OPINIÓN. El legado de Ana Katharina Müller Castro no se puede reducir, es notable y extenso, pero ciertamente es uno inédito en la historia de la educación pública costarricense que se puede resumir en algunos hechos fundamentales.
No existe parangón, al menos en la historia reciente, los últimos 40 años, sobre una ministra o ministro de Educación que hubiese entregado la educación a los intereses reduccionistas de un Gobierno. Muchos pelearon por eso y otros fueron astutos para defender los intereses educativos.
En primer lugar, Müller Castro redujo y apoyó la reducción del presupuesto del Ministerio de Educación, posiblemente la primera ministra del ramo que relegó los intereses de la educación a los fiscalistas. Los erráticos sindicatos de la educación podrían definirla, ahora sí, como una ministra neoliberal, para quien la educación pública no fue el objetivo real. Y, sin embargo, no le hicieron ni siquiera un conato de huelga o protesta.
En segundo lugar, es la única jerarca de Estado -a la par de un nefasto varón que convocó a la policía alrededor del Congreso para forzar una decisión legislativa- en recibir un voto de censura del Primer Poder de la República por sus decisiones arbitrarias, como defender los cortes presupuestarios y no asistir a sesiones donde era convocada, tanto así que fue advertida del uso policial para hacerla comparecer.
Aunque Costa Rica venía de un “apagón educativo” por la pandemia, en tercer lugar, la ministra Müller no se empeñó -como era lo esperable- en mejorar la cobertura y los alcances de la educación por la clara brecha tecnológica que se venía indicando por instituciones serias como el Estado de la Educación.
En lugar de eso, eliminó un convenio de informática educativa con la Fundación Omar Dengo -FOD- con excusas politizadas como supuestos amiguismos del pasado con el PLN. Tomó esa decisión sin tener un plan alternativo creado, así como actuó también en otros casos, y así cercenó a la educación de informática en los centros educativos en dos tercios para seguir ensanchando la brecha tecnológica.
Se suma a lo anterior, en cuarto lugar, que los equipos de la FOD, así como 44.000 equipos de Fonatel para estudiantes de menores recursos, no fueron entregados por pura terquedad y excusas realmente ridículas. Tanto los equipos de la FOD, como los de esas becas de Fonatel, están inutilizados en bodegas del MEP, llevando polvo, desactualización y convirtiéndose en una indignante masa de desechos tecnológicos, una gran pérdida para la gente. Luego la FOD decidió interponer recursos legales para recuperarlos, pero eso no es excusa para ver que el MEP sencillamente embodegó todo mientras “decidía qué hacer”.
Una ministra con experiencia como directora de la oficina regional de la Unesco -Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura-, que no defendió ni la ciencia, ni la cultura ni la educación, cuando afirmó que tenía una “Ruta de la educación“, en quinto lugar, que nunca tuvo financiamiento ni un diseño o estructura claro, es decir, un producto de la especulación sin ciencia y sin educación.
La ruta de la educación de Müller en el Gobierno Chaves Robles fue, si se quiere definir de alguna manera, una de improvisación, eliminación de programas exitosos y desfinanciamiento de la educación por populismo, pero además en un rumbo definido por el ataque y la pretensión de desfinanciar la educación pública de nivel superior o universitaria -el FEES-.
En sexto lugar, se dedicó a intentar desfinanciar la educación pública universitaria e impulsar junto al Gobierno, proyectos que buscaron reducir su autonomía y capacidad para funcionar adecuadamente. Y eso no es extraño si se sabe que Müller Castro tiene intereses comprometidos con sus ligámenes con la educación privada, al ser familiar directa de la Universidad Castro Carazo, prima de la propietaria de la Ulacit, Silvia Castro, así como familiar cercana del rector de la Universidad Hispanoamericana. Aún así, negó conflicto de intereses con descaro.
Entre su legado de eliminación de programas exitosos, cerrar el convenio con la FOD no es el único, recientemente, para cerrar con broche de lata, decidió eliminar los programas de sexualidad y afectividad que venían funcionando con éxito en la reducción de embarazos adolescentes, así como en el brindar una educación sexual integral, que no solamente se reduzca a lo reproductivo con prejuicios de orden religioso. Ese es su sétimo legado a la educación pública, otro que tampoco tenía un plan B creado, sino que se impuso arbitrariamente por razones politiqueras sin haber diseñado previamente la propuesta alternativa.
En octavo lugar, también eliminó el protocolo para la protección de personas LGTBI+ contra el bullying escolar. ¿Para qué tantos protocolos, con solo uno basta, salieron a decir los machistas que no pueden entender que las personas vulnerables -por ese mismo machismo- requieren protección diferenciada. ¿Qué problema causaba ese protocolo? Ninguno, las excusas otra vez fueron absurdas y la medida politizada sin criterio científico ni profesional, como así demostraron luego varios especialistas en la materia.
Pero el asunto no cerró ahí porque, en noveno lugar, la jerarca Ana Katharina Müller Castro, dejó en casi tres años al frente del MEP una estela decisiones arbitrarias que provocaron denuncias de persecución y malos tratos de ex funcionarios en puestos de decisión que tuvieron que retirarse de sus puestos.
En décimo lugar, el ocultismo y manejos extraños privaron. Alertó en ese sentido un llamado público del Programa del Estado de la Nación -PEN-, porque la ministra no quería autorizar la entrega de los datos oficiales sobre la situación de la educación en la actualidad. Esa forma de ejercer la autoridad, donde se evita asistir a audiencias en la Asamblea Legislativa y se niega información oficial pública, como siempre se ha aportado, a una institución fundamental como el PEN, generó suspicacias, desconfianza y sospechas de manejos corruptos o, al menos, incorrectos en el MEP.
Cuando el diputado y ex director de escuela Leslye Bojorges dijo, en una llamada intervenida por el OIJ, que él podía entrar al MEP -Torre Mercedes- por el parqueo para evitar los controles de seguridad, esas sospechas aumentaron, más si consideramos que la escuela que había dirigido Bojorges recibió una partida por 4.000 millones que había sido desviada extrañamente del presupuesto. ¿Y los criterios técnicos? Con la señora Müller, ni los técnicos, ni los científicos, ni los profesionales, ni mucho menos los educativos.
El legado de la ex ministra Müller, quien renunció para aparentemente participar en procesos electorales próximos, no es otro más que el de la vergüenza para quien trabaja, conoce y realmente tiene un compromiso con la educación pública. La primera ministra de Educación Pública en la historia a quien realmente no le interesó la educación. Los hechos lo evidencian con claridad, sin politiquerías.
La peor ministra de Educación que este educador ha conocido en sus 35 años de experiencia como estudiante y como profesor en centros educativos públicos y privados, en primaria, secundaria y universidad. Tanto así que hasta su propio hermano consideró errático su paso por el MEP.
“Ahora toca revertir los daños en ambiente, cultura y educación. Estos son los verdaderos pilares sobre los que se construyó mi país”, afirmó Eduard Müller como una premonición.
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