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Tico con corona en Zapote – Voz Propia

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OPINIÓN. Luis Felipe Arauz* | Don Rodrigo Chaves se presentó como persona de origen humilde, y logró instalar en la mente de muchas personas que en este país había más de un “tico con corona”, con grandes ingresos pagados por el pueblo, que gobernaban para defender sus privilegios, y que él combatiría esa casta.

A quienes le creyeron, es importante recordarles que quien así se presentaba estudió en un colegio privado, se lo sonaron en la UCR y tuvo que irse a estudiar a los Estados Unidos, de donde pasó a la burocracia internacional, llegando a ocupar altos cargos en el Banco Mundial, de donde tuvo que salir por las razones ya conocidas. También es importante notar que el Banco Mundial se financia en gran medida por medio de los intereses que pagan los países que reciben préstamos de ese banco, incluyendo Costa Rica. Es decir, el salario de esa persona provenía de dinero que pagamos con impuestos.

Además, de acuerdo con la escala salarial del Banco Mundial, muy posiblemente era un salario de entre 7 y 9 millones de colones mensuales. Además, vive en un exclusivo condominio donde las casas valen más de un millón de dólares. Resumiendo: Estamos ante una persona que tuvo el privilegio de estudiar en un colegio privado, que recibió un salario de lujo pagado con fondos públicos, y que vive en un palacio. Un verdadero tico con corona. Además, le acompaña en su discurso una señora que considera que el éxito o fracaso de un profesional se mide por el lujo de su residencia. Entre mayor la corona, más exitoso, de acuerdo con el criterio de esa señora.

También es importante recordarles que en estos tres años, ese señor no solo no se ha comido la bronca como prometió, sino que se ha dedicado a gobernar o proponer proyectos para favorecer intereses particulares de personas afines a él (importadores financistas de campaña, personas ligadas a la educación privada, amigotes que lucran con la salud de la gente), y a desprestigiar a quienes valientemente se oponen a sus desmanes.

¿No era que iba a combatir a los “ticos con corona”? Claramente, la intención del presidente no era esa, sino usar esa farsa para desprestigiar a las instituciones públicas que le ponen freno a sus ocurrencias, a las que defienden la educación y la salud como derechos humanos y no como negocios privados (de sus allegados con corona) o a la prensa independiente que no le rinde pleitesía, que no actúa como siervo de la corona. La intención era destruir a esas personas y a las instituciones que representan, para allanarse el camino hacia calzarse una corona de verdad, monárquica. El camino hacia una dictadura.

Pero aparte de engañar a un montón de gente con el cuentico de los “ticos con corona” y con la bronca que no se comió, lo que hemos visto en estos tres años ha sido un retroceso pasmoso en materias tan delicadas como la seguridad ciudadana, la educación, la salud, el ambiente, la infraestructura, el transporte público, el acceso al agua y a la electricidad. Retroceso ocasionado por mezquindad (poner zancadillas a propuestas de administraciones pasadas, como el acueducto metropolitano, el tren eléctrico de pasajeros, o el proyecto de Agua para Guanacaste), por simple incapacidad o para promover negocitos privados. Sus únicos logros ni siquiera son suyos, son herencias de administraciones anteriores.

Encima de la falta de logros, o más bien para disimular esta carencia, este gobierno ha promovido un peligroso derrumbe de la decencia en el accionar y decir del gobernante: la incapacidad para argumentar ha sido sustituida por una inagotable capacidad para insultar. La incapacidad para redactar proyectos de ley decentes se trata de disimular con ataques a la Asamblea Legislativa. La ignorancia de las leyes y procedimientos que rigen la administración pública ha resultado en ataques a la Contraloría y al Poder Judicial. Se normaliza el uso de la violencia para disimular la propia incapacidad. Y siempre con el mismo lloriqueo: ¡pobrecitos nosotros! no es que somos inútiles, es que esos malvados, malnacidos, desgraciados, no nos dejan gobernar.

*El autor es ingeniero agrónomo.

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