Algunos países resisten el embate del populismo y algunas intenciones de autoritarismo y dictadura, pero otros sucumben estrepitosamente ante algunas fuerzas -de izquierda como de derecha- en esa dirección.
La respuesta fácil y rápida que hemos venido ensayando sería: la institucionalidad y el estado social de derecho. También podríamos agregar la educación, que para mí es incluso más fundamental que los dos factores anteriores. Sin embargo, en este artículo quiero ir más allá o, quizás, hacer un análisis más técnico, aunque la respuesta siga siendo la misma.
En la teoría de sistemas más moderna en las Ciencias Políticas (en algunos teóricos como Habermas, por ejemplo), se habla de un concepto llamado autopoiesis. Poiesis (de donde viene la palabra poesía) significa básicamente “creación”, así que autopoiesis es autocreación, es decir, la capacidad de un sistema de auto crearse y auto generarse y regenerarse a sí mismo.
Resulta que en los sistemas más elaborados y consolidados, con sus propias interacciones definidas, como sus mecanismos de retroalimentación con el exterior y con otros sistemas, finalmente se empiezan a elaborar movimientos y una dinámica de autopoiesis. Evidentemente, esto se da en sistemas con una fuerte institucionalidad democrática y un estado social de derecho. La institucionalidad por sí misma más bien puede hacer implosión o ser el problema cuando NO es democrática ni basada en la legalidad, o bien si funciona de manera ineficaz o ineficientemente.
Cuando analizo lo que sucede en el sistema político de Costa Rica, uno consolidado y firme, percibo que tiene sus propias autopoiesis, es decir, desarrolla su propia capacidad de autogenerarse cuando se le hace daño. En otra palabras, tiene sus propios mecanismos de defensa, como las personas.
Los sistemas políticos, cuando tienen una estabilidad media que les permite existir y coexistir, generan su propia autopoiesis a manera de péndulo. Es decir, los mismos sistemas desechan o rechazan a los extremos por la misma naturaleza y dinámica sistémica: el péndulo tiene su propia gravedad que evita que se vuelva loco y se eleve demasiado hacia los lados.
Sobre este tema, desde otro punto de vista,
ya me había referido en este artículo en octubre de 2023
Por eso vemos en algunos países, por ejemplo, cómo hay cambios radicales que tiran el péndulo de un lado al otro, de la izquierda extrema a la derecha extrema, porque en esos países aún hay un resguardo del sistema, un estado y una institucionalidad que siguen siendo democráticos a pesar de los embates. Pero esos giros de un extremo del péndulo al otro no son convenientes y pueden terminar por romper el péndulo mismo, es decir, la capacidad de los países para mantener su sistema. Y entonces vienen los regímenes autoritarios que luego se desenmascaran y se convierten en dictaduras.
Siento que en Argentina está pasando por algo de eso. Lo mismo ha sucedido en Brasil cuando llegó el fundamentalista de Bolsonaro. Pero hay sistemas que no tienen capacidad de autopoiesis, como El Salvador, Venezuela o Nicaragua, por ejemplo, donde las dictaduras se consolidaron con relativa rapidez, sin necesidad de un golpe de estado -como sucedía antes- y sin necesidad del ejercicio militar, es decir, con los mismos mecanismos de la democracia. Por eso la democracia, por sí misma, no basta, es necesario fortalecer los sistemas para que tengan vida propia, para que tengan autopoiesis, se puedan regenerar a sí mismos sin las arbitrariedades humanas de los gobiernos de turno.
Costa Rica, en particular, pasa por un episodio de una especie de kakistocracia, donde un líder mesiánico y prepotente, desdeñoso de la democracia, de la legalidad y del mismo estado social de derecho, habla con desparpajo diciendo que respeta la democracia y la legalidad. Créanme lo que digo, no lo que hago. Esos discursos, bien distribuidos, suele calar en la gente inocente o ingenua, que son la mayoría de nuestros pueblos, porque nuestra educación no ha logrado el nivel deseado.
El actual presidente Rodrigo Chaves, confiado en un grupo de seguidores que le aplauden todo, sin criterio propio, emite discursos populistas, en lenguaje chabacano y hasta vulgar, para congraciarse con ese grupo. Entonces culpa al sistema, culpa al estatus quo, a los gobiernos anteriores, a la oposición, a las instituciones y a la misma legalidad. Así desplaza su incapacidad de negociar, pero ante todo lo que está haciendo diariamente con ese discurso soez es lanzarle dardos al sistema democrático.
Pero el sistema costarricense tiene su propia autopoiesis, su propia poesía interna que lo regenera, le permite reaccionar, sacudirse y volver las cosas a su estado normal. Si el autócrata con aspiraciones dictatoriales pretende pasar por encima de la ley, ahí está el sistema inmunológico que genera anticuerpos: la Sala Constitucional, la Contraloría, El Poder Judicial, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Procuraduría, las universidades públicas de alto nivel, la Fiscalía, las municipalidades y el resto en engranaje de instituciones del país, todas ellas autónomas e independientes, descentralizadas y desconcentradas, hasta cierto nivel. Todas ellas fungiendo para que el sistema funcione y se regenere cuando recibe golpes.
Pero las bacterias, los virus y los microorganismos, en general, siempre encuentran un lugar por donde entrar, así que el sistema (y sus componentes humanos) no pueden aflojar nunca, deben alimentarse bien (educar a la población) y deben generar los insumos y la retroalimentación que sean necesarios para mantener la salud física y mental del sistema.
Ahora bien, ¿qué afecta la capacidad de autopoiesis de un sistema democrático como el costarricense? En mi criterio uno básico y muy preocupante: nos estamos alimentando muy mal, a punta de comida chatarra. Costa Rica perdió hace rato el sentido en el campo de la educación, una cada vez más y más mediocre, que no empuja para lograr mejores ciudadanos, sino mejores trabajadores. Este tema es otro y amplísimo, pero es importante dejarlo mencionado.
El otro problema se llama corrupción y narcotráfico, un cáncer en dos versiones que puede meterse al sistema y causar la muerte. La corrupción de ayer no es diferente a la de hoy, cuando el estado es usado para beneficiar a unos pocos en perjuicio de muchos (la Ruta del Arroz, la venta del BCR, la reducción de la inversión social y educativa, tratados en perjuicio de nuestros productores agropecuarios, industriales y tecnológicos, el olvido de incentivar la ciencia y la tecnología, el pretender destruir la educación superior de calidad, etc.).
¿Cuánto podrá soportar el sistema y cuánto podrá volver a regenerarse? Estamos por verlo, estamos en una época de enfermedad, en el que el sistema está siendo probado y, ojalá, una época de pase a la historia solamente como una mala gripe de 3 días, de la que podamos aprender y donde podamos regresar el péndulo a los movimientos calmos que tenía, sin tirarse a los extremos como pretenden algunos a fuerza de empujarlo a punta de fanatismo, populismo y otras especies de la política enfermiza. Vendrá un momento de un refuerzo de la vacuna para fortalecer al sistema inmune.

