Claro que es notoriamente relevante, no es cualquiera el que se gana el “premio” de pasar a la historia como el segundo ministro o ministra con un voto de censura de la Asamblea Legislativa.
Pero además de pertenecer a una triste y decadente página de la historia, es relevante porque fue notorio y visible en todo el país que el Congreso emitió una moción de censura a una jerarca del estado, una situación en la que la mayoría de diputados y diputadas decidieron llamar la atención sobre un mal comportamiento de una jerarca del Ejecutivo, una que protege el presidente Rodrigo Chaves, a pesar de tantas incongruencias y fallos reiterados.
Es inevitablemente relevante si nos enteramos de que la argumentación de los diputados y diputadas para votar de manera favorable esa moción de censura es abundante, bien fundamenta y hasta indignante.
En breve: reiteradas ausencias a rendición de cuentas en la Asamblea -una prepotencia inusual en un jerarca del estado-, una ruta de educación vacía que sostiene una retórica igualmente vacía, pero lo más grave de todo es cómo ha respaldado la reiterada reducción de la inversión del estado en educación -y no cualquier reducción, una de miles de millones de colones que ha mermado servicios sensibles-. Es por mucho la peor ministra de Educación de la que yo tenga memoria en 35 años. Todo es muy relevante.
Es muy relevante y determinante, además, que ahora los estudiantes y docentes -todo el sistema educativo-, siga operando con una “jefa” sin credibilidad, censurada, cuestionada y sin autoridad alguna ya para dirigir los hilos del ministerio más grande del Poder Ejecutivo. ¿Qué credibilidad se le dará a una ministra que en lugar de defender la educación se presta para otros intereses y por eso recibe una boleta por mala conducta? ¿Qué legitimidad tendría la directora del centro educativo en la comunidad si la junta de padres reprueba sus conducta en la administración y dirección? Lo mismo aplica para la ministra Müller. Y eso, claro que es relevante.
Es relevante, si se tiene vergüenza profesional y ética, porque ningún puesto vale que uno sea recordado como el jerarca de la educación que mermó la educación para favorecer políticas fiscales recortistas sin sensibilidad social, como el jerarca que fue censurado por la reunión de otras fuerzas políticas que componen el país. Y, por esa misma vergüenza, la ministra Ana Katharina Müller debería renunciar, pero según parece la señora está bañada en aceite.
Estoy de acuerdo con quienes aducen que un voto de censura debería significar la destitución del ministro o ministra respectivo y que se debería avanzar en esa dirección, pero hoy decir que la moción no es relevante por esa razón, tampoco es válido.
Y peor aun: salir diciendo que “para el Gobierno es irrelevante”, como lo hizo la ministra de la Presidencia, Laura Fernández, sin ningún respecto por el Poder Legislativo ni la democracia costarricense. Se debe tener una idea esencialmente totalitaria, dictatorial, en mente para no considerar la censura de otro poder de la República. En Gobierno lo único relevante es lo que diga Rodrigo Chaves, el criterio de los demás, ese sí que es irrelevante. Es la esencia de un pensamiento dictatorial: emitir dictados desde el poder único y totalitario, mientras los demás asienten como focas, ovejas al redil o ganado al matadero, usted escoja su propia imagen.
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