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Alguien con recursos y poder llegó a una comunidad pobre y en una casa con puertas y ventanas dañadas, así como un techo en mal estado, encontró un pobre hombre quien atribulado dijo estar sin trabajo y sin alimentos para comer por la crisis de la pandemia. Ante la pregunta de cuál era su profesión o trabajo, respondió que sabía algo de electricidad y reparaba aparatos electrónicos. El hombre le dijo que le llevaba un paquete de alimentos y un bono con dinero para que pudiera salir adelante, y se lo entregó ante la contentera del “padre de familia”.
Cuando el visitante se iba recordó que en otra casa había un carpintero también desempleado que tenía el televisor y la estufa dañadas. Entonces regresó a la casa donde acababa de pasar y le pidió al desempleado que a cambio de su ayuda tenía que ir a reparar los aparatos de la otra persona y pronto sus puertas, ventanas y techo también sería reparadas. Pasó el tiempo y ninguno de los dos hizo su parte, pero sí consumieron los recursos que les llevaron, porque acostumbrados a la pobreza y el malestar de su entorno, prefieren estar así antes que servir a otros.
Así viven miles de familias en Costa Rica, esperando a que el Estado llegue a darles un bono mensual de dinero, ayudas en alimentos que incluso reciben de las municipalidades, instituciones religiosas y ONGs en algunos casos. Pero no quieren dar nada a cambio, porque fueron acostumbrados a esa realidad en la que solamente reciben en el marco de la vagancia.
Muchos pensarán que soy neoliberal y rico, pero no es así. Al contrario, este comentario nace por la necesidad de salvar el Estado social de Costa Rica. La solidaridad es la posibilidad que tienen los que pueden de ayudar a quienes no pueden, pero en muchos casos pasa que sí pueden, pero no quieren. Y de eso se valen los detractores de la solidaridad para desmanteler ese Estado Social que tanto ha costado construir.
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En los países con Ejército, el dinero de ayudas sociales se va para mantener soldados que defiendan regímenes dictatoriales, autoritarios y de otras especies afines. En Costa Rica lo utilizamos en una educación que no rinde los frutos que se esperan para semejante inversión y en ayudas sociales para mantener una base de pobreza que nunca dejará de serlo si sigue siendo preservada por el mismo Estado.
En el marco de la pandemia estamos haciendo lo mismo: el Estado le está dando el Bono Proteger a cientos de miles de personas, pero no les pide nada a cambio, cuando se trata de personas desempleadas que podría perfectamente ofrecer múltiples servicios a la comunidad, al Estado y al país. Sin duda muchos vividores y vivillos que hicieron solicitud por ese dinero, sin necesidad, no lo hubieran hecho.
Si el Estado no le exige a los pobres estudio y trabajo, es decir: esfuerzo, seguirán siendo pobres, y la pobreza seguirá siendo del 20% en el país, porque aunque el Estado y las ONGs los mantengan ellos nunca aprenderán a pescar. No solamente se trata de saber a quiénes dar las ayudas fuera del clientelismo, lo que está muy bien, sino de que las ayudas también sirvan para lograr que muchas personas cambien de actitud ante la vida y el trabajo.
Algo seguimos haciendo mal si solamente seguimos dando sin pedir a cambio, si seguimos generando esa imagen de que el Gobierno siempre debe resolver todo y ponerlo fácil para ganarse los votos que lo pusieron ahí. Y los gobiernos siempre quedando mal y la política desacreditándose y la violencia social siempre a las puertas.
El Bono Proteger es genial, como lo son las ayudas del IMAS, pero debemos pedirle a la gente que devuelva en trabajos y en superación real el apoyo que recibe, como debemos hacer que los privados de libertad se ganen lo que comen y como debemos lograr que los padres de familia que no pueden pagar pensiones alimenticias se las ganen en lugar de encarcelarlos (el más grande absurdo en legislación que tiene Costa Rica).
Entiendo que ha de ser difícil lograr eso con un Estado donde incluso algunos funcionarios públicos tampoco quieren ganarse su salario, pero tiene que haber o se tiene que construir una propuesta de gestión de proyectos comunales, sociales, ecológicos, culturales y de emprendimientos que permita hacer algo así, sin tener que crear nuevos puestos y que más bien termine saliendo más caro “el caldo que los huevos”.
Algo hacemos mal si continuamos así. Los desempleados del país en este momento deberían estar colaborando con algo, algo de acuerdo con su conocimiento y “expertise“. Costa Rica necesita necesita sembrar hoy para cosechar en la inminente crisis que se nos viene. Y se trata de sembrar actitudes, sembrar alimentos, sembrar solidaridad real, sembrar valores comunales y sembrar trabajos.

