¿Está usted empachado del espectáculo de Rodrigo Chaves? Muchos costarricenses están molestos, muchos incluso hasta el hartazgo, de que el presidente Rodrigo Chaves cada semana, sin escatimar nada y sin prudencia alguna, convierta cada acto político en un espectáculo o un circo, si lo prefiere, donde aprovecha para insultar con desparpajo y hasta con vulgaridad a sus oponentes.
Esa percepción de hastío, de hartazgo y de empacho parece que no molesta tanto a sus fanáticos seguidores, pero hay una porción de la ciudadanía que, sin seguir un partido político o una ideología en concreto, de repente reacciona con frases como “me tiene asqueada la política”, “me tiene harto ese pleito de cantina entre Chaves y los diputados”, “no me interesa, la política siempre es muy sucia”, o similares.
No obstante, sabemos que si bien la política no es un “lecho de rosas”, tampoco nunca ha sido tan soez, vulgar y ofensiva como la vemos desde que Rodrigo Chaves ascendió a la presidencia de Costa Rica. ¿Escuchó usted alguna vez a un presidente difamar a un diputado burlándose por cuestiones personas como su orientación sexual, sus hábitos de consumo, su apariencia o incluso amenazando e incitando a sus seguidores violentos para hacer persecución hacia esas personas y sus familias?
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El decir de sus seguidores es que el presidente dice la verdad, aunque les chime o que el presidente habla con valentía porque se pelea con todos los demás. Primero, un presidente no está para andar “diciendo verdades” a manera de insultos, sino para ser líder y buscar entendimientos. Segundo, las personas tienen diferentes verdades, pero deben demostrarlas, un discurso de odio no es una verdad solamente porque insulta a otros que nos caen mal. Tercero, ningún presidente antes había enfrentado tantas veces el que sus afirmaciones hayan terminado como mentiras demostradas.
El asunto es que el insulto y la agresión no es una verdad, solamente es una manifestación de odio que, al paso del tiempo, termina por empachar y provocar rechazo de las personas que prefieren la paz, el entendimiento, la negociación y la decencia.
Ahora bien, ¿recuerda usted en el pasado a diputados ofendiendo a un presidente con sarcasmo y ofensas de bajo nivel? Pues sí, en este caso era más común, porque mientras el presidente era uno y respetuoso de su investidura, los diputados son 57, de diversos pensamientos y formas de ser, entonces era normal que algunos diputados fueran incluso vulgares y ofensivos. Porque “los diputados” no son una entidad homogénea y unívoca, todo lo contrario: son diversos, heterogéneos, diferentes entre sí. Pero de un presidente eso nunca se vio antes.
¿Cuánta tolerancia tiene el costarricense para seguir soportando este circo de agresiones y violencia política que, seamos francos, propicia un presidente desbocado y sin inteligencia emocional? ¿Cuándo será que el país recupere el ejercicio de la política desde la decencia, donde las personas decentes puedan conversar sobre política como antes, cuando nadie se enojaba y cualquier diferencia política terminaba quizás con un chiste o quizás con un “vamos a ver qué pasa”, pero sin irrespetos ni insultos?
No ha pasado una conferencia de los miércoles donde no haya insultado a magistrados, al fiscal, a la contralora de la República, diputadas o cualquier otro funcionario. Tampoco ha pasado una conferencia donde no haya emitido ataques a las instituciones del país y a los demás poderes de la República. Reniega habitualmente de las leyes y los controles, así como de cualquier criterio diferente a lo que él considera la única verdad.
Recientemente aprovechó el viaje de propaganda política regional de Nayib Bukele y después la situación de los damnificados en la zona sur y ahora va para Guanacaste, donde sin duda otra vez armará un espectáculo proselitista para mantenerse en ese espacio de violencia política que, según parece, le da réditos entre algunos costarricenses con poca o mala educación.
Falta poco más de un año de este episodio lamentable en la historia de Costa Rica. ¿O será que tendremos que seguirlo viendo 4 años más o quizás más adelante? Según parece, los costarricenses con algún sentido de la racionalidad, de la decencia y de los valores fundamentales deberán salir a decir que no se puede más de ese empachoso comportamiento.

