Costa Rica busca reducir los aranceles que Estados Unidos impuso a los demás países “aliados” y que afectarían la inversión extranjera en el país.
El Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) sostuvo una reunión técnica con la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) en Washington, D.C. durante los días 15 y 16 de mayo, donde discutieron la relación comercial bilateral y abordaron la nueva política arancelaria del presidente Donald Trump.
El gobierno de Trump estableció un 10% de aranceles para Costa Rica y la mayoría de países centroamericanos, lo que encarece el ingreso a Estados Unidos de los productos fabricados en este país.
Según el coordinador de la Cátedra de Estadística de la UNED, si bien impacto directo aún es incierto, podrían darse efectos en distintas variables macroeconómicas. Rolando Saborío Jiménez afirmó que “no está claro si estas medidas se sostendrán, si serán modificadas o incluso eliminadas a cambio de concesiones en otras áreas”.
Sin embargo, se anticipa en caso de que los aranceles se mantengan durante toda la administración Trump, una presión moderada al alza del tipo de cambio por menor demanda de productos costarricenses y reducción en la llegada de inversión extranjera directa.
Manuel Tovar, ministro de Comercio Exterior, afirmó que “estamos haciendo un trabajo responsable y cuidadoso para velar por los intereses de nuestro sector exportador y garantizar cada vez mejores condiciones para la inversión extranjera directa. Somos de los pocos países de la región que han tenido el privilegio de ser llamados a la mesa del diálogo con las autoridades de comercio estadounidense”.
No obstante, aparte de ese discurso político, el COMEX no anuncia ningún avance significativo de esa reunión sostenida, lo que mantiene en estado de incertidumbre la afectación que podría tener en Costa Rica, un país que desde hace varias décadas ha apostado por promover la inversión extranjera en el país, lo que le ha garantizado un crecimiento sostenido de las exportaciones en las últimas dos décadas, principalmente en las zonas francas con equipos médicos y servicios tecnológicos.
En cuanto al crecimiento económico, el profesional universitario estimó una afectación moderada por la pérdida de competitividad de ciertos productos, aunque un escenario más adverso —como la relocalización de empresas hacia México— parece poco probable.
“El turismo y la inflación no deberían presentar impactos significativos, salvo que el contexto internacional se deteriore o se agraven las tensiones diplomáticas”, indicó Saborío Jiménez.
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