OPINIÓN. Por Patricia Ruiz | ¿Como para qué querría un presidente que una madre le “preste” a su hija y se la “devuelva” a los 18 años? ¿Qué clase de pensamiento es ese? ¿Qué clase de presidente dice eso en público? ¿Y quién aplaude? (Imagen: acto público en El Coco, Guanacaste.)
Eso fue lo que ocurrió hoy. Un señor, visiblemente alterado, con la mirada cargada de vulgaridad y con palabras que escupen machismo, irrespeto y violencia simbólica. Así se presentó el mandatario de esta República, en Guanacaste. En pleno acto público, como si estuviera en una cantina.
Y lo más alarmante es que hay padres y madres que, cegados por el fanatismo, lo ven como una figura de poder y lo veneran… aunque ese poder se construya sobre el irrespeto a sus propias hijas.
¿Es válido exponer a nuestras niñas y adolescentes a este nivel de vulnerabilidad, solo porque lo dice un “presidente”? ¿Es aceptable que un hombre en el poder sexualice, con cinismo, a una menor de edad en un espacio público y se le aplauda?
No. No lo es. Y no puede seguir siéndolo.
No se pueden seguir normalizando estas conductas abusivas. No es un “chiste”. No es “sinceridad”. Es acoso. Es violencia simbólica. Es abuso de poder. Y lo es aún más cuando esa violencia se ejerce desde un micrófono presidencial y se tolera por complicidad o cobardía.
Esto ocurrió en nuestro territorio, en Guanacaste. Y no lo vamos a callar. Porque usted, señor presidente, no respeta nuestros cuerpos, no respeta nuestra niñez, y mucho menos respeta nuestros pueblos.
Usted no vino a Guanacaste a rendir cuentas ni a construir país. Usted vino a burlarse, a ofender y a deshonrar a quienes lo escuchan con esperanza.
Y eso no es de recibo.
No somos un público dispuesto a tolerar la violencia disfrazada de populismo. No somos una masa. No somos una manada de “gatitos”. Somos personas con dignidad. Y usted, con ese discurso grotesco y repugnante, dejó claro que no representa los valores de un Estado democrático ni de una ciudadanía consciente.
Tenga respeto, señor presidente. Porque aquí hay madres, hijas, territorios y memorias que no se prestan, no se devuelven, y no se venden por aplausos.
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