El voto silencioso existe en Costa Rica porque históricamente el costarricense no asume la política con el mismo interés de los fanáticos, por eso las encuestas más serias calculan que en este momento cerca de 7 a 8 de cada 10 personas en este país no tienen partido y no tienen decidido por quien votarán el 1 de febrero del 2026.
Esas personas son quienes realmente decidirán las próximas elecciones para presidencia y diputaciones. Pero, además, las personas que manifiestan preferencia electoral también pueden cambiar, no todos los decididos a votar muestran completa seguridad al respecto. Eso contrasta con la época del bipartidismo, cuando era el revés, 2 o 3 de cada 10 personas mostraban indecisión sobre su voto, el resto normalmente ya estaban decididos por el PLN o el PUSC.
Por otra parte, se trata de un voto que en muchos casos no se manifiesta, no le gusta manifestarse, prefiere conservarse hasta el final, por eso le llamamos voto silencioso.
Este análisis es parte de otro artículo donde se exploran las claves para las próximas elecciones nacionales.
El voto silencioso y el voto útil
Hoy al menos 8 de cada 10 electores en Costa Rica no tiene decidido por quién votarán en febrero y es posible que 3 de esos 10 no voten -si nos basamos en el abstencionismo promedio cada 4 años y esperando uno menor esta vez-.
Es erróneo considerar que si el 55% -según CIEP- consideran la gestión de Chaves como positiva, eso se traslada a votos a favor del chavismo. Eso le dicen los titiriteros a los seguidores de ese grupo para alimentar un falso triunfalismo que, después, puede ser contraproducente, porque puede convocar a denuncias falsas de fraude electoral y violencia política. Y eso parece intencional por parte de Rodrigo Chaves y su grupo.
Hoy tenemos a la gran mayoría de costarricenses sin decidir su voto, lo que representa un voto silencioso que decidirá las elecciones, pero que espera para poder comparar y reflexionar sobre los aspirantes. Hoy, que ya venció el plazo para definir candidaturas presidenciales, la gente ha empezado a manifestarse un poco más y los próximos estudios serios y creíbles de opinión darán pistas sobre cómo andan las preferencias iniciales del costarricense.
Ese voto silencioso hacia el final podría convertirse en uno útil, que finalmente se decante a votar por una candidatura con mayores posibilidades de ganar o pasar a segunda ronda, según se polarice la elección o no, en un virtual clivaje político. Es decir, el votante podría votar por una candidatura que pueda ganarle a quien considera una amenaza, votar por “el menos malo” para evitar que gane “el más malo”.
El clivaje político se define como una polarización de último momento donde dos grandes grupos terminan por enfrentarse entre sí por razones ideológicas y políticas. Por ejemplo, demócratas contra adversos a la democracia o promotores de un régimen dictatorial, o conservadores versus progresistas, o derecha contra izquierda, entre otras posibilidades que existen.
El leitmotiv, es decir, el tema clave, recurrente y predominante en los debates será el que defina qué podría conducir a un clivaje. Según parece, la democracia será ese leitmotiv, la oposición enarbolando su defensa y el chavismo atacándola. Claramente habrá otros temas alrededor, como la manoseada corrupción y el más vigente de la actualidad: la inseguridad.
Ese voto útil también puede ser gestionado o impulsado por los mismos candidatos y partidos, si establecen alianzas informales al cierre de las elecciones y según los resultados que den los estudios de opinión serios y creíbles. Como ha sucedido en las elecciones anteriores, lo más probable es que realmente sepamos las preferencias hasta diciembre-enero.
Yo, en lo personal, no me animo a realizar proyecciones o predicciones sobre cómo quede la próxima asamblea, porque sin duda afectaría el sesgo de lo que yo quiera que suceda, así que creo necesario dar más tiempo para valorar más datos y tener más elementos de análisis.
Ahora bien, si fuera hoy el desenlace, me parece que hay 4 fuerzas que están generando en este momento mayores adhesiones: Alvaro Ramos del PLN, Laura Fernández de Pueblo Soberano, Ariel Robles del Frente Amplio y Claudia Dobles de Agenda Ciudadana. Percibo a un Juan Carlos Hidalgo retrasado en el inicio, a un Fabricio Alvarado con su histórico apoyo desde los cultos, pero disminuido por el alcance del chavismo y aún no despegan Natalia Díaz, Claudio Alpízar o Fernando Zamora. Pero insisto: es muy pronto.
El techo de los partidos y candidaturas
Cuando hablamos del techo nos referimos al alcance máximo posible de cada candidatura o partido político. Todavía no tenemos datos estadísticos para definir ese techo con mayor precisión, lo que se logra con la famosa pregunta en las encuestas “¿por quién usted nunca votaría?”
No obstante, podemos realizar algunos acercamientos. Por ejemplo, Fabricio Alvarado tiene un techo establecido por los creyentes dogmáticos de sus ideas ultra conservadoras, anticiencia, antivacunas y de derecha extrema asociada a la religiosidad. Es decir, sus seguidores fanáticos que provienen de los cultos y de su capacidad de influir en esos cultos evangélicos y pentecostales, en particular. Pero con seguridad perderá muchos de esos votos con el chavismo.
Ramos Chaves, por su parte, se posicionó en un partido que en las elecciones del 14 y 18 tenía un techo que rondaba entre los 300 y 400 mil votos, pero que mejoró hace 3 años y medio, cuando Figueres Olsen logró 571 mil votos en primera ronda. Si se considera el desgaste de ese partido y las feroces críticas que enfrenta, es difícil que esos números puedan mejorar, aunque es innegable que Ramos es un buen candidato.
El Frente Amplio y el PAC -hoy Alianza Democratica- enfrentan una particularidad: el voto progresista. ¿Cuántos votos progresistas han en Costa Rica? Es difícil saberlo sin un estudio, pero si vemos las elecciones del 14 Villalta logró 354 mil votos, mientras Solís Rivera 630 mil en primera ronda, un escenario impensable para el progresismo que, en esos años, apenas se mencionaba. Pero hoy es distinto.
En el 18 el FA sucumbió y el PAC apenas logro el segundo lugar para ir al balotaje. Pero en el 22 el FA levantó y recuperó la mitad de votos del 14, mientras el PAC colapsó y no obtuvo ni un solo diputado. En el 22 el que levantó de último momento fue el PLP de Feinzaig, quien se apropió de la etiqueta progresista aunque nunca lo fue.
¿Cuál es el techo real del Frente Amplio o del PAC ahora en coalición? Difícil saberlo, pero queda muy claro que dependerá del desempeño de las candidaturas, Claudia Dobles y Ariel Robles. El FA tuvo su mejor desempeño con José María Villalta y esta es la segunda vez que lanza a un candidato diferente.
El PUSC sigue arrastrando el problema de pérdida de credibilidad y desgaste político por corrupción y oportunismo, además de haber tenido candidaturas que no lograron llamar la atención. JC Hidalgo no parece ser un candidato sobresaliente, pero falta conocer su desempeño. Hidalgo tendrá que pelear con Natalia Díaz y el mismo Eli Feinzaig del PLP entre los votantes libertarios o liberales de derecha, un nicho pequeño que se hace acompañar usualmente del conservadurismo cristiano en sus múltiples formas.
Serán las y los candidatos quienes finalmente logren meorar o no el techo de cada partido.
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