Para pocos es un secreto que el sector agropecuario ha sido maltratado en los últimos 4 años, por eso Abel Chaves Trigueros, vicepresidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), recuerda que el sector agro es el único seguro que tiene el país para salir adelante ante las crisis mundiales.
“Cada vez que el mundo entra en crisis, Costa Rica recuerda algo que en tiempos normales parece olvidar: cuando las cadenas globales se tensan, cuando sube el petróleo, cuando se encarece el transporte y cuando se vuelve incierto el abastecimiento internacional, el primer seguro de este país sigue siendo su producción nacional“, afirma el dirigiente agropecuario.
Sin embargo, esa seguridad alimenticia que Costa Rica siempre tuvo, ha sido afectada en los últimos años a cambio de modelo de importaciones que privilegia a los sectores importadores en detrimentos de los agricultores que soportan todas las cargas del régimen definitivo (no tienen los beneficios de las zonas francas) y tienen que competir en desiguales condiciones, como ha sido denunciado ampliamente.
Esa realidad se reflejó en el porqué sectores como Cartago y la zona de Los Santos le dieron la espalda al chavismo en las elecciones pasadas, aunque los pueblos agropecuarios más alejados como las zonas costeras del Caribe y Pacífico, así como la regiones norte y sur del país, con modelos de agricultura de extensión y cientos de miles de peones en malas condiciones, sí apoyaron a la presidenta electa.
Hoy, a las puertas de una eventual crisis económica por el aumento de la energía de los hidrocarburos, ante la guerra en Medio Oriente, todos piensan en la tabla de salvación del país que siempre ha sido la agricultura nacional.
Una crisis inminente
“Ocurrió durante la pandemia del COVID-19, cuando quedó claro que si la disponibilidad de alimentos no falló, fue por el trabajo del sector agropecuario y porque Costa Rica sigue produciendo alrededor del 70% de su canasta básica alimentaria, incluyendo prácticamente el 100% de las frutas, hortalizas, carnes y lácteos que consume la población”, argumentó Chaves Trigueros en un artículo publicado en La Región.
Chaves recordó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió esta semana que la guerra en Oriente Medio representa un shock negativo de oferta de gran magnitud: el flujo diario mundial de petróleo cayó alrededor de un 13% y el de gas natural licuado un 20%, mientras el Brent llegó a subir de $72 a un pico de $120.
“Frente a esa realidad, Costa Rica no puede seguir actuando como si debilitar a su sector agroproductivo fuera una opción sin costo. No se le puede pedir al agro que sirva de colchón en una crisis mientras se le quita competitividad”, explicó Chaves Trigueros.
Todo eso conduce a más inflación, menor crecimiento y mayores presiones sobre combustibles, transporte, fertilizantes, alimentos y cadenas de suministro en los países que depende de la energía del petróleo. Si bien Costa Rica tiene energía eléctrica limpia de fuentes renovables, también depende del crudo para el transporte y de importaciones de fertilizantes y, ahora, de alimentos que ya no se producen o cuya producción disminuyó en Costa Rica, como el arroz, los frijoles, las papas, el aguacate, entre otros.
La propia Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA) alertó que fertilizantes como la Urea ya registran alzas superiores al 50% en las últimas semanas y que, si la situación en Ormuz se prolonga, la presión será mayor.
La tormenta perfecta
Chaves Trigueros alertó también que “como si eso no bastara, el agro costarricense enfrenta además una amenaza climática creciente. Según expertos en meteorología, 2026 será un año impactado por un evento de El Niño fuerte o intenso, con anomalías de temperatura oceánica en el Pacífico Ecuatorial cercanas a Costa Rica de hasta 2,5 grados Celsius por encima de lo normal”.
Se trata de la tormenta perfecta para que la situación sea de crisis.
“La advertencia va más allá del clima. Cultivos como arroz, maíz y frijoles pueden reducir su producción; la ganadería resentirá el calor y la escasez de agua; y el país podría enfrentar menor generación hidroeléctrica y mayores costos de electricidad”, señala el dirigente.
“El sector productivo nacional tendrá que producir bajo una tormenta perfecta: combustibles más caros, insumos más caros, fertilizantes encarecidos y condiciones climáticas más hostiles”, agrega.
“No tiene sentido abrir más el mercado a productos agropecuarios extranjeros en un momento en que muchos países están reforzando su producción local y protegiendo su seguridad alimentaria”.
El productor deja claro el tema y lo plantea directamente frente al gobierno entrante, un gobierno que se supone de “continuidad”, lo que implicaría continuar con las prácticas en detrimento del agro:
“La pregunta no es si el agro costarricense volverá a responder. Va a responder, como siempre lo ha hecho. La verdadera pregunta es si el país, por fin, va a decidir respaldarlo con coherencia. Porque si en la próxima disrupción global Costa Rica volverá a comer de su campo, lo mínimo responsable es dejar de tratar al sector productivo nacional como si fuera prescindible”, finaliza.

