saber que el cáncer es una enfermedad que se deriva a partir de la acumulación de mutaciones en las células, usualmente, a raíz de un daño en su ADN. Posteriormente, esas células —con muchas mutaciones— se vuelven malignas. Eso significa que empezarán a crecer de forma acelerada, descontrolada, excesiva y, eventualmente, formarán masas de células (tumores), según explica el artículo de la UCR.
“Sin embargo, para que un cáncer se desarrolle y comprometa la vida de una persona, es necesario que esas células malignas coexistan con células no tumorales las cuales, en su momento, le ayudarán al cáncer a sobrevivir, a crecer y a formar nuevos focos (metástasis)”, agrega la información.
“Las células no tumorales, en principio, buscan eliminar a las células cancerosas a través de varios procesos químicos. No obstante, las células cancerosas empiezan a liberar mediadores químicos y, eventualmente, esas células —mayoritariamente células del sistema inmunológico— terminan trabajando en favor del cáncer para que este crezca y se desarrolle. En algunos casos, si esas células no ayudan al cáncer a proliferar, se convierten en espectadores pasivos que no lo atacan ni lo destruyen”, explicó el Dr. Alpízar.
Un estudio reciente conecta algunos tipos de cáncer como mamas, colon y próstata, con situaciones de estrés crónico. La causa principal es que “el estrés crónico puede debilitar el sistema inmunológico, lo que hace que el cuerpo sea menos capaz de combatir las células cancerosas, señala la investigación-sic-“, según la UCR.
“Las complejas y sensibles dinámicas bioquímicas que ocurren a lo interno del microambiente tumoral pueden verse alteradas por el estrés y la ansiedad que experimente una persona a largo plazo”, afirma el Dr. Alpízar.
Y esto es muy interesante: hay personas que tuvieron cáncer y no se dieron cuenta, porque su sistema lo venció en etapas tempranas, pero según Alpízar se han encontrado casos de personas a quienes les apareció años después, pero en entornos de un gran estrés.
“La evidencia científica disponible hasta el momento sugiere que el estrés agudo o crónico puede hacer que células tumorales, que se habían dispersado años atrás y que entraron en un periodo de dormancia —que no estaban creciendo— se reactiven, vuelvan a crecer y generen metástasis”, explica el Dr. Alpízar.
Lo que explica el Dr. Alpízar ya ha sido probado en animales de laboratorio. Los resultados de un experimento divulgado en la revista Cancer Cell del 2024 “demostró que, al implantar células cancerosas en ratones de laboratorio estresados, la capacidad metastásica era más alta y el crecimiento de los tumores primarios se podría acelerar”, agrega el artículo de la UCR.
“Se ha visto, por imagenología, que los ratones estresados desarrollaban más metástasis en pulmón y nódulos linfáticos que los ratones que no habían sido estresados”, agregó el Dr. Alpízar.
Para muestra, un botón. Hace unos 25 años un doctor cubano afirmó a quien esto escribe que si no controlaba la ansiedad me iba a matar. Con cerca de 26 años de vida, el estrés y la tensión por el exceso de trabajo y la llegada de una hija, padecía entonces un ansiedad crónica que, además, producía crónicos problemas digestivos, faringoamigdalitis crónica con fuertes infecciones virales o bacterianas, entre otros problemas de salud.
En aquel momento no podía comer chicharrón, frijoles, aguacate, gaseosas, repollo y otros alimentos que producían gases o son pesados por exceso de grasa. Sin embargo, una simple expresión de un doctor hizo cambiar el rumbo de mi vida, cuando decidí que incluso si algo salía mal, no sería tan malo como vivir enfermo o morir. Y así fue: un año después podía comer todo y producía menos ansiedad. Muchos años después me fueron encontradas ulceraciones cicatrizadas en el estómago. Hoy sigo comiendo de todo, variado, y claramente mejor lo sano y no los empaquetados.
Sin embargo, la experiencia psicológica de cómo se gestionan las emociones no siempre es igual para toda persona, como explica en sus videos la Dra. Rojas. “La felicidad no son las cosas que nos suceden, si no cómo las gestionamos”, con una actitud que no genere esas terribles hormonas, sostiene la psiquiatra.
En conclusión, la ciencia comprueba que la ansiedad y el estrés producen cáncer, pero el temer en el cáncer también produce estrés y ansiedad, de manera que el gestionar las emociones y asumir una actitud optimista, positiva y un poco menos intensa ante la vida, sin duda redundará en su salud y su posibilidad de vivir más y, sobre todo, con mejor calidad de vida. Es decir, quizás una buen terapia psicológica le pueda ayudar mucho en su salud física.






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