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Estamos regresando a la década de los ochenta en casi todo

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Estamos regresando a la década de los ochenta en casi todo, en la gran mayoría de temas económicos, políticos y sociales que nos atañen como país, como Costa Rica, y los indicadores no mienten (imagen solo con propósito ilustrativo).

Hemos perdido los primeros lugares en la mayoría de los rankings de salud, políticos, sociales, educativos y hasta deportivos tanto en la región cercana (Centroamérica y el Caribe) como en Latinoamérica. Cuando revisamos los indicadores no es muy difícil comparar los datos de hoy con los de hace una, dos o incluso tres décadas atrás, para ver que de estar en los primeros 3 lugares de Latinoamérica, hoy andamos apenas peleando por estar en los primeros 10 (y casi como inercia de lo logrado en tiempos anteriores).

El fútbol no es un asunto aislado

El fracaso de la selección de fútbol masculina no es un asunto aislado, es la punta del témpano que apenas se deja ver. Solamente unas semanas atrás fracasaron las selecciones juveniles masculina y femenina en mundiales de Catar y Marruecos, donde quedaron en los últimos lugares. Tenemos al menos tres quinquenios sin clasificar a mundiales en divisiones menores y, cuando clasifican, las mujeres quedan en último lugar y los hombres en los últimos lugares.

Tal vez usted lo sepa, pero Costa Rica fue a un mundial de fútbol hasta el año 1990 y luego volvió al año 2002, para seguir casi de manera consecutiva clasificando a mundiales (excepto Sudáfrica 2010).

¿Qué sucedió en los años ochenta?

Pero el fútbol es lo de menos. En los años ochenta, Costa Rica enfrentó una crisis de violencia e inseguridad, de ajustes macroeconómicos, de pobreza y, sobre todo, de pérdida de ilusión. Muchos la llamaron la década perdida. Costa Rica mantuvo su deuda externa a flote con negociaciones ante organismos financieros internacionales que nos dejaron una enorme deuda (hasta la reforma fiscal y hasta hoy). Fue una década de ajuste, inseguridad y pobreza.

Pasando de lado aquel ajuste, la década de los ochenta (a pesar de la excelente música que nos legó) fue una década de regreso al machismo. La liberación femenina en los años setenta, la minifalda y el empoderamiento de grupos de mujeres de su cuerpo y su sexualidad fue nuevamente reprimido y los preceptos conservadores se impusieron, hasta entrados los años noventa.

Esas percepciones, visiones de mundo e ideas violentas, machistas, de agresiones sexuales, de predominio de la ley del más agresor, quedaron ahí, pero quizás medio dormidas, mientras grupos sociales y progresistas, que pensaban en el progreso social hacia el futuro, fueron reivindicando derechos para las mujeres, población LGTBI+, discapacitados y otros vulnerables entonces.

Costa Rica se recuperó y empezó a liderar la región

Costa Rica terminó por imponerse en los años posteriores, entonces, desde esa cultura de paz, de trabajo, de inclusión social y empoderamiento nacional (incluso nacionalista) en la región. Éramos ejemplo, potencia, mundial en muchos temas al terminar el siglo pasado y durante al menos 20 años de este siglo.

Costa Rica ostentaba en los rankings de turismo, salud, educación, vivienda, protección ambiental, democracia, libertades de expresión y de prensa, deportes en general y hasta en economía siempre el primer lugar de Centroamérica. Siempre. Tal vez no en béisbol, boxeo o tamaño del ejército, pero en todo lo demás siempre líderes. Y siempre, con raras excepciones, estábamos en los 3 primeros de Latinoamérica, compartiendo podio con Uruguay, Chile o Panamá.

El mismo Nayib Bukele dijo hace unos años que jamás podría comparar a El Salvador con Costa Rica, pero ahora algunos ticos quieren un Bukele para Costa Rica. Dijo Bukele en aquel momento: “No tenemos que ser Suiza, sólo tenemos que ser más similares a Costa Rica o Panamá”.

Pero perdimos terrenos en unos cuantos años

Pero hoy Costa Rica ha perdido terreno en salud (las listas de espera y el desprestigio de la CCSS sigue calando, el estado le debe una billonada y no quiere pagar, entre otros problemas). Nuestra esperanza de vida se detuvo luego de venir creciendo en las últimas décadas y el país sigue estacando en temas como el aborto terapéutico que creíamos superado, por la majadería e ignorancia de grupos conservadores.

Teníamos los mejores índices en preservación ambiental, en ecología y turismo sostenible, pero hoy vemos cómo gobiernos y estructuras de poder hacen maniobras legales, bastante vulgares por cierto, para usar territorio protegidos en proyectos inmobiliarios y seguir arrasando el bosque en riesgo, como Gandoca, Playa Panamá o Portalón, por mencionar 3 casos. Eso ha incidido en retrocesos en varios rankings ambientales.

Costa Rica tenía los índices educativos más asombrosos de todo el continente y nos codeábamos con los nórdicos de Europa, solo parecidos a Canadá, Uruguay o Chile. No invertíamos en ejército, porque nuestro ejército eran los maestros, se decía. Pero la educación venía pudriéndose por dentro, por la ausencia de valores de trabajo, por la falta de mística y vocación profesional, por un MEP anquilosado y padres de familia ampliamente desinteresados.

Y la educación entró en la peor crisis jamás vista, que estalló con la pandemia y finalmente con la inoperante de Ana Katharina Müller. No vamos a ahondar, pero los datos, estudios e indicadores son clarísimos, sin dejar lugar a ninguna duda.

Podríamos hacer una lista de rankings e índices donde nuestro país ha perdido terreno en los últimos 4 años, concretamente, y también podríamos hacer una comparativa con períodos atrás, pero creo que el punto está claro y demostrado: retrocedimos un tanate. Volvimos a la década de los ochenta, donde no destacábamos tanto y estábamos sumidos en una crisis que se solventó gracias al legado de las décadas anteriores (setentas, sesentas).

Curiosamente, los rankings favorables que aún mantenemos son el campo de las libertades y derechos electorales y el enorme prestigio mundial que tiene nuestro Tribunal Supremo de Elecciones, pero hay grupos (donde intervienen extranjeros mal intencionados y con dudosas y oscuras maniobras) que están detrás de su destrucción. Existen otros rubros donde aún mantenemos algún prestigio, pero en los más esenciales han ido cayendo.

Volvimos a la cultura del machismo y la mediocridad

Volvimos al machismo, la inseguridad, la sociedad violenta, la política populista que prometía y engañaba con facilidad a la población más ignorante e inocente, sin resolver nada más que los intereses de algunos grupos que aprovechaban la crisis para enriquecerse, con el tipo de cambio, con contratos multimillonarios con el estado, con corrupción. Porque sí, en los años ochenta el populismo imperó y basado en el engaño y la manipulación, el clientelismo y una política tercermundista que, en lugar de mirar al futuro con sensatez e ideas, creía que lo peor del pasado debía retomarse.

Detrás de todo esto hay un asunto cultural, de mentalidad social y política, un retroceso a “valores”, hábitos, costumbres y pensamientos que creímos superados en aquella década, pero que han vuelto con más fuerza.

Rodrigo Chaves Robles ha sido un símbolo y un ejemplo de cómo, 30 años después, volvió a Costa Rica la chabacanería, la vulgaridad para expresarse, la agresividad, el acoso, la persecución de las personas, el matonismo político y social, así como todas esas actitudes y comportamientos muy propios del rancio machismo del siglo pasado, de lo peor que nos legó el siglo pasado.

Y con esos valores estamos volviendo a la mediocridad, a la ley del mínimo esfuerzo, el conformismo, el darle más valor al patán y matón del barrio que al insigne trabajador que vive en paz con su familia, a esos disvalores que no retroceden a la época de pobreza mental, de incapacidad para solucionar problemas y a la época del serrucha piso que chotea y ataca al que mejor hace las cosas, al que estudia y se supera en la Universidad de Costa Rica, que sigue siendo la mejor de Centroamérica y el Caribe en TODOS los índices.

Es relevante hacer notar que hoy vivimos en una era tecnológica que moldea nuestro comportamiento y nuestras actitudes, sin embargo, en el fondo, a pesar de los avances seguimos siento personas sociales, que asumimos la vida social de una forma u otra. En lo particular, las redes sociales han venido a permitir y hasta promover la mentira, la agresión y el engaño, un retroceso enorme a nivel social. Las redes son, hoy, el espacio donde los años ochenta vuelven (y no de la mejor manera).

¿Es culpa de Rodrigo Chaves?

Por supuesto, porque él sabe, es consciente, de lo que hace y al propio lo hace, para enardecer a sus fanáticos. Sabe bien que después de 30 años afuera, conservó su machismo y nos trajo de vuelta a la década de los ochenta. Sabe bien que sus vulgaridades, matonismos, mentiras, engaños y manipulaciones logran dividir y polarizar al pueblo, logran mantener a la población conservadora, agresiva y machista de su lado. Sabe bien que así los calienta y los convierte en pusilánime a su servicio.

Es populismo y autoritarismo puro y duro, del que dominaba Latinoamérica, precisamente, en los años ochenta, mediante dictaduras de varios tipos, algunas incluso montadas por Estados Unidos, como en Chile y Argentina.

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