- ¿Qué debemos hacer para que la Perla del Pacífico vuelva a brillar?
Por Franco Alvarenga Odio* | Hubo un tiempo en que decir Puntarenas era decir verano, mar, paseo, pesca y encuentro. Durante décadas fue el principal destino de playa de los costarricenses y una de las ciudades portuarias más dinámicas del país. Su cercanía con San José impulsó una verdadera industria hotelera, comercial, pesquera y turística, hasta convertirla en parte esencial de nuestra memoria colectiva.
Puntarenas tuvo la primera marina importante del país y una economía construida alrededor del puerto y del estero. Sin embargo, aquel esplendor fue apagándose lentamente. El abandono institucional, el deterioro urbano, el desempleo, la pobreza, la criminalidad y la crisis de la pesca artesanal terminaron por ensombrecer a la Perla del Pacífico.
Pero Puntarenas no ha perdido su belleza ni su potencial. Lo que ha perdido es atención, planificación y una visión de futuro.
Una ciudad que le ha dado la espalda a su estero
Actualmente, Puntarenas mira hacia el mar, pero le da la espalda a su estero. Hacia él ha dejado su rostro menos atractivo: la parte más abandonada, desordenada y descuidada de la ciudad.
Esa relación debe cambiar.
Puntarenas debe convertirse en una ciudad con dos frentes: uno frente al golfo y otro frente al estero. Dos fachadas urbanas complementarias, activas y orgullosas; dos formas de relacionarse con el agua.
El frente marítimo puede conservar su carácter recreativo, gastronómico y tradicional. El frente del estero, por su parte, debe transformarse en un nuevo eje turístico, náutico, ambiental y productivo.
El estero no puede continuar siendo el patio trasero de Puntarenas. Debe convertirse en una de sus principales puertas de entrada.
Rescatar el estero para recuperar la ciudad
La sedimentación dificulta el ingreso y la salida de embarcaciones, muchas de las cuales dependen de la marea alta para navegar. Esta limitación afecta la pesca, el turismo, la seguridad marítima, la operación portuaria y la atracción de inversiones.
Por eso, Puntarenas necesita un dragado inteligente del estero: planificado mediante estudios batimétricos, geotécnicos, hidrodinámicos y ambientales que garanticen la navegabilidad sin causar nuevos daños ecológicos.
El material extraído no debería desecharse automáticamente en el océano. Si los análisis determinan que es apto, podría utilizarse de manera controlada para recuperar o ampliar terrenos portuarios. Mediante tablaestacas, recintos de contención, deshidratación y estabilización, parte de ese material podría convertirse en suelo útil para espacios públicos, infraestructura turística y desarrollo marítimo.
No se trata de rellenar por rellenar. Se trata de transformar la sedimentación, que hoy representa un obstáculo, en una oportunidad para reconstruir la relación de Puntarenas con su estero.
Un nuevo frente turístico y náutico
Sobre ese territorio recuperado podría desarrollarse una red ordenada de marinas públicas y privadas, marinas en concesión, muelles comunitarios, espacios para pescadores artesanales, instalaciones para ferris, embarcaciones turísticas y pesca deportiva.
A su alrededor podrían establecerse parques, paseos peatonales, restaurantes, mercados gastronómicos, comercios, pequeños hoteles y espacios recreativos. El estero dejaría de ser el borde olvidado de la ciudad para convertirse en un corredor lleno de actividad, empleo y vida.
Este nuevo desarrollo no debe desplazar a los porteños ni entregar la ciudad exclusivamente a grandes intereses económicos. Los pescadores, comerciantes, transportistas, artesanos, habitantes de las islas y empresarios locales deben participar directamente en el proyecto y recibir sus beneficios.
La riqueza generada en Puntarenas debe permanecer, en buena medida, en Puntarenas.
Sin manglar no hay futuro
El rescate del estero debe ir acompañado de la protección y restauración del manglar. Las imágenes aéreas muestran reducción de cobertura vegetal, humedales degradados y posibles ocupaciones o actividades dentro de áreas ambientalmente sensibles.
El manglar no es un terreno baldío ni un obstáculo para el desarrollo. Es una barrera natural contra las inundaciones, un filtro ambiental y una zona esencial para la reproducción de peces, crustáceos y moluscos. Destruirlo significa debilitar la pesca artesanal y comprometer la vida futura del estero.
Se requiere delimitar las áreas protegidas, investigar rellenos y ocupaciones ilegales, restaurar la circulación natural del agua, reforestar las zonas afectadas y establecer vigilancia permanente.
El verdadero desarrollo no consiste en escoger entre economía y naturaleza. Consiste en comprender que, en una ciudad costera, ninguna economía puede sostenerse si primero se destruye el ecosistema que le da vida.
La crisis pesquera y la pregunta pendiente
La pesca artesanal también necesita respuestas. La contaminación, la degradación de los sitios de reproducción y la disminución del recurso han golpeado duramente a quienes dependen del mar.
A esto se suma la posible persistencia de prácticas ilegales de arrastre y rastra. Las autoridades aseguran que no existen, pero en los mercados continúa apareciendo producto conocido como “chatarra”.
La pregunta sigue pendiente:
“Si no se pesca con rastra, ¿de dónde proviene ese producto?”
No basta con negar el problema. Se necesitan controles de desembarque, trazabilidad de las capturas, inspecciones y sanciones efectivas.
Hacer que la Perla vuelva a brillar
Puntarenas no está condenada por su geografía ni por falta de recursos. Ha sido condenada por décadas de abandono, improvisación y ausencia de una visión nacional.
Su recuperación exige un plan maestro que integre el dragado del estero, la restauración del manglar, la modernización portuaria, el desarrollo de marinas, la regeneración urbana, el fortalecimiento de la pesca artesanal y la participación directa de las comunidades.
La Perla del Pacífico volverá a brillar cuando deje de darle la espalda a su estero; cuando comprenda que posee dos frentes y que ambos pueden llenarse de vida; cuando el mar y el estero dejen de ser límites y vuelvan a convertirse en caminos.
El estero no debe seguir siendo el patio trasero de Puntarenas. Puede ser su nueva fachada, su nueva puerta y el motor de su renacimiento económico, turístico y ambiental.
Puntarenas todavía puede recuperar el lugar que merece. Para lograrlo, Costa Rica debe dejar de administrarle el abandono y comenzar, finalmente, a construir su futuro.
*Arquitecto.

