OPINIÓN. El chavismo es un fenómeno socio-cultural asociado a un grupo particular de personas costarricenses, más allá de un sistema de creencias políticas. Es decir, se puede definir por un tipo de personas con ciertas características que por la ideología política que tienen.
Detrás de chavismo, ya lo sabemos, además de un adultocentrismo conservador -todo lo pasado y viejo fue mejor, la religión define lo único válido-, también hay una cultural del machismo enquistada -los de ahora son débiles de cristal, antes sí eran fuertes, machos lomo plateado-, pero en ambos casos hay una contradicción de fondo enorme, porque siendo tan “machitos”, fuertes y de “valiosas creencias”, en realidad son fácilmente engañables y manipulables, como lo reporta la evidencia.

Por esa razón se entiende que las burlas y ataques sobre las “batallas de aura” provengan principalmente de chavistas y conservadores. Pero ese es otro tema.
Resulta que, según los estudios, aunque existen chavistas con profesión o de alguna formación profesional, detrás de la mayoría de ellos -los que funcionan como troles defensores y fanáticos, no los titiriteros del espectáculo- se puede apreciar un analfabetismo político bien marcado: ignorancia sobre la división de poderes, el funcionamiento del Estado y sus instituciones, del marco legal costarricense y lo más básico del derecho, de los principios democráticos (del sistema de frenos y contrapesos), del valor del estado social de derecho, de la lógica elemental, del análisis científico básico y de la importancia de la construcción del conocimiento veraz y la ciencia, entre otros aspectos. Muchas de estas personas hoy, en el año 2026, ponen en duda la verdad científica o el conocimiento como base de la sociedad.
Para nadie es un secreto que el chavismo está marcado, al menos en las expresiones de Rodrigo Chaves y sus acólitos seguidores, por lo chabacano, vulgar y grotesco, tanto como por el insulto, el ataque o la agresión de diversos tipos, el matonismo, la amenaza y la persecución política.
Todas esas manifestaciones de odio son propias del machismo, son el germen de cultivo para el machismo. Los insultos, cada cierto tiempo, de Chaves Robles y sus fanáticos, no son gratuitos ni casuales; son parte de una orquesta bien aceitada que busca engañar y manipular a sus huestes para sacar ese machismo que llevan dentro, con el que se sienten a gusto de manera momentánea, porque se creen superiores, lomos plateados, aunque estén siendo manipulados y convertidos en tontos útiles de una secta o un grupo con intereses nefastos -como mantener una ruta hacia la dictadura-.
Hay dos grupos generacionales, pero un común denominador, las carencias educativas. Los boomers -no todos como es lógico- son, posiblemente, los más férreos defensores de la secta, los ves en redes sociales haciendo de troles como si estuvieran en una causa revolucionaria. Este grupo, en particular, por ese conservadurismo absurdo: “todo lo pasado fue mejor y mis creencias religiosas son las únicas válidas”. Pero también hay un grupo de jóvenes influenciados por el conservadurismo en quienes se impone la ignorancia política, las carencias educativas y, sobre todo, el machismo.

En su mayoría el chavista de 40 o más años tiene una pobre educación (entre los años setenta y ochenta menos del 30-40% lograron la secundaria) y no puede ver que GRACIAS A LA CIENCIA y el conocimiento viven más y son más fuertes hoy, el mismo conocimiento y ciencia que desprecian cuando atacan a la UCR o las universidades estatales, que tantísimo le han dado al país, donde llegan los mejores talentos sin lugar a dudas. En estas personas priva el orgullo y otros disvalores emocionales -como la envidia-, antes que la sensatez o el conocimiento.
El chavismo en un fenómeno socio-cultural porque parte más de sentimientos y emociones, del resentimiento y la molestia social que han provocado las falsas expectativas de una vida que no logró lo mismo que otros sí lograron. El país, desde la prensa y la educación, construyó la creencia de que las personas merecían más y más, aunque no lo merecieran o aunque no se esforzaran por ello. Se construyó una idiosincrasia basada en el conformismo, el berreo, el choteo, el serrucha piso y la ley del mínimo esfuerzo, matizada por una educación que vino en decadencia.
Cuando más de la mitad de la población no sabe cómo funciona la división de poderes, lección básica de Educación Cívica, el 1+1 de la cultura política del país, queda claro que algo se ha estado haciendo muy mal en la educación. El producto de eso es un chavista que, con una cuenta falsa, insulta y amenaza a quien piensa diferente, que solo se dedica a repartir mentiras sin preguntarse a sí mismo si lo que reproduce es verdad o no, a quien no le importa si comete un delito de difamación y calumnia contra otra persona -desde el anonimato de una cuenta falsa- o si está poniendo en riesgo a una persona inocente o al mismo país en su totalidad. Peor aún: que se cree y piensa que las mentiras son verdad sólo porque las dice el machista lomo plateado mayor.

Los resultados electorales del 2026 comprueban que los distritos, cantones y provincias donde hay menor desarrollo educativo, así como menor nivel socio-económico, fue donde arrasó el chavismo. No se puede negar que las carencias educativas están asociadas a este fenómeno en el que un grupo social, con evidentes falencias en varios aspectos, busca imponerse por la fuerza ante la razón, por la mentira antes que la evidencia o la prueba, por el absurdo antes que los hechos; porque eso es lo único que tienen. Creen que por ser mayoría -falacia ad populum- tienen la razón, creen que por tener una causa justa -lucha anti corrupción- sus líderes también la tienen, creen que por eliminar a las castas políticas del pasado entonces ya las nuevas serán mejores… en fin, tienen un sistema de creencias que, aunque absurdo, pretende validarles más allá del conocimiento, la razón o la ciencia misma.
Es, digamos, la revolución del absurdo, aprovechada por un grupo de políticos inescrupulosos que hacen uso de un relato político cargado de odio y violencia política, repetido como la puesta en escena de Casa Presidencial cada vez que pueden.
La supuesta revolución no es el chavismo, porque el chavismo en sí mismo no es más que un movimiento vacío, cuyo único poder se basa en el engaño y la manipulación desde un discurso de mentiras y tergiversaciones cientos de veces repetido, que tiene a una parte de nuestro pueblo agrupada en una secta que ya no quiere escuchar nada diferente. La revolución está en esa parte del pueblo que cerró los ojos a la razón y se entregó al absurdo, como una especie de reacción psicológica ante sus propias carencias en todos los sentidos, desde las materiales hasta las educativas y emocionales.
¿Cómo despertar a este grupo de personas del engaño, será que tienen que despertarse solos ante el golpe de los hechos o será que estamos ante un cáncer que destruirá el país? Esas son preguntas para otro ensayo…
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