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El chavismo y la Crema de Rosas ◘ Voz Propia

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Por Frank Ruffino*. Cuando en el pasado critiqué en infinidad de ocasiones a los monigotes políticos de otros partidos, sus fanáticos de turno (mismas “focas” de hoy con distinto traje) me recomendaron la Crema de Rosas, aunque no era tan común este tonto ofrecimiento, que busca, según estos “avestruces”, equiparar sus mentes anémicas con quienes, ya egresados de las aulas, nos seguimos cultivando.

Sólo por no entender esta crisis de seguridad nacional,
la Administración Chaves se autocondenó.

Eso es: el susodicho producto de la CCSS para ellos parece ser el ungüento milagroso, un elixir o panacea, no sólo aliviando las quemaduras de la piel, sino maquillando su idiotez e ignorancia. Una “Pomada canaria” que a toda hora nos recetan a quienes vemos el panorama del país desde una óptica más racional.

Los básicos chavistas también pretenden borrar con Crema de Rosas 76 años de Estado Social de Derecho, obtenidos tras fundar la Segunda República en 1948.

Ahora me percato en lo que derivó aquella época (noventas) de desencanto en que el “porta a mí” era la frase preferida de los ticos. Hoy vivimos fenómeno similar pero con esa necedad de aplicarnos a los lúcidos, y por cualquier mínima discrepancia, la Crema de Rosas.

Estos fanáticos politiqueros crónicos son técnicamente analfabetas funcionales que únicamente saben medio leer, escribir y pensar, y van embutidos en una mezcolanza del carajo, que reúne profesionales y trabajadores en un amplio abanico social.

Salvo excepciones, tales gentes maleducadas y malformadas, porque la lectura infinita y gratis (comprimida y disponible en cada uno de sus celulares de 200 gramos) no es su estilo de vida, se conformaron con lo que les impartió el devaluado MEP (y universidades a los menos, pero la universidad no pasó por ellos), así son incapaces hasta de realizar análisis sencillos.

Y se creen unos sabiondos “galletones” con tan escasa cognición y casi nula cultura política. Esa “educación” incompleta y deforme no les da para mostrar un amplio criterio y capacidad de filosofar, reducen sus “discursos” prejuiciosos, cuando no insultándonos soezmente, poniéndonos dos o tres etiquetas inverosímiles que no nos corresponden, al menos en mi caso, como costarricense siempre crítico (nunca confiaré totalmente en un político o agrupación).

Es, entonces, cuando estos ciudadanos de muy bajo nivel intelectual por elección propia, se convierten en endiablados mostrencos propagandísticos de una administración fraudulenta y dicharachera.

Por atacar a cierto puñado de bribones de distintas conformaciones políticas, y a dos o tres medios de comunicación, pareciera que buscan borrar un pasado lleno de gloria democrática y republicana.

Seguro, la nueva casta política que idolatran arribó del espacio o es mágica: se trata de los mismos lobos disfrazados con piel de oveja, tiquillos “chorekos”… al fin y al cabo tras su pedazo del “pastel”.

Cierto, somos un sistema con gobiernos más o menos probos o corruptos, como cualquier democracia en el mundo.

En 22 meses, al “genio” Chaves Robles y su gobierno fallido los han idealizado hasta los límites de la locura. Es la colectividad enferma… mental y culturalmente. Cerebros sin el “aceite” de la literatura, así cualquier demagogo es el “Salvador” que los vuelca a creer en arcadias: por no leer historias, son incapaces de determinar entre fantasía y realidad.

Y estoy preocupado de tanta imbecilidad. Si un chavista lograra capturar, embotellar y vender los gases nauseabundos de RC., seguro que las filas serían interminables, y estos huele pedos pagarían lo que fuera por su litro de porquería.

En el tema de la insostenible inseguridad ciudadana, igual que su “líder”, no han llegado a comprender que la culpa es compartida y debe distribuirse entre los tres poderes de la República.

Lo que le corresponde al Ejecutivo (a Chaves y Acosta, principalmente) a través de Hacienda, es priorizar dotando a las fuerzas policiales y OIJ de abundantes recursos económicos extraordinarios porque sufrimos una guerra no declarada contra el narcoterrorismo.

Y a los diputados les toca acelerar al máximo la aprobación de nuevas y robustas leyes penales.

Y a los jueces cumplir implacablemente con la ley, no soltando a miles de criminales profesionales con tontas e ingenuas medidas cautelares.

Así que Rodrigo Chaves sí tiene gran parte de la culpa en este estado de guerra que padecemos los costarricenses: de seguir semejante rumbo, su dictadura fiscal nos acabará como país, más pronto que las bandas del narco.

Por sólo este gran fallo, ya desde hace rato esta administración se autocondenó.

Este presidente se constituyó en un nefasto advenedizo sin legado, porque nunca vivió de adulto en Costa Rica. Erradamente, cree que gobernar es poner en práctica su agresiva formación de banquero internacional, de ahí esa frialdad de sociópata político a fin de destruir, sin siquiera percatarse, la agenda social, de seguridad nacional, agraria, educativa, turística, salud, etc.

Chaves continúa todavía con su mentalidad de alto funcionario pelele y bien remunerado de organismos financieros internacionales.

Unos meses más, y los ciudadanos sensatos veremos como el tiempo quitará de las cabezas de los ticos volados, esa barata idea de que un “mesías” en política puede existir en este corrompido mundo humano.

Que todo el pueblo alemán apoyara a Hitler, estaba lejos de significar que tuviese a tiempo una correcta lectura de la naturaleza oscura de su falso y autodestructivo líder, y demente nacionalsocialismo que casi aniquila a la civilización.

A falta de un genuino estadista en Zapote, el fanatismo politiquero del momento nubla la visión de nuestra sociedad enferma y sin rumbo.

Hará falta más que una simple Crema de Rosas para callarme.


*Frank Ruffino es escritor y poeta, oriundo de Tilarán e hijo de padres españoles. Ha publicado cinco libros de poesía y tres de relatos, también ha obtenido seis premios literarios. En este enlace de su blog literario, usted puede leer un cuento de su último libro “Para matar a un androide”. Al final de ese relato el autor ofrece la manera de adquirir sus libros de relatos.

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