- La guerra proxy OTAN vrs. Rusia
Por Habib Succar G. A la caída del Muro de Berlín (Alemania, noviembre 1990), le sucedió un año después “la caída” o disolución del gigantesco país conocido como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.. diciembre 1991), dirigido en ese entonces por el presidente Mijaíl Gorbachov… En el ínterin de estos dos sucesos históricos, recién caído el Muro y ante la perspectiva de la reunificación alemana, para lo cual solicitaron el visto bueno de la U.R.S.S., los rusos alegan que Gorbachov pidió a los líderes de la OTAN (Alemania, Francia, Inglaterra y EUA, básicamente) que le dieran garantías de que si se daba la reunificación alemana, la OTAN no se extendería “ni un centímetro hacia el este” (hacia Rusia)… Supuestamente los líderes de la OTAN accedieron a la condición que puso la URSS y por ello se inició el proceso de reunificación alemana (unión de la República Federal de Alemania -RFA- con capital en Bonn, y la República Democrática Alemana -RDA-, con capital en Berlín).
La disolución de la URSS fue un proceso, no un suceso de diciembre de 1991… En marzo de 1990, Lituania fue la primera república en declarar su independencia. Entre 1990 y 1991, el resto de repúblicas seguirían su ejemplo. Finalmente, en diciembre de 1991, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron la disolución de la URSS (30 ago 2021). No es este el lugar o momento para comentar las diversas razones que se conjuntaron para la disolución de la URSS y la renuncia de Mijaíl Gorbachov a la presidencia.
El crecimiento de la OTAN, a contra pelo de la supuesta promesa a Gorbachov, era un tema que significaba un auténtico aspecto de seguridad nacional para la URSS, que se venía discutiendo desde 1990[1] y estaba claro que era una condición de seguridad nacional de la URSS y de la misma Federación Rusa que surgiría después (Comunidad de Estados Independientes, CEI). En 1999 la OTAN aceptó la adhesión de 3 países, en 2002 aceptó la adhesión de 7 países más, 2 más en 2009, y dos más entre 2017 y 2019, para coronar en 2023 con el ingreso de Finlandia, y Suecia en 2024. Inicialmente en 1949 la OTAN tenía 12 miembros y en 2024 ha llegado a incorporar 28 miembros. ¡Vaya forma de garantizar a Rusia su seguridad geopolítica, regional!
“Durante el contexto de reunificación alemana, para asegurar esta aprobación soviética de una Alemania unida restante en la OTAN, previamente, el 9 de febrero de 1990, se había acordado por parte del entonces secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, y el Presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov que la OTAN no se ampliaría a más países del Bloque del Este. Esta versión siempre fue mantenida por Gorbachov y fue confirmada por la desclasificación de documentos tanto estadounidenses como soviéticos. Se acordó además que las tropas extranjeras y las armas nucleares no serían estacionadas en la antigua Alemania del Este, y se planteó el tema de una prohibición de una expansión de la OTAN hacia el este.
¿Qué pensaba V. Putin en 2000 cuando asumió la presidencia de Rusia? “…Tenía 47 años. En un principio mantuvo los acuerdos de colaboración firmados con la Unión Europea y en 2000 incluso mencionó al presidente de EE. UU. Bill Clinton la posibilidad de que Rusia entrara en la OTAN.” Pero Clinton no estuvo de acuerdo y por tanto la OTAN nunca consideró esa opción, manteniendo el espíritu de la Guerra Fría, que justificó la creación de la OTAN para defenderse de la URSS… Parecía un sinsentido que, habiéndose extinguido la URSS y creándose una federación de países capitalistas liderada por Rusia, la OTAN siguiera existiendo si ya no existía la amenaza soviética/comunista.
Así las cosas, al incumplirse la promesa realizada a Gorbachov (la URSS) en 1990, en una visita de estado del presidente V. Putin a Alemania en 2004, en su comparecencia al Bundestag (Parlamento alemán), pronunció un discurso diplomático pero enérgico, reclamando a los alemanes el sistemático incumplimiento de la promesa de que la OTAN no crecería hacia el este “ni un centímetro” y más bien, ya había incorporado a ese año 12 países.
Hombre de paz
Pero ya antes, el 25 de septiembre de 2001, Putin se dirigió al Parlamento germano y manifestó: «Rusia es una nación europea amiga –declaró–. La paz estable en el continente es un objetivo primordial para nosotros».
Los diputados alemanes lo aplaudieron con fervor. Aunque es verdad que Alemania necesitaba su gas y su petróleo (el entonces canciller Schroeder acabaría siendo consejero de Gazprom –el gigante energético ruso– y sigue siendo uno de sus principales valedores), un político presente entonces, Norbert Röttgen –presidente de la Comisión de Exteriores–, reconoce hoy a The New York Times: «Putin nos cautivó». Y, como todos los demás, se levantó para aplaudirlo. Putin se dirigió al Parlamento alemán en lo que llamó “el idioma de Goethe, Schiller y Kant”, aprendido durante su estancia en Dresde, Alemania, como oficial del KGB. “Rusia es una nación europea amiga”, declaró.
Putin había estudiado Derecho en San Petersburgo y decía ante propios y extraños que él era respetuoso de la ley.
Putin conservó “un acuerdo de asociación de Rusia con la Unión Europea firmado en 1994. En 2002 se creó un Consejo OTAN-Rusia.” Reafirmaba así su idea de que Rusia era una nación europea y que debía mantener relaciones de asociación y cooperación con la Comunidad Europea (C.E.), a pesar del rechazo de Clinton al ingreso de Rusia a la OTAN (1992). El ascenso de Putin era innegable. “Timothy Snyder, un destacado historiador del fascismo, lo expresó en estos términos: “Habiendo jugado con un Estado de derecho autoritario, sencillamente se convirtió en el oligarca en jefe y convirtió al Estado (ruso) en el mecanismo ejecutor de su clan oligárquico”.
La traición de Occidente (EUA+CE) a Putin, con el sensible tema del crecimiento desproporcionado de la OTAN, no sería la primera. Los EUA, fieles a su libreto internacional de fomentar golpes de estado en todo el mundo, para favorecer sus intereses geopolíticos y económicos, después de “las primaveras árabes” fomentaron la “revolución de las rosas” (2003), en una Georgia que simpatizaba con la idea de integrarse a la Unión Europea y la OTAN, y luego la “revolución naranja” en Ucrania (2004), que manifestaba un rechazo a Moscú y una predisposición hacia Occidente, algo que, en ambos casos, resultaba intolerable para Putin, y una clara política de agresión al sistema creado por Putin. “La pesadilla de Putin no es la OTAN, sino la democracia”, dijo Joschka Fischer, exministro alemán de Relaciones Exteriores que se reunió varias veces con Putin.[2]
Cuando François Hollande, el expresidente francés, se reunió con Putin varios años después, se sorprendió al ver que se refería a los estadounidenses como “yanquis”, y en términos mordaces. Estos yanquis “nos han humillado, nos han puesto en segundo lugar”, le dijo Putin. La OTAN era una organización “agresiva por naturaleza”, utilizada por Estados Unidos para presionar a Rusia, incluso para agitar movimientos democráticos.
Cuanto más seguro estaba de su poder, más parecía que Putin volvía a la hostilidad hacia Estados Unidos en la que se había formado. Los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado en 1999, durante la guerra de Kosovo, y la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003, ya le habían infundido una sana desconfianza hacia las invocaciones estadounidenses de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Convencido del excepcionalismo de Rusia, de su destino inevitable de ser una gran potencia, no podía soportar el excepcionalismo estadounidense, la percepción de que Estados Unidos lanzaba su poder en nombre de un destino único, de una misión inherente para difundir la libertad en un mundo en el que Estados Unidos era la única potencia hegemónica. (Disculpen mis lectores esta extensa cita del artículo de Roger Cohen en el NYT, pero resume acertadamente lo que quizás Putin vio en los EUA).
Tengo para mí que el enorme poder que ha acumulado Putin y sus sucesivas reelecciones (incluyendo la “presidencia por inter pósita mano de Medvedev”), mantiene altos porcentajes de aprobación y apoyo por parte del pueblo ruso en general, porque luego de las humillaciones que sufrió Rusia, la expotencia soviética, a manos de los EUA, con la pobreza y el desastre económico de los años 90s, con un presidente alcohólico que hacía el ridículo en la Casa Blanca (Boris Yeltsin), para solaz de la clase política norteamericana, esa decadencia de Rusia quedó atrás con un presidente que les ha devuelto su dignidad y la sensación nuevamente de ser una potencia que se respeta en el mundo. Es claro que a nivel económico Rusia dista mucho de ser una potencia, aunque se ubica en un nada despreciable 8vo. lugar, pero, siendo a su vez el país más grande o extenso del mundo, con incuantificables recursos naturales, lo que sí es indudable es que a nivel militar es quizás la primera potencia mundial y la guerra en Ucrania ha potenciado esa condición.
Es muy extenso relatar aquí todo el proceso ucraniano desde 2004 con la “revolución naranja” hasta llegar al 2014 con el Euromaidán, nombre dado a una serie de manifestaciones y disturbios heterogéneos de índole europeísta, independentista y nacionalista de Ucrania, que ahora se han identificado claramente con acciones típicas de la CIA para desestabilizar gobiernos. Nuevamente les remito al extraordinario documental del cineasta Oliver Stone -nada sospechoso de ser pro Putin- (Ucrania en llamas), donde se aprecia cronológicamente todo el proceso que llevó al Euromaidán y el papel de los EUA (la CIA) y la nefasta Victoria Nuland, Embajadora de EUA ante la Unión Europea y su siniestro papel en la caída del régimen de Víctor Yanukóvich, que alegó luego un golpe de estado. Toda esta compleja trama y sucesión de acontecimientos decisivos está documentada de forma muy profesional en el documental de Oliver Stone. Hoy, la renuncia de Nuland ha sorprendido al mundo geopolítico, pues era la Número Dos de Anthony Blinken y curiosamente los opinadores “occidentales” callan sobre este movimiento estratégico en la política norteamericana (recordemos que Nuland está casada con un prominente neoconservador, Robert Kagan).
Así, con el Euromaidán de inicios de 2014, que a su vez generó la separación de Crimea y también la declaración de independencia de las auto proclamadas República Independiente de Donestk y la República Independiente de Lugansk, Rusia se apresuró a reconocer las declaraciones de independencia y envió de inmediato contingentes militares para “defender a la población rusa del Donbás”.
Estas nuevas repúblicas, ubicadas en la Región del Donbás, al este de Ucrania, fronterizas con Rusia, además de ser rusoparlantes y habitadas por muchos pobladores de origen ruso y sus descendencias, enviados a trabajar en la minería del Donbás durante la era soviética, tenían motivos suficientes, siguiendo el ejemplo de Crimera, para separarse de Ucrania y anexarse a Rusia, quien no solo proveyó de miles de pasaportes rusos a mucha gente, sino que además les brindó pensiones por jubilación a muchos de los derechohabientes que, bajo el gobierno ucraniano, no recibían esos beneficios.
No obstante, Rusia no se involucró ampliamente en el conflicto militar que generó en Ucrania las respectivas declaraciones de independencia de Donestk y Lugansk y solo podemos especular las razones. Ello permitió que, desde 2014 a 2022, el poderoso Ejército ucraniano (armado, financiado y entrenado por la OTAN), estuvo masacrando a la población civil del Donbás, alcanzando una escandalosa cifra de más de 14.000 civiles muertos durante ese lapso, atacando sobre todo objetivos civiles.
Una de las posibles razones para que Rusia no interviniera de inmediato con toda la fuerza militar que desplegó a partir de 2022 en defensa del Donbás, era la condición de su economía y su dudosa capacidad de resistir una guerra de gran calado durante varios años. Otra, que no se menciona en la prensa, es la filiación ideológica socialista de los nuevos gobiernos de Donestk y Lugansk, algo que se nota en los uniformes y las banderas de los combatientes con la hoz y el martillo. Y una razón muy importante es la confianza que tenía Rusia de que los Acuerdos de Minsk (Protocolo de Minsk) ayudarían a resolver diplomáticamente el conflicto entre Ucrania y el Donbás, algo que al final no se cumplió y que significó nuevamente, una traición de Europa a Rusia, según reconoció Ángela Merkel: “El 7 de diciembre de 2022, la excanciller alemana Angela Merkel reconoció, en una entrevista al diario alemán Die Zeit, que los acuerdos de Minsk se firmaron con el único objetivo de dar tiempo a Ucrania para rearmarse y fortalecerse. Y «ese país usó ese tiempo para volverse más fuerte, como se puede ver hoy» además Merkel añadió que en ese momento Rusia tenía la capacidad de «aplastar fácilmente» a Ucrania. «Dudo mucho que en ese tiempo los países de la OTAN podrían haber hecho tanto como hoy para ayudar a Ucrania»
En el próximo artículo (3) vamos a comentar la estrategia sugerida por la Rand Corporation y cómo Putin mordió el anzuelo y respondió las provocaciones de la OTAN. Y dejo claro y reitero que Ucrania ha sido instrumentada por la OTAN como punta de lanza para provocar a Rusia. Estamos frente a una guerra proxy donde los titiriteros (los que manejan los hilos: EUA + Inglaterra + Europa, están sacrificando a Ucrania con tal de debilitar a Rusia y dar el siguiente paso en sus planes agresivos: China.
[1] Documentos desclasificados de soviéticos y estadounidenses reflejan la existencia el 9 de febrero de 1990 de negociaciones para la no ampliación de la OTAN al Este más allá de una Alemania unificada (1990) – https://es.wikipedia.org/wiki/Ampliación_de_la_OTAN
[2] https://www.nytimes.com/es/2022/03/31/espanol/putin-rusia-poder.html
