Decir que la cultura sacudió la política durante el 2024 y dio la cara ante la situación inusual que enfrenta el país, no es exagerado y se ajusta a los hechos que recogemos durante el año, y que han venido en crecimiento.
No solamente hablamos del punto álgido de los chinaokes a final de año, sino de otras manifestaciones que envían mensajes poderosos a los costarricenses sobre la difícil situación que enfrenta el país ante un populismo confrontativo y sin soluciones que tiene postrado al país en un pleito -polarización- sin que eso resuelva los asuntos serios que nos aquejan.
Ni siquiera los educadores y educadoras, adormilados, cada uno por lo suyo, reaccionan como otrora lo hacían, con alguna conciencia social y política ante las dificultades y abusos. Hoy parecen contentos, aunque los recortes al sector Educación han sido enormes en detrimento de la educación pública y a favor de la educación privada, como nunca antes se vio. Es insólito ver al profesorado impávido, como si no le importara, sólo peleando por mantener su salario.
Ni los sindicatos de todo el sector público han logrado organizarse y hacer manifestaciones de peso que pongan a temblar el discurso del presidente populista y agresor, que embelesa grupos de troles y seguidores cada miércoles con rimbombancia y fanfarria por obras que ayer pasarían desapercibidas, como un pequeño puente o la apertura de alguna casa para instalar policías o guardaparques.
Los artistas al ruedo
Los y las artistas salieron al ruedo, siempre menospreciados e infravalorados en la economía común, para explicar con mucho talento y creatividad lo que sucede. Incluso con sus recursos reducidos y sus carencias, han salido valientes a dar la lucha.
Los chinaokes expresaron la falsedad del discurso chavista -por eso le dolió tanto al Gobierno-, los problemas de inseguridad que presenta los peores números en la historia, los serios problemas con la salud pública en la CCSS ante una pésima y accidentada administración, el problema del transporte público, el costo de la vida para la gente común y los constantes problemas con el servicio de agua potable por parte de un AyA errático.
Tanta fue la molestia que como represalia política, claramente, el Gobierno ordenó al ICE y Banco Popular el retirar la pauta publicitaria del programa El Chinamo, lo que más bien logró una exponencial aumento del rating del programa, en amplio beneficio de las otras marcas que sí se publicitaron ahí.
Pero solamente unas semanas atrás salió una canción en ritmo de root que se hizo viral, con una severa crítica al Gobierno, al que llamó narcogobierno, ante intentos por impulsar la explotación de oro en Corcovado.
En un momento parecido vino una parodia de “Soy tico” de Carlos Guzmán, en la que con la expresión “Soy Rigo” critica frontalmente al presidente Rodrigo Chaves y sus ínfulas de gobernante contradictorio y elitista -en confabulación con Pilar Cisneros-.
Luego vinieron una colección amplia de parodias realizadas con inteligencia artificial donde, con duras críticas, se pone en relieve el comportamiento grotesco y mentiroso de Rodrigo Chaves y Pilar Cisneros. Con varios ritmos tropicales surgen canciones como “El conde de Monterán” y “Pilarica” que sonaron en algunos hogares para estas fiestas, entre quienes adversan la política populista y fallida de acuerdos que Chaves ha impulsado.
Más atrás, con la imposición del logo del Teatro Nacional, durante ya unos 5 meses, el sector cultura ha estado protestando regularmente en el Facebook de esa institución. En cada entrada de Facebook, varios costarricenses perseveran poniendo, en lugar del logo intruso del Gobierno, el logo original del Teatro Nacional para mantener presente que esa es su verdadera identidad y no la de un gobierno pasajero.
Durante la negociación del presupuesto para Cultura, ante la incapacidad de la anterior ministra de Cultura, Nayuribe Guadamuz, así como del actual jerarca, Jorge Rodríguez Vives, fueron las “fuerzas vivas” del sector cultura quienes negociaron con las y los diputados de la República para recuperar más de 1.400 millones de colones que el Gobierno Chaves Robles había recortado al sector. Todavía ese dinero el Gobierno puede cercenarlo si al ministro de Hacienda, Nogui Acosta, no le da la gana trasladarlo a pesar de la orden del Poder Legislativo.
Meses antes, durante la entrega de los premios nacionales, ya el sector -en conjunto con estudiantes universitarios- había realizado manifestaciones frente al Teatro Nacional y en otros lugares para exigir la renuncia o destitución de la anterior ministra Guadamuz, quien caprichosamente fue destituida por razones absurdas, como haber firmado una declaratoria de interés cultural a la Marcha del Orgulo LGTBI+, algo que usualmente se hace. La Sala Constitucional respondió favorable un recurso de amparo en contra de la decisión del Gobierno de quitar esa declaratoria; lo definió como un abuso de poder. En otras palabras, el montaje se hizo para darle el puesto a Jorge Rodríguez Vives, curiosamente un homosexual declarado, pero de confianza del presidente Chaves. La comunidad LGTBI+ no olvida ese exabrupto.
El sector cultural tiene mesas de diálogo y organizaciones independientes que se activan cuando es necesario para responder ante amenazar al sector, pero también al país, por parte de políticas nefastas. Aunque no es un sector grande, es fuerte, resiliente, joven y siempre activo, cuando amerita. Es esperable que ahora Rodrigo Chaves desplace sus fuerzas a atacarlo con sus granjas de troles, como lo quiso hacer antes con las universidades públicas, a punta de prejuicios y mentiras en redes sociales.
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