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La sombra en el corazón del Estado: un mensaje más allá del show – Voz Propia

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Por Erlin Rojas. Opinión. | El día de hoy debe quedar marcado en la historia política costarricense no por el ruido mediático o la polarización superficial, sino como el día en que la frágil membrana que separa nuestro Estado de Derecho del poder del crimen organizado se rasgó ante los ojos de todos. Lo sucedido trasciende por completo la figura del presidente Rodrigo Chaves. Trasciende el debate sobre si su comparecencia fue exitosa o no. Se convirtió, involuntariamente, en el escenario de un mensaje mucho más siniestro y profundo dirigido a la nación entera.

El hecho crucial, el detalle cargado de un simbolismo devastador, no fue la defensa del presidente, sino la presencia a su lado de José Miguel Villalobos. Es imperativo clarificar: el señalamiento no es hacia el ejercicio legítimo de la defensa técnica, un pilar fundamental de cualquier Estado de Derecho. El problema es de contexto, significado y audiencia.

Ese acto fue, en esencia, un mensaje en clave enviado por el crimen organizado. Un mensaje contundente que dice:

“Somos un poder real. No operamos solo en los márgenes oscuros de la sociedad. Hemos ascendido, nos hemos infiltrado en las tuétanos de un sistema corroído y sucio. Nuestros abogados, nuestros representantes, no solo defienden en los tribunales; ahora acompañan al Presidente de la República en su momento de mayor vulnerabilidad política ante el Primer Poder. Nuestra influencia llega hasta el escritorio presidencial. Somos una sombra que se proyecta sobre el mismo Sol de la Casa Presidencial.”

Esta es la verdadera fragilidad democrática que hoy se ha develado. La crisis no es solo que un Presidente esté siendo investigado; eso, aunque grave, es parte de los mecanismos de control. La crisis existential, el peligro democrático profundo, yace en la normalización de la conexión con el mundo narco.

El mensaje tiene dos audiencias:

Para la Sociedad Costarricense: Es un acto de amedrentamiento. Busca demostrar que el Estado, su máximo representante, está penetrado. Que su poder es ilusorio frente al poder omnímodo y corruptor del dinero ilícito. Socava la fe última de los ciudadanos en sus instituciones y siembra la idea de que el crimen es imbatible porque ya es parte del sistema.

Para las Estructuras Criminales: Es un mensaje de reclutamiento y de prestigio. Les dice a todos los operadores, desde el pistolero hasta el blanqueador de dinero, que están ganando. Que tienen un acceso y una influencia sin precedentes. Les muestra que las puertas más altas están abiertas para quienes tienen el poder de corromper.

Más allá del “grupillo”: una advertencia para todos

Descalificar a quienes apoyan al Presidente como un simple “grupillo sin razonamiento” es subestimar gravemente el problema. La polarización política es el caldo de cultivo perfecto para que estas sombras crezcan. Mientras la discusión se centra en el “show” y en las trincheras políticas de “a favor o en contra”, se opaca el mensaje central, que debería unirnos a todos en el horror.

El verdadero debate que Costa Rica debe dar hoy no es sobre Cháves, sino sobre cómo el crimen organizado logró colocar su bandera en el corazón del Estado y qué estamos dispuestos a hacer para arrancarla. Es una pregunta que interpela a toda la clase política, a los poderes del Estado, a los medios de comunicación y a la ciudadanía.

Hoy no fue solo un día político. Fue el día en que Costa Rica recibió una factura por años de complacencia, de corrupción creciente y de mirada hacia otro lado. La sombra mostró su tamaño. Ignorar su mensaje sería el error más grave de nuestra generación. La democracia costarricense, la de la abolición del ejército y la paz sostenida, hoy lucha por su alma contra un enemigo que ya no está fuera, sino que ha logrado colarse dentro.

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