Las comidas tradicionales de Semana Santa, según parece, ya no son tan tradicionales y no se preservan en la mesa de las familias durante esta época. Sin embargo, todavía se preservan, principalmente entre los comensales de las zonas campesinas.
Depende de la región del país, pueden varias las comidas que los costarricenses frecuentan en Semana Santa, principalmente en lugares como el Caribe o Guanacaste, donde las tradiciones no son tan parecidas al resto del país por razones históricas y culturales.
Sin embargo, es claro que compartimos todas y todos muchos de esos platillos que durante la Semana Mayor siempre vienen a la memoria. Se originan precisamente en la necesidad de buscar opciones a los deberes religiosos de la Cuaresma, recuérdese que para los católicos más fieles es prohibido comer carnes rojas en jueves y viernes santo, de manera que los productos de mar y otros bocadillos dulces y salados surgieron de la imaginación de nuestras abuelas y tatarabuelas.
La lista es inconclusa y usted puede aportar en los comentarios abajo qué platillo nos faltó.
Los dulces de la Semana Santa
Sin duda, la miel de chiverre es el dulce preferido para esta época, cuando los chiverres salen a la venta porque están en cosecha. Es una miel preparada con tapa de dulce y/o azúcar de caña, según la receta de cada quien. Una deliciosa empalagosa que disfrutamos, quizás, solamente una vez al año.
Y no se aflija si no consigue un chiverre, que una miel de ayote, con la misma receta, es igual de sabrosa.
Y como somos golosos, a la par también se coloca la miel de coco, una delicia que claramente viene de las costas de Costa Rica y completa el hábito culinario y la diversidad gastronómica de este país tan ampliamente pequeño.
Para acompañar cualquiera de esas mieles, la costumbre dicta que el arroz con leche -con canela, clavos de olor y algunas veces con pasas- es el ideal. Combinados claramente son una bomba diabética no apta para personas con ese problema de salud.
Panes y mezclas
Por supuesto, también están los panes o recetas que combinan las harinas -de trigo y maíz, principalmente- con las mieles, como las famosas empanaditas de chiverre y de miel de coco, pero caseras, hechas en el horno de leña o de la casa, cuando menos. ¡Sabrosas recién hechas!
Está el famoso pan casero, también, hecho de una masa sencilla con harina de trigo, huevo, levadura y alguito más. La forma tradicional siempre ha sido hacer tiras largas para formar una espiral centrífuga -de adentro hacia a afuera-, para que el comensal la disfrute en el orden inverso, es decir, de forma centrípeta -de afuera hacia adentro-. Un placer en la memoria.
También están las múltiples rosquillas o bizcochos salados que tenemos de muchas recetas en la cocina costarricense. Cada región tiene los suyos, como los famosos mantecados que incluso se venden en bolsitas en cada pulpería.
Es posible que en su familia o región también se hagan panes o pastelería tradicional o particular de esta época, por favor comparta abajo en los comentarios.
Las sopas y picadillos no pueden faltar
No es difícil imaginarse que en estas épocas las tortillas de maíz -ojalá palmeadas, caseras- no deberían faltar, pero sin duda para acompañarlas de los deliciosos picadillos de la abuela.
El picadillo de palmito es una delicia que en Semana Santa es bastante común en las familias numerosas. El picadillo de papaya verde se acostumbra también en algunas zonas de campo y, con maíz dulce, es exquisito. También el picadillo de papa, que se puede hacer vegetariano -sin carnes-, pero también de varias recetas. Y también ahora el picadillo de arracache ahora es infaltable en zonas montañosas, principalmente. ¿Se imaginó los gallitos?
Y de sopas ni hablemos, porque no es extraño que el último sábado o domingo de la semana, el cierre pueda ser una deliciosa olla de carne. Tampoco se desdeña una buena sopa de pollo con la receta original de la abuela.
Pero sin duda, es más tradicional en Semana Santa la sopa de bacalao, aunque últimamente no es tan común.
Del mar a la mesa
Por supuesto, se puede acudir a una buena sopa de mariscos o de cabeza de pescado con verduritas de nuestro campo fértil.
¡Y claro! Las sardinas y atunes, aunque sean en lata, son uno de esos sabores que se asoman en esta época. Aunque no es una receta y tal vez no es una recomendación culinaria, lo cierto es que la tradición llama a comerse una sardina en salsa roja -picante si se desea- con arroz blanco -por supuesto- y algún picadillo.
Y si consigue pejibayes, arrempújele la mayonesa y disfrute ese sabor único que nos embelesa.
Y lo más importante, si usted puede disfrutar todo esto en familia, atesórelo mucho, porque no tengo duda que le será más divertido, más delicioso y más saludable. Y después no se le olvide salir a caminar o correr para bajar un poco los excesos.
Por ignorancia, también sería muy interesante que alguien escribiera un artículo sobre esas comidas tradicionales que son más propias del Caribe o Guanacaste y que no conocemos en el resto de país. Por ejemplo, no sé si la sopa de pozol -de maíz- de Guanacaste es propia de estos días de descanso, pero es una maravilla.

