- Bobby Fischer, el Gran maestro del ajedrez, en vida fue una contradicción andante.
- De alguna manera, siempre resultó salvado por el juego que amó y dominó a la perfección.

OPINIÓN. Por Frank Ruffino*. El Gran maestro de ajedrez estadounidense, paradójicamente antiestadounidense, y campeón del mundo en 1972 (Reikiavik, Islandia) sin duda alguna alcanzó cuotas de contradicción insólitas.
Creo, también, cometió el “crimen perfecto” al no dejar que la implacable justicia de Estados Unidos le capturara y procesara.
Bueno, al fin de cuentas, literalmente Fischer supo anticipar todas las jugadas de su archipoderoso contrincante, lo que no pudieron lograr el Chapo Guzmán o Pablo Escobar que, de no haber sido asesinado, hubiese terminado sus días en el inexpugnable sistema carcelario de la gran superpotencia.

En 1975 se negó a defender el título frente a Anatoly Karpov por no tener claras las condiciones del encuentro, y, por defecto, se nombró al ruso como nuevo campeón mundial.
Aunque de padres polacos judíos, fue antisemita y entusiasta admirador de Hitler.
Luego de su negativa a jugar para defender el campeonato, su vida estuvo envuelta en nebulosas. En 1981 fue arrestado en Los Ángeles al ser confundido con un vagabundo.
Para 1992 reaparece jugando en Yugoslavia, país que estaba sujeto a embargo de Naciones Unidas, EUA le advirtió se abstuviera de esa cita, a lo que Fischer escupió públicamente sobre la carta, junto a la bandera de las 52 estrellas.

Aunque se trataba de un encuentro no oficial, el estadounidense gana al ruso Borís Spaski (nacionalizado francés) y obtiene casi cuatro millones de dólares.
Ya perseguido por su país que reclamaba la extraditación, huyó a Europa del Este. Poco antes aplaudió a los terroristas que derribaron las Torres gemelas donde tenía sede el Centro mundial de comercio, y bombardearon al estilo de los kamikazes El Pentágono, centro neurálgico del sistema de defensa estadounidense.
En 2004 es arrestado en el aeropuerto de Narita, Japón, por usar un pasaporte estadounidense vencido. Pasó ocho meses preso, y de nuevo el ajedrez lo salva cuando Islandia le otorga la ciudadanía y un pasaporte para que viaje e instale en ese país insular al que había “puesto en el mapa” en 1972 al obtener el cetro mundial de ajedrez, donde vivió el resto de su tumultuosa existencia. En la nación asiática había conocido a la ajedrecista Miyoko Watai, dama con quien terminó sus días.

Fischer aprobó que históricamente se produjera el Holocausto. Décadas atrás, también había manifestado su deseo de acabar con los judíos más prominentes de EUA.
El antisemita y antiestadounidense Robert James Fischer, que había nacido en 1943 en Chicago, murió en Reikiavik a los 64 años (2008) a causa de insuficiencia renal, curiosamente la misma enfermedad crónica que padeció el megaterrorista Osama bin Laden, otro que no pudo escapar del largo brazo de la justicia estadounidense, tan temido por los capos de la droga de Costa Rica, Latinoamérica y países subdesarrollados y corruptos.
- *Frank Ruffino es periodista independiente, escritor y poeta, hijo de padres españoles, por lo que ostenta doble nacionalidad.
Lea su cuento “El Rapto impensable” que compone su último libro “Para matar a un androide”, publicado en octubre de 2023 (18 textos).
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