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La prostitución del periodismo al poder político – Voz Propia

La dignidad es más que una pauta publicitaria, ¿o no?
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La prostitución del periodismo, una frase quizás trillada y nada novedosa. Desde sus albores, la comunicación colectiva ha estado en el temple de la sociedad por el impacto que genera y por su desempeño ético. ¿A quién sirve el periodismo y, en general, la comunicación de masas?, es la pregunta de fondo.

Durante muchos años y en diferentes países el periodismo ha servido al capital, a la economía, a su propia subsistencia y a ideologías, que pueden estar o no comprometidas con el pueblo.

La frase de “prensa canalla” acuñada por un político a quien la prensa no le quiso seguir tolerando sus desmanes, aunque se hizo famoso gracias a ella (Juan Diego Castro en Teletica), fue manipulada por el chavismo y usada a su antojo para, simplemente, desvirtuar a toda la prensa que publica noticias o hace planteamientos críticos al chavismo costarricense.

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Por lógica básica, no es prensa canalla -según el culto político- la que lleva analistas que silvan al gobierno o la agrupación citada. El caso del presentador Douglas Sánchez, del canal OPA, es incluso más elocuente, porque se trata de un comunicador que usó su medio para fabricar una noticia y hacer daño a un jerarca técnico, el director del Organismo de Investigación Judicial, ni siquiera fue a un político.

Sánchez ha roto con todas las reglas de la decencia en la comunicación, siendo más canalla que cualquier otra prensa, al montar una trampa a don Randall Zúñiga -aprovechándose de una debilidad etaria o emocional- para generar un “contenido noticioso” que les diera una primicia, pero peor aún: que favoreciera al gobierno en su conducta adversa del trabajo que realiza el OIJ contra la delincuencia organizada. No es asunto menor: Douglas Sánchez está actuando en beneficio del crimen al desestabilizar una institución fundamental contra la inseguridad ciudadana.

El fanatismo y la secta política intentarán disculpar al periodista aduciendo que otros medios lo han hecho, pero no es así. Yo no recuerdo un caso de un periodista en Costa Rica que pretenda producir la noticia incitando o instigando a terceros para provocar un presunto delito; porque hasta hoy las denuncias por violación no parecen tener pruebas y dejan ver muchas contradicciones graves, como el hecho de que las denunciantes se prestaran -como presuntamente sucedió según el expediente de la investigación- para la trampa o “hacer una cama” al director del OIJ. Eso, por demás, es un delito también.

El asunto es que un medio de comunicación es un canal para transmitir la noticia, los hechos, el mensaje, pero no es y no debe ser el actor principal de la noticia. Eso transgrede no solamente principios éticos básicos, sino además la lógica misma del proceso de la comunicación. Es, en pocas palabras, una barbaridad periodística. Y no hay que ser periodista -o ser graduado de una carrera de periodismo- para entender algo tan simple, los politólogos que además somos comunicadores también, podemos visualizarlo más ampliamente, porque entra a jugar el poder político en la ecuación.

Sánchez actuó como “un periodista vendido”, como se dice popularmente, es decir, un periodista que se pliega -mediante cualquier transacción que le genere beneficios espurios- al poder político y económico. Eso sí es prensa canalla, pero además prensa lacaya del poder de turno.

¿Que otros medios han actuado similar? Por supuesto, La Nación pasó décadas tratando de destruir al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) para favorecer inversionistas del negocio de la producción eléctrica y de telecomunicación. CRHoy se dedicó 8 años a destruir diariamente a los gobiernos del Partido Acción Ciudadana (Luis Guillermo Solís y Carlos Alvarado), tanto así que dejó huella en la impronta popular, con etiquetas de casos de presunta corrupción que no terminaron en nada, porque poco de la gravedad sobredimensionada tenían, como los casos del hueco fiscal o la Upad, donde no hubo pérdida alguna para el erario público.

La misma prensa canalla que ayer jodió al PAC hoy intenta, incluso con menos ímpetu y éxito, joder al chavismo. Con una diferencia notable: ahora surgió nueva prensa canalla, una que además no ha tenido la menor pena de ser también prensa lacaya del poder, como Trivisión y Opa (sin incluir otros medios digitales claramente serviles del chavismo, muchos de ellos que son solamente páginas de Facebook para aprovechar la dinámica de troles y odios). Lo de Douglas Sánchez es la punta visible del témpano de hielo.

La prensa siempre será cuestionada, dependiendo de la posición en la que esté el espectador, pero hay líneas que, hasta hoy, no se cruzaban. Con el chavismo tico parece que ya nada de eso importa y la posibilidad de obtener pauta estatal de manera corrupta (enfocada en los medios lacayos que no cuestionan ni critican al poder de turno o lo alaban convenientemente) es hoy muy tentadora, sobre todo en el contexto de un periodismo y una prensa que atraviesa una situación crítica ante el crecimiento exponencial de las redes sociales y la gran cantidad de mentiras que estas difunden diariamente. Eso, además de la crisis económica suscitada por el desvío de la publicidad hacia las redes y plataformas de adsense (publicidad digital).

Medios financiados por capitales oscuros a través de redes sociales, otros financiados por grandes capitales y los que se prostituyen para sobrevivir. De eso se trata, al periodismo hoy no parece inquietarle la ética (porque “no da de comer”), lo que importa es la sobrevivencia ante una situación difícil que, como corolario, también enfrenta la amenaza de las inteligencias artificiales.

Sin embargo, siempre se prostituyen aquellos cuya moral y ética es más endeble, a pesar de las dificultades. Es decir, la prostitución del periodismo no puede excusarse en esa dinámica actual, sino en la carencia de valores y fortaleza para enfrentar esas dificultades con la altura necesaria.

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