Quizás esta “Dialéc-tica” de hoy parezca reiterativa, pero en realidad es más complementaria de algunas ideas que he venido confrontando sobre el necesario análisis de los comicios de febrero y, sobre todo, del futuro legislativo y electoral que viene para los demócratas, un inminente bipartidismo en el contexto de movimientos políticos con poca lealtad.
➡ Primero, vamos a recordar algo y tenerlo muy presente: Nueva República desaparece del mapa electoral por obvias razones que se conformaron hasta la última sesión de la legislatura que recién concluye: fue absorbida por haber sido servil, complaciente y aliada del chavismo. Empezó con 7 curules y terminó sin ninguna, además de perder a la más resonada de sus conquistas en el camino: Gloria Navas (ella sintió a tiempo que todo iba mal ahí).
➡ Lo mismo podemos decir del PUSC, que de 9 curules terminó con 3 o 4 más o menos fieles al partido, pero es claro que Melina Ajoy, Leslye Bojorges, Carlos Andrés Robles, Horacio Alvarado, María Marta Carballo y Daniela Rojas terminaron traicionando, unos más que otras, al partido que les prestó la divisa para lograr el poder. De socialcristianos, ni el asomo. Por puro y llano oportunismo, también fueron absorbidos por el chavismo. El PUSC tendrá solo una diputada los próximos 4 años.
➡ Pero ojo que, segundo, el oportunismo y los tránsfugas no fueron exclusivos de esos dos partidos ofrecidos al mejor postor, no, en el PLN hubo tres también: el funesto Gilbert Jiménez, que hasta quiso ser candidato presidencial de esa agrupación sin mayor mérito, la contradictoria Carolina Delgado y la oportunista que al final se desvió, Sonia Rojas, la legisladora que se decía representante de la comunidad indígena y que, quizás por la presión rural, terminó extraviada.
➡ Pero, tercero, no podemos olvidar que los tránsfugas también han sido los alcaldes, especialistas en el ejercicio de traicionar la bandera partidista y estar atentos a cualquier oferta. Los casos de dos “mariachis” como “Tuca” Navarro en Coto Brus o Gabriela Jiménez en San Ramón, o de un puñado de liberacionistas -como el caso de Juan Diego González en San Carlos-, que se fueron doblegando al oportunismo que ofrecía la narrativa chavista, son ejemplos de esa estirpe de políticos sin claridad ni lealtad ideológica o partidaria. En las municipalidades es cada día más común.
➡ Ahora bien, no vamos a entrar a debatir si es falta de militancia, carencias programáticas o falta de ética política -que para mí es un poco de todo- lo que sucede con esos oportunistas y mercaderes de la política, que nunca podrían llamarse estadistas. El punto es que el riesgo de que legisladores del PLN se pasen de bando con el oficialismo, es latente y hasta probable, sobre todo en diputados de zonas rurales, que sienten una mayor presión de un electorado chavista en su mayoría, que ha sido más obnubilado por el discurso populista y autoritario.
El inminente bipartidismo a las puertas
➡ Sin embargo, esos diputados deben tener muy claro que, en esta oportunidad, la gente los votó por ir contra el chavismo, por emitir un voto adverso al chavismo, de manera que una traición de ese tipo tendrá un alto precio político en los personal y social. En estas elecciones recién pasadas, la gente no votó por los partidos, votó por el candidato con mayores posibilidades de derrotar al chavismo, aunque fracasara la unión partidaria, la alianza o la coalición y, por ello, el voto se difuminó en un tanate de partidos, principalmente en 3 de oposición. Para más claridad: Pueblo Soberano logró un 48,3% de los votos, mientras que todos los demás partidos -excepto Nueva República-, lograron 49,3% (el resto son votos nulos y en blanco).
➡ Además, deben considerar con certeza estadística y electoral que la mitad de la población NO apoya al chavismo -según los estudios serios-, y que solamente un 32% de los costarricenses votaron por Laura Fernández. Y además que un 35% de electorales votaron contra el chavismo, con un abstencionismo de un 31%. Ese 35% sigue siendo mayoría electoral y, en caso de una polarización marcada para próximos procesos electorales, podría actuar según corresponda.
➡ Como ya he dicho en artículos anteriores, es ahora o no hay más allá para una gran coalición partidaria que forme un partido político grande para reunir al electorado costarricense democrático en contra de las aspiraciones dictatoriales del populismo autoritario, ahora con la bandera de “Pueblo Soberano” (si no es que se parten en el camino), pero que se define mejor como chavismo, aunque no guste a unos y otros.
➡ Soy alguien que se siente cada día más apartidista, aunque tenga muchos aprecios y afinidades hacia los verdaderos socialdemócratas del PLN, los verdaderos socialcristianos del PUSC, los progresistas socialistas del Frente Amplio, los progresistas de centro del PAC (o CAC) e incluso otros partidos y candidatos del lado demócrata. Y como yo, cientos de miles que, no me queda duda, están buscando una nueva ilusión en un movimiento político y social que reúna y encuentre a los demócratas.
➡ Siento, pienso, percibo, tengo la intuición y el instinto político me dicen que ES EL MOMENTO de eliminar las divisas anteriores, las marcas gastadas, el branding maltratado y los lemas vacíos de los partidos que quedan. Eso definirá y reforzará lealtades reales entre las curules del próximo período, entre los próximos candidatos a las alcaldías y los futuros aspirantes a una diputación, pero ante todo definirá una fuerza plural, democrática, grande y firme contra las amenazas de hoy. Para mañana es tarde.

