Voz Propia | ¿El Estado costarricense autogobernándose? Parece una parodia o un sin sentido, pero no lo es.
El teórico político y sociólogo alemán Niklas Luhmann en algún momento refirió al concepto de “autopoiesis” o “sistemas autopoiéticos” para referirse a sistemas políticos que por su propia dinámica de auto regularse y auto existir como si tuviera vida propia.
Tal vez usted se pregunta cómo es que un Gobierno errático, que no acierta ningún decreto ejecutivo, no logra impulsar ninguna ley importante, que desfinancia al estado y no ha podido negociar ni llegar a acuerdos con la oposición por su actitud, aún así tiene un presidente que se la pasa inaugurando obras -aunque menores- en cada pueblo.
Luhmann es reconocido a nivel académico por su formulación de la teoría general de los sistemas sociales, un teórico que incluso fue más allá que el clásico David Easton, porque encontró que los sistemas pueden tener mecanismos y dinámicas que les permitan subsistir durante un tiempo sin la participación de nuevos insumos directos al sistema.
No vamos a entrar en detalles teóricos, pero en Costa Rica estamos teniendo un ejemplo de cómo un estado fuerte, consolidado y con una institucionalidad y legalidad firmes, puede auto regularse y auto crearse. Porque poiesis significa eso: creación, de manera que autopoiesis es auto creación. Y sí, dato al margen, poesía es creación, diría yo: creación propia y original.
Cuando un estado social de derecho tiene su estructura propia y consistente, el sistema se activa y se moviliza por las mismas energías y fuerzas que ya fueron creadas muchos lustros atrás. Por eso un pretendiente a dictador con éxito populista encuentra un muro grande y muchas veces infranqueable que no le permite avanzar en sus aspiraciones. Sucede con Donald Trump en Estados Unidos o con Rodrigo Chaves en Costa Rica, pero no sucedió con Daniel Ortega en Nicaragua, Hugo Chaves en Venezuela o Nayib Bukele en El Salvador.
Lo que vemos es al estado costarricense autogobernándose, lo que vemos son a las instituciones y empresas estatales creando y financiando obras valiosas para la gente, vemos instituciones creadas décadas atrás como el INDER, la CNE, el IMAS, el ICE, el INS, RECOPE, los ministerios y sus programas y entidades desconcentradas democráticas -como las de cultura-, entre muchas más. El sistema sigue creando las obras que siempre ha creado, con el financiamiento que siempre ha tenido, desde décadas atrás. Esas son las obras que Rodrigo Chaves anda inaugurando en las comunidades con su fanfarria populista. Como al inaugurar el FIA, un puente, una delegación policial o un Ebáis.
En contrario podemos ver obras circunstanciales con retrasos o mal terminadas -Taras La Lima-, obras que nunca empezaron -como el Hospital de Cartago- y otras fueron cercenadas -tren eléctrico o Ciudad Gobierno- porque los insumos actuales al sistema son erráticos, contradictorios o no cumplen con los requerimientos para poder activarlo y que funcione bien. Por ejemplo, que esas obras no se realicen en el marco de la legalidad que define el sistema.
Y sí, también está el sistema legal poniendo sus contrapesos para evitar el abuso público privado, también está la Contraloría, también la Procuraduría para que el Estado no haga nada ilegal -ni el Gobierno-, también las universidades públicas con su enorme aporte en la ciencia, la tecnología y la investigación… En fin, el punto es claro. No solamente es un estado grande, es también un sistema de pesos y contrapesos democrático y que funciona con la libertad que el sistema y sus recursos le permiten.
Por eso cuando la ministra de la Presidencia, Laura Fernández, así como el presidente Rodrigo Chaves, insisten en que la Contraloría quiere “cogobernar” lo único que demuestran es una ignorancia atroz sobre cómo funciona el sistema político y el estado costarricense. No es cogobierno, es todo el estado y sus institucionalidad auto gobernándose para impedir el abuso, la corrupción, la dictadura, el robo y demás especies afines.
Un presidente en Costa Rica no es un rey, ni siquiera es la máxima autoridad, es una pieza más en el engranado de un sistema, de una máquina extraordinaria, envidia de muchos países que no logran tener democracias robustas.
Lo mismo que sucede con la Contraloría, se aplica al Tribunal Supremo de Elecciones, al Poder Legislativo, a la Defensoría de los Habitantes y al Poder Judicial, sus salas y entidades, como la Fiscalía y el OIJ, entre otras entidades.
La teoría de sistemas establece mecanismos de retroalimentación, de insumos y productos que genera. Si el sistema tiene el presupuesto y los recursos humanos y materiales establecidos, tiene insumos. Y los insumos en el sistema generan productos que usualmente serán los esperados. En realidad es simple. Lo interesante es cuando el sistema está tan bien calibrado, con una estructura tan fuerte, que logra operar con auto poiesis, con auto creación.
Y sí, el sistema político costarricense, como pocos, está bien calibrado y funciona solo y adecuadamente, durante un tiempo, aunque claramente puede encontrar agentes destructores externos e internos, pueden ingresar virus, bacterias, así como producir cáncer y hacer metástasis, sino se le da el mantenimiento democrático correcto y de manera consistente.
Es posible que Chaves ahora pueda inaugurar muchas obras que ese sistema produce por sí mismo, sin la participación del Gobierno, pero que también el sistema venga creando desde gobierno o administraciones anteriores que lo hicieron mejor en ese rubro. También es cierto que el próximo gobierno tendrá que enfrentar una situación incierta, de poca inversión pública y de un desgaste institucional sin precedentes, que incluso no vaya a tener obras que inaugurar, excepto las que empieza a generar desde el día cero.
El sistema político costarricense ha vivido un temporal fuerte del que no sale y del que podría salir más adelante, aunque con muchos daños. Por ahora, las estructuras resisten valientemente y el sistema funciona bien, de manera autopoiética.

