OPINIÓN. La expresión “esto ya amerita un francotirador” de la abogada Jimena Rueda movió las redes ayer y, por supuesto, creó mucha especulación y no menos malas intenciones.
El caso de Jimena Rueda en su real dimensión y en su contexto real requiere una reflexión simple pero clara:
- Es injustificable y no se puede defender la estupidez que cometió. Eso nadie lo defiende.
- Si hubiera sido la hija del vecino, a nadie le hubiera importado y claramente hubiera sido irrelevante, pero
- No era asesora ni estaba ligada a la presidenta de la CIDH, era solo una asistente de un grupo de trabajo, de manera que no tenía incidencia alguna en la Corte y mucho menos representa a una institución tan valiosa como esa.
- La intención de la noticia fue, claramente, atacar dos instituciones a juzgar por el título: la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Sala Constitucional. Es decir, atacar la institucionalidad del estado social de derecho, que son las intenciones de un dictador o un aspirante a dictador. Algo gravísimo.
- La joven Rueda también es sobrina del viceministro de Vivienda del gobierno Chaves Robles. ¿Entonces? ¿Entonces se implica también al Gobierno?
- Ese tipo de manifestaciones simplemente no se hacen y ponen a la gente decente al mismo nivel del tipo que amenazó de muerte a dos diputados y no se presentó al juicio. Ahora tiene orden captura.
- Los derechos humanos y el estado social de derecho deben defenderse de intenciones espurias. Y es claro que este caso será usado por los conservadores y odiadores de los derechos humanos, es decir, los grupos machistas y religiosos que se perciben superiores por estar dentro de una “normalidad” auto considerada.
Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.




Leave a Reply