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Israel vota entre Netanyahu y Eisenkot: ningún bloque suma 61 escaños, según los sondeos

Netanyahu y Eisenkot
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Un vistazo
7,3 millones
de israelíes están llamados a las urnas este martes 27 de octubre, en las primeras elecciones desde el ataque del 7 de octubre de 2023.
Quién compite
Benjamin Netanyahu (Likud), en el poder desde hace cuatro años, frente a un bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot (Yashar)
Qué se decide
Si Netanyahu sigue o si termina el Gobierno más a la derecha en la historia de Israel
Meta
61 escaños para tener mayoría en la Knesset
Sondeos
Yashar habría superado al Likud, pero ningún bloque suma 61 escaños; la oposición tiene más opciones
La llave
Los partidos árabe-israelíes; Eisenkot ha dicho que no quiere su apoyo
Si nadie suma
Según el Instituto Israel para la Democracia, la mayoría prefiere repetir elecciones antes que un Gobierno de unidad o en minoría
Resultados
Se conocerán el 28 de octubre
Fuente: Europa Press (Leyre Guijo, enviada especial) · CulturaCR.net

Más de 7,3 millones de israelíes votan este martes 27 de octubre en unas elecciones en las que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, se juega su continuidad tras cuatro años en el poder, marcados por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Enfrente tiene un bloque opositor encabezado por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot, que busca poner fin al Gobierno más a la derecha en la historia del país.

Los sondeos no dan una foto clara: en la recta final el partido de Eisenkot, Yashar, habría superado al Likud, pero ningún bloque suma a priori los 61 escaños de la mayoría en la Knesset. La oposición parece tener más opciones, aunque la llave podrían tenerla los partidos árabe-israelíes, y Eisenkot ya dijo que no quiere su apoyo.

Si nadie logra la mayoría, se abren escenarios como un Gobierno en minoría o uno de unidad, aunque Eisenkot descartó servir bajo Netanyahu. Un sondeo del Instituto Israel para la Democracia indica que la mayoría de los ciudadanos prefiere volver a votar. Los resultados se conocerán el 28 de octubre.

Un Israel dividido decide si avala a Netanyahu o apuesta por el cambio en las primeras elecciones desde el 7-O
Ambos bloques confían en la victoria pero Eisenkot parece mejor situado al tener más opciones de sumar apoyos

Más de 7,3 millones de israelíes están llamados a las urnas este martes en unos comicios en los que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se juega su continuidad tras cuatro años en el poder marcados por el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023 frente a un bloque heterogéneo de fuerzas que, abanderadas por el antiguo jefe del Ejército Gadi Eisenkot, busca desbancarle y poner fin al Gobierno más a la derecha que ha tenido Israel desde su creación en 1948.

Netanyahu confía en revalidar su mandato a pesar de que para muchos israelíes es el responsable último de lo ocurrido el 7-O, máxime tras las revelaciones realizadas por varios medios en las últimas semanas de que fue alertado de antemano de que Hamás iba a atacar y no hizo nada para evitarlo, y de que el retroceso experimentado por la democracia en estos cuatro años y el deterioro de la imagen internacional de Israel también juegan en su contra. A esto se suma que tiene pendiente un juicio por corrupción.

Sus opciones pasan por reeditar la coalición de Gobierno junto a sus socios ultranacionalistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich así como los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá e incluso atraer a algún otro partido de extrema derecha que le pueda ayudar a sumar los 61 escaños que le darían la mayoría en la Knesset.

“Es importante para el Estado de Israel que ganemos”, defiende Amichai Chikli, ministro para la Diáspora y miembro del Likud de Netanyahu, quien reivindica que el primer ministro ha mostrado “verdadero liderazgo” y “agallas” al contrario que los líderes de la oposición quienes estaban dispuestos a rendirse a Hamás y no querían ni atacar a Hezbolá en Líbano ni a Irán.

En un encuentro con periodistas organizado por Fuente Latina, Chikli admite que no tiene “una bola de cristal” para adivinar el resultado, pero confía en que les sea favorable. “En muchas elecciones hemos visto sorpresas, algunas buenas y otras malas”, subraya.

Enfrente tienen a Eisenkot, quien fue jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019 y lidera el partido de centro-derecha Yashar (Recto). El exmilitar ha conseguido aglutinar en torno a él a un bloque a los que les une principalmente una cuestión: su rechazo frontal a Netanyahu, quien es ya el primer ministro que más tiempo ha ocupado el cargo.

Así, el bloque de oposición lo conforman también la alianza B’Yachad (Juntos, centro-derecha) que conforman Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes fueron primeros ministros en el interregno del ‘gobierno del cambio’ en 2021; Los Demócratas, la formación resultante de la fusión del histórico Partido Laborista y de Meretz (izquierda); así como el partido secular de derecha Yisrael Beitenu que lidera Avigdor Lieberman, quien fuera ministro de Exteriores con Netanyahu.

“O el país sigue encabezado por Netanyahu, con la senda peligrosa que ha tomado y que no representa el espíritu de Israel, o ganamos nosotros y traemos el cambio que se necesita”, resume Lianne Pollack-David, candidata por el partido de Eisenkot, quien se muestra optimista de que van a ganar ante las perspectiva de una participación elevada y porque cuentan con el apoyo de quienes votan por primera vez.

La balanza parece decantarse por la oposición

Los sondeos no ofrecen una foto clara de con qué nuevo Parlamento amanecerán los israelíes el 28 de octubre. Aunque en la recta final Yashar habría tomado la delantera al Likud y los israelíes parecen decantarse más por Eisenkot que por Netanyahu como primer ministro, ninguno consigue sumar a priori los 61 escaños necesarios si bien la oposición parece disponer de más opciones para hacerlo.

La llave podrían tenerla en este caso los dos partidos árabe-israelíes, la Lista Conjunta –que agrupa a Hadash, Taal y Balad– y la Lista Árabe Unida, que en su momento formó parte de la coalición que lideraron Bennet y Lapid en 2021. Los primeros se han mostrado abiertos a un apoyo desde fuera mientras que los segundos, más pragmáticos, estarían dispuestos a volver a estar dentro del gobierno, aunque con condiciones.

El escollo aquí es que Eisenkot ya ha dicho que no quiere el apoyo de los partidos árabe-israelíes, movido quizás por la demonización que ha hecho de ellos Netanyahu y por la mala prensa que en general tienen los árabe-israelíes desde el atentado de Hamás. Tampoco entre sus aliados hay un interés desmedido por este respaldo, aunque fuera externo, con la salvedad de Los Demócratas, que no lo ven con malos ojos especialmente en lo relativo a la Lista Árabe Unida.

Por su parte, Netanyahu solo puede aspirar a sumar los cuatro escaños que obtendría el partido que lidera el general liderado Ofer Winter, Pueblo de Israel (derecha), si consiguiera superar el umbral del 3,25% de los votos, algo que no parece garantizado, de ahí el que el primer ministro haya pedido expresamente a esta formación que se retire, algo a lo que no han accedido.

Otras opciones para llegar a la mayoría

En un escenario político tan volátil como el israelí, donde los partidos y las coaliciones nacen y mueren cada pocos años, también se abre la perspectiva de que se rompan las alianzas a la hora del voto de confianza al nuevo Gobierno en la Knesset.

El propio Eisenkot apuntó en este sentido, asegurando que en caso de no sumar los 61 escaños necesarios solicitaría el apoyo tanto del Likud como del resto de partidos sionistas y no descartó una “abstención estratégica” por parte de alguno de los partidos ultraortodoxos.

No obstante, Pollack-David puntualiza que ninguno de los partidos ultraortodoxos apoya los principios en torno a los que se ha forjado el bloque opositor, entre ellos el que sea obligatorio enrolarse en el Ejército. “Mientras siga siendo el caso no podrán formar parte del Gobierno”, añade.

Desde Juntos, sin embargo, aseguran que trabajan para no tener que “mirar a ninguno de los dos extremos”, ni árabe-israelíes ni ultraortodoxos. El exministro Eitan Ginzburg, candidato a la Knesset, plantea una tercera vía, que “una parte del Likud diga que no quiere más Netanyahu” y respalde a la oposición, pero evita dar más pistas. “Habrá que ir caso por caso”, señala en un encuentro organizado por Fuente Latina.

En realidad, el líder de Yashar solo necesita cosechar una mayoría simple, es decir, más votos a favor que en contra, para poder sacar adelante lo que sería un Gobierno en minoría y, a priori, más inestable. Sin embargo, daría al militar, quien perdió a uno de sus hijos en los primeros días de la ofensiva contra Gaza tras el 7-O, tiempo para ganar estatus político y volver a la carga de haber nuevas elecciones en unos meses.

¿Gobierno de unidad?

Precisamente, para evitar este escenario en caso de que no haya un ganador claro, en la recta final han emergido voces que llaman a un gobierno de unidad entre Netanyahu y Einsekot como mejor salida para el país, claramente dividido.

“Prometo inequívocamente que no serviré bajo Netanyahu en un acuerdo de rotación, punto”, dijo la semana pasada en una radio, descartando un acuerdo para rotar el puesto de primer ministro, como hicieron Bennet y Lapid, con ‘Bibi’ dentro, aunque sin cerrarse a acordar con el Likud.

Tampoco esta parece ser una opción del agrado de los israelíes. Según un sondeo publicado el viernes por el Instituto Israel para la Democracia, una mayoría de ciudadanos se decanta por la repetición electoral antes de que haya un Gobierno de unidad o un Gobierno en minoría.

Así, el 35% de los judíos y el 46% de los árabes dicen que prefieren volver a votar, frente al 28% de los judíos y el 9% de los árabes que se decantan por un Gobierno de unidad en el que roten los primeros ministros y un 23% de judíos y un 25% de árabes que prefieren un Gobierno en minoría.

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