Foto: Semanario Universidad.
Rebeca Ramírez Hernández* | Este mes, en la actividad de lectura adicional del Club de Lectura CCSS, elegimos como tema el misterio y el terror. Mi elección fue En clave de luna, del escritor costarricense Óscar Núñez Olivas, una novela que recupera, desde la ficción, uno de los episodios más perturbadores de nuestra historia reciente: los crímenes atribuidos al llamado Psicópata.
Entre 1986 y 1996, Costa Rica vivió una sucesión de asesinatos que sembraron el miedo y pusieron a prueba la capacidad de investigación de las autoridades. Al homicida se le atribuyeron 19 víctimas, entre ellas las siete mujeres asesinadas en la Cruz de Alajuelita en abril de 1986. Aunque las investigaciones permitieron establecer conexiones entre diversos crímenes, el caso nunca llegó a esclarecerse judicialmente de manera definitiva.
Aquellos acontecimientos dejaron una huella profunda en la memoria colectiva y también encontraron su camino hacia la literatura. Obras como Cruz de olvido, de Carlos Cortés, y En clave de luna, de Núñez Olivas, han retomado ese pasado para explorar, desde distintas perspectivas, una sociedad enfrentada al miedo, la violencia y la incertidumbre. Más recientemente Otto Vargas Masís lo aborda desde la crónica en El Psicópata: los expedientes desclasificados.
La novela de Núñez pertenece al género negro y desarrolla, de manera paralela, las investigaciones policiales y periodísticas alrededor de los crímenes. Sin embargo, lo que más me interesó de su lectura no fue únicamente el misterio sobre la identidad del asesino, sino el acercamiento al funcionamiento de las redacciones de los medios de comunicación y a las complejas relaciones entre el periodismo, el poder económico y la política.
En sus páginas encontramos periodistas que buscan información, contrastan versiones y compiten por conseguir noticias, pero también intereses empresariales y políticos capaces de condicionar su trabajo. La búsqueda de la verdad no ocurre en un espacio neutral: está atravesada por presiones, jerarquías y decisiones que pueden determinar qué se investiga, qué se publica y qué permanece oculto.
Algo semejante sucede con la investigación policial. La novela invita a considerar hasta qué punto las influencias políticas, los intereses económicos y las relaciones de poder pueden interferir en la actuación de las instituciones encargadas de procurar justicia. Aunque estamos ante una obra de ficción, las preguntas que plantea conservan una inquietante actualidad.
Como novela negra, En clave de luna también recurre a convenciones reconocibles del género: ambientes de tensión, personajes moralmente ambiguos, intrigas y una sociedad cuyas contradicciones se revelan a través del crimen. No obstante, uno de los aspectos que menos disfruté fue la representación estereotipada de algunos personajes femeninos. La presencia de estos modelos, frecuentes en cierta tradición de la novela negra, merece una lectura crítica, especialmente cuando reconocemos que las mujeres pueden quedar reducidas a funciones narrativas subordinadas a los protagonistas masculinos.
Esta observación no disminuye el interés de la obra. Por el contrario, recuerda que leer críticamente supone reconocer tanto los aciertos de un texto como sus limitaciones, y que el disfrute literario no exige renunciar al cuestionamiento.
Quizás uno de los mayores valores de la novela negra sea precisamente su capacidad para trascender la resolución de un crimen y convertirse en una exploración de las estructuras sociales. El delito deja de ser solamente un enigma individual para revelar las tensiones de una época, las fragilidades institucionales y los mecanismos mediante los cuales se ejerce el poder.
La lectura de En clave de luna nos permitió volver sobre una parte dolorosa de nuestra historia, pero también pensar en el papel del periodismo, la independencia de las instituciones y la responsabilidad de quienes tienen el poder de investigar e informar. Esa es una de las grandes virtudes de la literatura: ofrecernos nuevas maneras de mirar nuestra realidad y mantener abiertas preguntas que, décadas después, siguen siendo necesarias.
*Filóloga.

