OPINIÓN. No me decepcionó la serie Cien años de soledad. Extraordinaria producción y un manejo impresionante del “realismo mágico” para su puesta en escena cinematográfica.
Ahora bien, si usted quería que fuera idéntica al libro, entonces mejor léase el libro o reléalo. Si usted quería que fuera más fantasía o relato fantástico, entonces busque una película basada en Tolkien o Carver.
El realismo mágico o lo “real maravilloso” latinoamericano tiene sus particularidades que le recomiendo investigar y no vienen al caso en este artículo. No es la usanza de Hollywood habituada a la fantasía o lo fantástico al estilo de Stephen King o Ray Bradbury, esto es diferente, es otra cosmovisión o visión de mundo.
La mega producción es impresionante, la construcción de ese Macondo y sus características tan particulares. Las actuaciones son notables, algunas excelentes, otras de caricatura, pero en general es así en la serie televisiva.

El guion me gusta, sopesado, quizás algunas partes flojas para mi gusto, quizás otras innecesariamente alargadas, esas impresiones son normales también cuando una serie se basa en un libro y, sobre todo, en un libro que produjo un Premio Nobel de Literatura y un libro muy afamado.
No soy experto en la literatura de García Márquez, ni en el cine del realismo mágico latinoamericano, pero en general resalto y valoro el trabajo realizado, porque me mantuvo atento e impactado, logró generarme expectativa y no se hizo telenovelesco, que era mi temor, como en el caso de “Como agua para chocolate”, basada en el libro homónimo de Ángeles Mastreta -en Max-.
Su mayor acierto para mí es que se rescata y da fortaleza al legado latinoamericano en lo fundamental: nuestro origen desde la Colonia y los inicios republicanos, el pionero que abrió trocha y fundó pueblos en medio de la nada -como mi natal Coto Brus; San Rafael de Sabalito, mi pueblo, bien podría ser mi Macondo y quizás usted tenga el suyo propio-, el cómo se conformó el miedo y la imaginería alrededor de la muerte, cómo la política y la guerra pervirtieron la salud mental y la paz social de nuestros pueblos originarios, la lucha entre conservadores y liberales de principios del siglo pasado y muchos otros aspectos. Hay más que podría citar, pero no lo hago por riesgo de hacer spoiler.

Quienes leímos de jóvenes libros del “boom latinoamericano” en la corriente literaria del realismo mágico en los ochentas y noventas, y quienes vivimos esas realidades de “Cien años de soledad”, “Pedro Páramo”, “El árbol enfermo”, “Una burbuja en el limbo”, “Murámonos Federico”, “Marcos Ramírez”, por citar algunos ejemplos de realidades de aquellos tiempos, podemos identificarnos y sentir en esta serie esa realidad, ese escenario y ese ambiente socio existencial que vivimos en nuestras vidas campesinas y leímos en los libros.
Los personajes, en general, son trabajados con tino. La locura de José Arcadio Buendía a raíz de su curiosidad intelectual, por ejemplo, me parece bien lograda. Y Aureliano Buendía no defrauda. Úrsula es un arquetipo de la matrona latinoamericana y, en general, el comportamiento del pueblo es fiel a todos esos Macondos que hemos conocido en nuestra subregión.
Por eso es probable que quien creció en la ciudad desde niño, sin contacto con el campo, no pueda comprender los alcances de lo que plantea esta obra audiovisual y cómo recoge lo que el libro escenifica, de manera asombrosa, para mí inesperada. Al final, muy contento y satisfecho con lo visto.
Entradas recientes:
Plantón por la democracia estará en al menos 8 comunidades fuera de San José (y creciendo)
Infobreves de hoy – 4 de agosto de 2026
Costa Rica pide no viajar al Medio Oriente y admite que no puede evacuar a sus ciudadanos: situación es complicada
Conozca los nutrientes de cada una: Las frutas tropicales son un mundo de pura salud, pero también de mitos y mentiras
Leave a Reply