El de ayer fue un plantón para la historia, por muchas razones y podríamos empezar por el hecho indiscutible que se trató de una masiva manifestación en la Plaza de la Democracia, calles anexas y con apoyo en más de una decena de comunidades alrededor del país.
Sin embargo, insistiré que lo más valioso que vimos ayer fue un pueblo de múltiples orígenes manifestándose por sí mismo, no por pertenencia a sindicatos, partidos políticos y otras organizaciones políticas o sociales. La convocatoria nació de un acto esporádico, un cartel, sin nombre, ni ninguna entidad que lo respaldara, y de pronto empezó a circular con fuerza en redes. La sociedad civil adquiriendo forma concreta sobre el cemento de la Plaza de la Democracia.
Y aunque eso fue fundamental, para mí lo más valioso de fondo fue la calidad de gente, la calidad de manifestación y la calidad de mensaje que fue enviado ayer. Ayer la gente, convocada por sí misma, convencida de que ya es tiempo de enviar el mensaje, salió a manifestarse de manera totalmente pacífica y con mensajes democráticos muy claros y convincentes.
Ayer repasaba cientos de imágenes y videos que me llegaron, así como en redes sociales, y me sentí avasallado por el poder y la confirmación del éxito rotundo del mensaje, del golpe en la mesa que el pueblo más auténtico e independiente dio. Entonces me di cuenta que era necesario escribir sobre el trasfondo de este hecho histórico.
Ayer todas las fuerzas verdaderamente democráticas del país tuvieron sinergia, se entendieron entre sí, como pocas veces se ha visto en este país. A la mente me vienen manifestaciones como el movimiento de aquel 7 de noviembre de 1889 o la marcha de los brazos caídos y las ollas sonando por San José en 1947, pero también la lucha contra TLC en el 2007. Esos son ejemplos de manifestaciones espontáneas, donde la gente salió por sus propios pies, sin ofrecimientos de diarios, bonos, transporte pagado o un almuerzo a cargo del sector cooperativo o del estado costarricense.
La de ayer fue grande y fue una de esas. Ver a la jurista de gigantesca trayectoria, doña Elizabeth Odio, por citar un ejemplo, con su silla de ruedas y un rostro refulgente, encantado de ver el apoyo popular, me lo dijo en el momento: estábamos frente a una concentración de gente buena, realmente patriota y comprometida con la democracia. Sonrisas iban y venían, no gritos y manifestaciones de odio con insultos y acusaciones como se ven en las manifestaciones chavistas de manera regular.
Algunos incluso llegaron incrédulos y otros terminaron la noche cantando y bailando en la Plaza de la Democracia, cuando ya los mayores se habían ido a descansar de aquella jornada patriótica que sin duda les hinchó el pecho de orgullo. “Hoy es un buen día para volver a creer en Costa Rica”, dijo alguien por ahí. Pensé lo mismo.
También se debe destacar a periodistas que, con clara inclinación hacia el chavismo, reconocieron el agrado por la educación y respeto que recibieron de los presentes, con una reiterada y desagradable excepción*. La cortesía y buena educación fueron la regla en esta enorme manifestación, a pesar de algunas provocaciones insignificantes y, ante todo, se demostró que la gente que defiende la democracia es gente sana mental y emocionalmente. Aunque no se puede negar que ante un arrogante machista siempre habrá jóvenes que reaccionen indignados.
Y algunos dirán: ¿qué se logra con este plantón por la democracia y de apoyo al Poder Judicial? Algo realmente poderoso: el Poder Judicial se siente ahora legitimado, validado y apoyado para actuar como le corresponde con base en la Ley y su independencia.
Ayer, en todas las comunidades, en la Plaza de la Democracia e incluso en un plantón virtual que se realizó para personas fuera del país o de zona alejadas, se le dijo al Poder Judicial “aquí estamos para apoyar su trabajo, no venimos a imponerles magistrados, venimos a respetar su independencia”. Y eso tendrá consecuencias en favor de la democracia y contra el ataque reiterado del chavismo en su ruta hacia la dictadura.
En conclusión, estuvimos frente al verdadero espíritu patriótico del costarricense, esa emoción que nos embarga cuando sabemos que las personas se están manifestando por un bien mayor, un bien para la colectividad y no solamente para los intereses personales y egoístas, ese tipo de intereses que normalmente cosecha el odio o, mejor dicho, que el odio intenta validar.
Fue un triunfo por la democracia, la independencia de poderes y estado social de derecho, pero fue ante un triunfo de la gente digna, decente y comprometida con la Patria real que nos forjaron nuestros abuelos y, hoy, todavía vive en nuestros corazones y en nuestra mente, no la patria minúscula del odio, la violencia, el ataque, la mentira y la farsa de un grupo que busca aprovecharse de la molestia popular.
*Sin incidentes, excepto por un atorrante chavista que se dice periodista y anda instigando e insultando en las manifestaciones opuestas e incluso pregunta en los programas de propaganda de los miércoles o en giras del Gobierno (las personas decentes saben quién es y cuál es su vulgar lenguaje, amigo de la ministra del Miccit, Paula Bogantes, así como de la presidenta Laura Fernández, según manifestaciones que han sido públicas).

