En memoria de Elisandro Alpízar,
otra víctima de la droga
y las calles de San José.
Muere Al Robinson. El mito, la leyenda, el hombre que pese a su sensibilidad y formación, vivió en la calle más de 42 años, aunque tuvo un pasado familiar estable y llegó a grabar su propia música.
Albert Robinson Roberts vivió en las calles de San José buscando su comida y superó los setenta años de edad viviendo sus últimos días andrajoso, desnutrido y víctima de su circunstancia.
Rondaba por Cinco Esquinas de Tibás y finalmente murió el pasado 1ero de julio, a sus 72 años, para pesar de muchos de sus amigos que lo recordarán con nostalgia.
El artista Danny Marenko lo memora como parte del imaginario josefino, “recuerdo cuando lo conocí, allá por el año 1990 en el Taller de Danza, era el músico que acompañaba las clases”.
El escritor Alfonso Chase, un josefino empedernido, lo definió como “un bueno, un amable, un gran artista que vivió y murió como quiso”.
“Lo extrañaremos, era un duende mágico, un pitoniso que emanaba un hálito de misticismo”, agregó Marenko.
Sobre él escribió el poeta Frank Ruffino:
“Sos, Al, como un edificio
tan viejo y duro
que ya nadie alza a ver.
Albert levita en las horas
más pesadas de 4 a 6 de la tarde
y su vida de molusco
transcurre a un kilómetro por hora
al tanto que el mundo corre
inexorablemente hacia su abismo”.
En efecto, Robinson ya era parte del paisaje urbano de la ciudad de San José y provocó la atención de varios estudiosos y artistas. Sobre él se hicieron varios audiovisuales.
La droga fue el detonante que lo llevó a las calles: “yo consumo 5 piedras de crack al día”, aceptó Robinson en 2012, en este video.
En oportunidades perdió la cordura y empezó a divagar, un tanto por el efecto de las drogas y, según algunos, por su búsqueda espiritual. Aunque tenía sus momentos de lucidez lo usual era verlo perdido, con sus ojos tiernos y tristes.
Joven destacó como músico, por su talento, pero además por su capacidad para pensar, para reflexionar los asuntos del mundo y de la vida. También narraba cuentos y escribía poesía.
El de Robinson no es un caso único, hace unos años conocimos la historia del poeta Óscar Castro, quien también a pesar de una formación universitaria en el extranjero y un futuro prometedor, cayó en las drogas hasta que terminó en las calles de San José.
Hoy Castro se recuperó y salió de las calles, para dar a conocer su libro “Indigente”, escrito en aquellos momentos difícil es de su vida.
Le recomendamos este cortometraje de 2009, dirigido por Erick Vargas Williams.
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Le compartimos también estas geniales fotos de Danny Marenko, quien en sus conversaciones con Robinson, pudo capturar sus más características expresiones:



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