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Revelan caso de plagio poético en Costa Rica que sacude el mundo literario del país

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Un caso de plagio poético en Costa Rica sacude el mundo literario del país, al determinarse que una joven poeta engañó incluso a renombrados escritores y críticos literarios.

Aunque parece más una historia de ficción, lo cierto es que una joven identificada como María Musgo, “autora” del libro El lenguaje de la piel ( Editorial Nueva York Press, 2024), fue descubierta en el ejercicio de un plagio.

El escritor Yordan Arroyo logró demostrar mediante un artículo que varios poemas de Musgo publicados en sitios como SamoaPeriódico de Poesía de la UNAMPoéticas Marcianas La Raíz Invertida son realmente plagios de otros autores que, pasmosamente, se encuentran con una simple revisión en la Internet.

Asimismo, identificó lo que denomina ciberplagios en el libro El lenguaje de la piel de otros autores, como Marguerite Duras, Guada Casas, Perla Zúñiga, Joel Pascual Sánchez, Margot Rot y Ana Gorría.

Muy grave es que sus poemas llegaran a un espacio de divulgación de una universidad tan prestigiosa como la Universidad Autónoma de México y, además, que ganara el concurso de la “Revista de Cultura” de la Universidad Estatal a Distancia -UNED- de Costa Rica.

Voy a pasar con vos los días tímidos del verano” es el poema de Josefina G. Paz con que María Musgo gana el concurso permanente de la devaluada Revista de Cultura de la UNED, donde según parece los editores no hicieron el trabajo que corresponde a una revista seria y académica.

El mismo director de la Editorial UNED, el poeta Gustavo Solórzano Alfaro, en la contraportada de El lenguaje de la piel (2024) se expresa positivamente del libro y de su autora: ““María Musgo es la voz literaria que tanto hacía falta en nuestro panorama […] original, única, inesperada”.

Lea aquí descargo de la EUNED al respecto

Yordan Arroyo también revisa en su artículo el criterio de la poeta Fadir Delgado Acosta sobre la supuesta poeta: “una joven poeta que entra al mundo de la poesía asumiendo el lenguaje como un salto para desaparecer; pero también con la consciencia de que no basta el dolor para escribir”.

Arroyo se sorprende sobre la ingenuidad “por exceso de entusiasmo” de quienes impulsaron a la joven sin darse cuenta del plagio.

El estudio de Arroyo detectó además que Musgo informa en La Raíz invertida ser autora de un poemario inédito titulado “Palabras tectónicas”, así que tras una búsqueda en la red se encontró el libro homónimo, publicado por el poeta argentino Pablo Romero en 2022. Resultó que al comparar algunos poemas supuestamente “inéditos” publicados en Periódico UNAM por Musgo, resultaron ser del libro del argentino Romero.

Similar sucedió con otros poemas publicados en revistas y que resultaron ser de la uruguaya Josefina G. Paz, en el blogger Medium. En algunos casos el cambio son solamente de una o dos palabras, como primavera por verano, septiembre por diciembre y “muelle de La Paloma” por “muelle de Parismina”. Parece una ironía fabricada, no hay muelle menos conocido que el de Parismina, pero aparece en Internet.

Arroyo afirmó que “es necesario decir que cualquier persona con mínimo acceso a internet, un ordenador y una base menor de cultura, podrá verificar que gran parte del texto está construido a partir de cláusulas comunes en espacios digitales, particularmente en “X” o accediendo a “instagrameros”. Y esto no es del todo un reproche, pues en ese el mundo en el que ha crecido Musgo, el internet es el sitio con el que convive”. Arroyo hizo notar que incluso el plagio es doble, porque en los epígrafes no se citan los autores y, mucho menos, los traductores.

“Al tener presente el contexto cibernético en el que se mueve, como nativa digital, y en el que se desenvuelven sus plagios, podemos afirmar que la expresión podría ser tomada de cualquier sitio de internet. Para fundamentar esto basta con indagar un poco y darnos cuenta de que la frase robada, ingenuamente (pues no hay ni comillas ni uso de letras cursivas), se ha reproducido, en la cultura de masas, como uno de los más importantes aforismos, pero ya sus autores se han perdido, dejaron de importar, lo cual es un síntoma común de la ultrapostmodernidad (hablo de una época, no una estética [posmoderna]). El texto aparece acompañando fotografías, pensamientos y todo tipo de publicaciones, pero sin otorgar derechos de autor”, explica Arroyo en su denuncia.

Quizás valga recordar aquí la alerta de Noam Chomsky cuando afirmó que la inteligencia artificial no es más un enorme plagio a la creación humana, a la cultura de la humanidad. Por eso surgen poetas, de repente, que pueden plagiar de por aquí y por allá, como si fuera algo normal o válido porque, lamentablemente, en la misma educación se ve todos los días.

“No es para nada una casualidad que luego de hacer una revisión minuciosa del libro El lenguaje de la piel (2024), yo haya descubierto distintos plagios provenientes de espacios digitales de la web 2.0. Desde una postura crítica, al unir todas las piezas sueltas de este problema, entiendo que Musgo ha encontrado una biblioteca cibernética, pero en espacios no de la alta cultura, como lo hacemos muchos, sino de la baja cultura, y no contó con el debido asesoramiento para comprender qué podemos y qué no podemos hacer a la hora de escribir literatura por oficio, no por afición, como se hace en aplicaciones como Medium, de donde ella ha extraído textos, entre ellos, uno que terminó siendo, de manera insólita, premiado por una universidad pública, la UNED en Costa Rica. Oficio y afición, aunque provoquen una agradable sonoridad, no son lo mismo y están lejísimos de serlo”, agrega Arroyo.

“Aquí, entonces, no podemos omitir la existencia, muy en el fondo de todo esto, de un problema cultural mayor: un país que, a través de ciertas personas, no sé si por carencia educativa, vende la idea de ser escritor creyendo que basta con escribir “bonito”  unos cuantos versos y publicar en revistas digitales para poder tener libros, sí en plural, libros, porque a pesar de todo lo que he logrado destapar, queríamos correr demasiado”, continúa Arroyo.

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