Hoy la literatura en nuestro país nos presenta a Erick Carvajal, participante del taller de escritura creativa de Culturacr.net y quien nos ofrece una voz refrescante en la manera de señalarnos aquello que desea que notemos, sin necesidad de lanzar su prosa a los extremos de un realismo mágico gastado o a un paisaje repugnante.
Por ejemplo: “En su frente sintió la presión de un bulto suave, el olor a perfume lo trajo de vuelta a la realidad.
Ante sus ojos unas rayas horizontales se curvaban sobre las formas prominentes contra las que había impactado.”
“-¡Vaya que sos lento! –exclamó con un marcado tono de frustración y empinó nuevamente su taza-. ¿Cómo es que no has entendido? A veces me pregunto si realmente somos hermanos.”
Aquí el lector se encuentra consigo mismo (con un fragmento de todos nosotros mismos) en sus facetas más honestas: el católico que va a misa y en gran parte no tiene fe, con el morbo a lo bello que niegan algunos, con el Edipo menos esperado, con la dulzura poco ordinaria de los que ven lo que nadie más, con el recuerdo egoísta de la humanidad en aquellos que están en las calles, con la fantasía sin morbo, entre otros. Escenarios que de la mano de Erick se ven tan nítidos como la taza de café de cada mañana:
“-Siempre te burlás de mí –dijo con sus ojos aguados.
Parecía una tontería, un berrinche de niña. Pero luego noté que lloraba de verdad. Y el tipo seguía riendo.”
Con Carvajal Martínez existe la risa, la reflexión y el cinismo, pero todo en la prosa bien medida de un escritor que nos deja ver el mundo tal como es, sin censurar nuestra intimidad pero sin exhibirla como en un aparador de tienda para comprar impertinencia. Con esta presentación de la esencia de este cuentario me deja desearles un ejemplar en sus estanterías, y que al autor, de propina, nos dejemos preguntarnos:
“¿Soy un hombre roto o un dramático embaucador?”

