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El lapicero como arma electoral – Voz Propia

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Por Luis Felipe Arauz* | En uno de sus espacios de propaganda electoral disfrazada de conferencia de prensa, don Rodrigo Chaves hizo un llamado a usar el lapicero como arma para cambiar a Costa Rica, en clara alusión a ejercer el voto en 2026. Lleva razón el presidente, el lapicero, en la urna electoral es una herramienta poderosa que debemos usar para rescatar a Costa Rica. Por eso, de cara a las elecciones de 2026, debemos analizar muy bien de qué queremos rescatar a nuestro querido país, hacia donde vamos ahora y cuál es el rumbo que queremos para Costa Rica.

Lo que más acongoja a nuestra ciudadanía es la criminalidad. En los dos últimos años hemos roto el récord de homicidios, y el presidente se limita a decir, con pasmosa frescura, que son pandillas que se matan entre ellos, sin mostrar ninguna empatía o solidaridad con las familias de las víctimas mal llamadas “colaterales”. El narcotráfico está en aumento, y el gobierno, inexplicablemente retiró de Bahía Drake el equipo estratégico para frenar lanchas del narco, y trasladó la sede de la Academia de Guardacostas de Quepos a Guápiles, debilitando la capacidad de vigilancia de nuestros mares. Ante la inseguridad ciudadana, el gobierno culpa a todos los demás de su propia incapacidad, y clama que, si le quitamos poder a “todos los demás”, tendremos un “hombre fuerte” que acabará con ese flagelo. En lugar de esa visión simplista, propia de los dictadores, mejor debería dejar de politiquear y acatar los consejos de las personas que sí saben del tema: Un artículo reciente de don Eduardo Solano lo resume bien: en el ámbito de la contención es necesario mejorar los presupuestos para la policía, para el ministerio de justicia y para el poder judicial para que cumplan mejor su función, y en el ámbito de la prevención, es primordial la organización comunal, la creación de espacios seguros para la juventud, y, lo fundamental: inversión en educación y más educación. La elección es clara: combatir la delincuencia desde su raíz, con inteligencia y en democracia, o combatirla con fuerza bruta sin atender las causas. Usemos el lapicero con inteligencia.

Urge rescatar la educación. No es posible que el MEP tenga miles de computadoras sin utilizar, que no haya a estas alturas un plan de mejoramiento educativo, y que más bien se oculte información necesaria para analizar el estado actual de la educación, se recorten los presupuestos necesarios para mejorar la enseñanza y las escuelas, para dar más becas Avancemos, o para mantener los comedores escolares. El presupuesto 2025 para educación, por primera vez en muchos años es inferior al 5% del PIB, acercándonos peligrosamente al nivel de los demás países de Centroamérica. Más allá del tema de seguridad, todo nuestro desarrollo depende de una buena educación primaria, secundaria y universitaria. El presidente se ha dedicado a atacar a las universidades públicas, recortando presupuestos y tratando sistemáticamente de desprestigiarlas, con base en argumentos falaces y sin ver el panorama grande: el impacto de la actividad universitaria en el bienestar del país, en ámbitos como la cultura, la salud, la educación y la producción. Los ejemplos sobran: Nos vanagloriamos de la atracción de empresas de alta tecnología, pero esto no sería posible sin los profesionales en ingeniería de altísimo nivel que gradúan la UCR y el Instituto Tecnológico. No tendríamos la calidad de profesionales en ciencias médicas, de los mejores a nivel mundial, sin las U públicas: en pruebas internacionales, los estudiantes de medicina de la UCR superaron el promedio mundial, y con creces a nuestras U privadas. Esta garantía de calidad es pilar de nuestro sistema de salud. No podemos permitir que intereses particulares, cercanos al gobierno, que promueven la educación privada, debiliten la educación pública. Pensemos en esto, y usemos el lapicero inteligentemente.

El rescate de Costa Rica también pasa por rescatar el sistema de salud. Además de seguir formando profesionales de altísimo nivel en nuestras universidades públicas, debemos rescatar la seguridad social. No vemos avances en esa dirección en esta administración, más bien hemos visto un gran aumento en las listas de espera y una negativa del gobierno a pagar la deuda a la CCSS, como sí lo hicieron gobiernos anteriores. Ya un político trasnochado, cercano al gobierno, recomendó privatizar la salud. ¿Será esa la intención oculta detrás del debilitamiento de la Caja? Para colmo, se usa la política pública para, presuntamente, favorecer a los amigos del gobierno, pagando sobreprecios millonarios por el manejo de Ebáis, a cooperativas cercanas a un dirigente afín al gobierno, y cuando el caso se investiga por parte del ministerio público, el presidente, en lugar de ponerse a la orden de la investigación como correspondería a un verdadero estadista, se dedica a aplaudir a las personas investigadas y a atacar al fiscal general. Algo huele a podrido en Zapote…pero por dicha tenemos el lapicero para eliminar esa podredumbre.

Debemos rescatar el agro. No hay salud ni educación sin alimentación; la producción de alimentos es fundamental para la humanidad. Por eso los países de primer mundo tienen fuertes políticas de apoyo al agro, el cual convive con los demás sectores, incluyendo la alta tecnología. Pero esta administración parece empeñada en destruirlo, en algunos casos, como la ruta del arroz, para favorecer corruptamente a sus financistas de campaña. En otros, por una visión estrecha, considerando al agro como contrario a otras actividades más “tecnológicas”, cuando en realidad estas actividades se complementan. Usemos nuestro lapicero para revertir la “Ruta anti agro” de esta administración y apoyar políticas para fortalecer y mejorar la producción, la comercialización, el valor agregado y la sostenibilidad y adaptación al cambio climático. Debe rechazarse cualquier iniciativa que nos ponga a competir con producción basada en salarios inferiores a los nuestros, como el caso de la Alianza del Pacífico.

Podríamos seguir enumerando razones para un cambio de rumbo en las elecciones de 2026: retrasos en infraestructura, problemas de suministro de agua, cortes de electricidad por mal manejo de nuestras reservas energéticas, corrupción descarada, retroceso ambiental y una larga lista de temas que, por supuesto, son culpa de “todos los demás”. Esos que son objeto de insultos, mentiras e intromisiones en la vida privada y otras transgresiones a los límites de la decencia. ¿Será que lo primero que debemos rescatar es la decencia en la función pública? Por dicha tenemos el lapicero.

*El autor es ingeniero agrónomo.

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