- “¿La ficción supera la realidad?” es una nueva sección donde el acontecer político y social del país se relata como si fuera un cuento con sus cualidades literarias. Tiene algo de realidad, algo de parodia y sarcasmo, y bastante de ficción.*
RELATO. Recordó aquel estúpido momento cuando llegó a la esquina y decidió llamar a su hermano para presumirle que tenía acceso directo por atrás, para burlar los controles de seguridad.
Fortachón se recostó sobre su silla y sintió que ya ni al hacer eso se sentía seguro. Tenía que aceptar que ahora era vigilado y cada movimiento podía ser fatídico. Aunque tuviera inmunidad y amigos poderosos, “La Farsa”, el asunto ahora estaba color de hormiga.
El asunto es que por aquella llamada cómplice con su pariente le descubrieron la triquiñuela de colarse por detrás del edificio para evitar los controles de seguridad. ¿Cómo iba él a saber que le estaban escuchando sus llamadas? ¡Error de principiante para alguien con tanta espuela! “¡Y todo por el malparido aquel!”, había dicho en su llamada intervenida.
Y ni pensar si le escucharon las llamadas con palabras bonitas para aquella funcionaria guapísima que quería conquistar. ¡Qué cagada si la doña se enteraba! Pero tenía la confianza de que eso no sería revelado. Claro, si no es que la prensa canalla lograba filtrar los mensajitos incómodos aquellos. ¡Prensa canalla!, tenía razón “La Farsa” cuando les llamaba así en sus mensajes por los grandes megáfonos del país.
Ahí estaba, sentado, maquinando qué diantres decir, porque si se inventaba más mentiras podría hundirse más y sus aspiraciones de conquistar el país se verían definitivamente apagadas. “Así logramos evadir esos hijueputas controles”, había agregado en su llamada.
Aquel día entró en su vehículo con su hermano y logró influenciar a la funcionaria para que destinara unos “cariñitos” para el destino que ellos habían ideado. Y aunque la gente andaba con miedo por “el malparido” que los investigaba, no creyeron que iba a suceder así, eran demasiado fanfarrones como para creer que alguien le creyera algo al chamaco ese. Ellos eran más jugados y astutos, pensaron en su momento.
El cariñito monetario ya había llegado a su destino, pero había quedado embarrado. Y abajo la prensa esperaba su llegada, mientras él ya no sabía si salir de la oficina ni qué iba a decir. Pensó que lo mejor sería caer en combate, debía mantener las mentiras y aprovechar su poder de dicción, su discurso, su rimbombancia, su resonar de experimentado que no se equivoca.
Ahora temía que después de la conferencia le pusieran las esposas al salir del edificio, pero recordó que estaba protegido por la ley. Respondió firme y vociferando:
-¡Yo no he hecho nada incorrecto, eran reuniones normales de trabajo para el beneficio de la educación pública, la ruta de la pobres, tenemos que articular y colaborar entre las instituciones…
“¿Por qué un funcionario pública de alto nivel se manifiesta así de vulgar?“, le preguntó un periodista. “Seamos francos, en este país todos hablamos así, eso es hablar como tico, así somos”, respondió. “Pero, señor jerarca de alto nivel, en realidad todos en este país somos tan ofensivos y vulgares o solo una clase de gente”, insistió en repregunta el comunicador. “No son ofensas, así son las cosas, es la realidad”, insistió.
No se lo esperaba, pero al terminar la conferencia se le acercó un agente de la investigación judicial y le dijo al oído, en una esquina: “¿Entonces así somos en este país? Porque yo también he oído que aquí también somos bocones y soplones, quién sabe, tal vez se filtren algunas llamadas calientes también, ¿verdad?”
Esa tarde, por la televisión se veía a los lejos el tradicional discurso de “La Farsa”, en el que también ofendía, culpaba y mentía a su obediente rebaño de fanáticos que aplaudían al frente. Entonces él se dio cuenta que sí, era cierto lo que decía, que él, el “Fortachón”, se parecía mucho a “La Farsa”. Y pensó que si aquel se salía con la suya con su vociferaciones manipuladoras, pues también él podía hacerlo. Y sintió un alivio momentáneo, porque solo dos minutos después recibió una llamada:
-¿Con que llamadas calientes y siente temblorcitos en la escala de Richter? -escuchó la voz de su esposa-. Pues ahora busque donde dormir pendejo de mierda, ¡porque aquí tiene una bronca de la escala del infierno!
Caminó hasta su oficina y sonrió cínicamente. De por sí, qué tan peor se podía poner la cosa. Y fue entonces cuando sintió unos cuantos huevos podridos que se estrellaban en su gran cuerpo. Ya con ese olor, ironizó simbólicamente, quizás que no podría conquistar el país, como había soñado.
Un asistente entonces se acercó timorato para informarle que transcripciones de nuevas llamadas intervenidas se estaban dando a conocer en este momento. Y entonces la sospecha se le confirmó ya sin ninguna duda…
*ACLARACIÓN FUNDAMENTAL: Cualquier parecido con la realidad puede ser casualidad o no, pero este relato es una obra de ficción, de manera que no asume los hechos de la trama como reales o verdaderos, son solamente recreaciones ficticias de posibles realidades. En cualquier caso y ante cualquier duda, este texto deberá considerarse un relato de ficción literaria y no una crónica o información periodística de ningún tipo. ¿La ficción supera la realidad? es solamente una expresión literaria.
Si le gustó, no dude compartir en sus redes usando el ícono:

