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¿Por qué el chavismo autoritario domina la narrativa y qué pueden hacer los demócratas? – Voz Propia

Hostigamiento, autocensura y exilio: las 3 realidades de los periodistas de Centroamérica (Costa Rica enfrenta 2)
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  • Este análisis del politólogo Gustavo Araya permite conocer por qué el chavismo domina el relato político y sigue manipulando a gran parte de la población. Además, cuál es la alternativa para los demócratas.

Gustavo Adolgo Chaves* | El chavismo tiene mecanismos para continuar dominando la narrativa. Tiene la pauta como sistema de premio/castigo para los medios, tiene a todas las instituciones articuladas para aplaudir y no sacar datos negativos, tiene además las granjas de bots y troles, el sistema municipal de transferencias directas para manipular a los liderazgos locales/territoriales, además de eso el sistema de persecución política para mantener amedrentamientos y silencios.

Para quienes señalan solamente o principalmente el papel de la oposición, en la figura de los partidos políticos o fracciones legislativas del bloque democrático, debe quedar claro que no estamos hablando de una competencia simétrica entre narrativas. Cualquier persona formada en Ciencias Políticas lo sabría. Estamos hablando de una asimetría de recursos que el bloque democrático no puede resolver con mejor comunicación solamente. Veamos cada uno de los elementos, punto por punto.

La pauta estatal como premio y castigo no es una hipótesis. El caso de El Chinamo está documentado con sentencia de la Sala Constitucional. El caso de Vilma Ibarra está documentado con directriz ministerial. El medio que depende de pauta estatal para sobrevivir tiene un incentivo estructural para no profundizar en los temas que el gobierno señala como problemáticos. Recientemente hasta Canal 7 tuvo un acercamiento. Sin orden escrita. Sin huella. El sistema de incentivos hace el trabajo solo. El chavismo desde el principio utilizó la pauta supuestamente “democratizándola” y para nadie ha sido un secreto el cambio radical en el ecosistema mediático y de redes (“influencers” incluidos) que ha sufrido el país.

Así, las instituciones articuladas para aplaudir producen el efecto de circulación repetida de contenidos que aumenta la visibilidad de los marcos sin demostrar apoyo social mayoritario. Es decir, la persona ciudadana que ve la misma narrativa en múltiples fuentes institucionales concluye que es el consenso, no que es la pauta coordinada. Detrás de la presión económica a los medios se esconde la imposición de la agenda.

Por otra parte, están las granjas de trolles. Que fungen en dos sentidos. El primero hacen creer a la población -que no habitualmente entra a corroborar perfil por perfil para saber si es falso o no- que se trata de una “mayoría” en redes que apoya al chavismo. Cualquiera que ingresa a una publicación favorable al chavismo verá los emoticones o las reacciones, así como comentarios y dirá de manera automática que hay apoyo al chavismo. Por otra parte, si a esta persona se le ocurre siquiera cuestionar y hacerlo saber, recibirá insultos, ataques, vulgaridades, así como una serie de otras frases que buscarán desinsentivar sus cuestionamientos al chavismo.

Estas redes pueden o no estar pagadas de manera directa por el chavismo, puede o no estar pagada por el narcotráfico o por otros sectores distintos. Ese no es el punto. El punto es que funcionan de manera orgánica como una forma para silenciar la disidencia o para crear la ficción del apoyo mayoritario al chavismo. A eso sumémosle más de una decena de influencers contratados directamente en la Asamblea Legislativa así como otros “generadores de opinión pública”, pagados o no.

Curiosamente los trolles y bots fueron desarticuladas en agosto, pero no desaparecieron. Migraron y reorganizaron. La caída del 67% en conversación digital que reportó el Observatorio de la Comunicación Digital de la Universidad Latina fue temporal. El ecosistema – se trate de Cerimedo y sus satélites o no – tiene sustitutos disponibles y el financiamiento para reconstruirlos. Era cuestión de tiempo.

Ahora bien, está el sistema municipal de transferencias directas. Este es el más difícil de contrarrestar porque opera en el nivel donde el ciudadano ordinario toma sus decisiones políticas reales. El alcalde que recibe la transferencia distribuye el favor. El liderazgo local que recibe el favor moviliza a su comunidad. Esa cadena no se interrumpe con mejor comunicación digital. El gobierno de Rodrigo Chaves revivió la asignación de partidas específicas para las municipalidades en Costa Rica, destinando un monto global de ₡2.500 millones anuales (2025-2026).

Vamos al grano, programa.

Esto funciona como la captura del sistema territorial de liderazgos. Acordémonos que el vicealcalde del cantón de Jiménez, Ricardo Aguilar Solano, denunció en septiembre de 2025 que emisarios del Gobierno le exigieron firmar un documento de adhesión al presidente Rodrigo Chaves como condición para inaugurar una ruta oficial en su cantón. ¿Cuántos dirigentes cantonales más han sufrido presión y no lo han revelado? ¿Cuántos han preferido el silencio y recibir los recursos para las obras de sus comunidades? Ya el chavismo tomó la ANAI y la UNGL. La idea es tomar el sistema municipal completo. ¿Cómo no va a pensar la población que el chavismo es “bueno” si todos las autoridades que se adhieren tienen obras y las que no, no lo logran?

Finalmente, está todo esl sistema de persecución política. Ese que no necesita silenciar a todos. Necesita nada más que unos cuantos casos den razón de que cuando resultaron incómodos para el chavismo, hubo consecuencias. Más de una veintena de casos documentados y públicos son la evidencia del actuar del chavismo. Ese sistema produce silencios, produce también complicidades para quienes quieren acallar a la disidencia o a sus adversarios incómodos.

Como conclusión podemos entender entonces porqué la narrativa chavista ha logrado imponerse. No se trata de que las personas son tontas o no les importa las evidencias. Se trata de que el chavismo a tomado al menos cinco factores para coptar la democracia e impedir las voces disidentes, las voces críticas. Hasta las faltas de ortografía o las malas matemáticas son mecanismos que trolles, bots y demás mecanismos del chavismo han buscado para atraer la atención hacia la polarización. Lo mismo con el reencuadre, como el realizado por Cisneros quien evitó referirse por el fondo en un caso de presunta corrupción, para verlo como un tema de “clavo personal”.

Al chavismo se le da bien la mentira y la desinformación, claro está, al igual que la corrupción y las “casualidades” con el narcotráfico. Pero sepamos que esto no es solo un asunto de narrativa. Se trata de una situación de asimetría en el uso de los recursos públicos. Se trata de que han utilizado al Estado completo, las instituciones y sus recursos para su proyecto. Por eso las elecciones pasadas no fue entre partidos políticos, fue de partidos políticos contra la maquinaria del Estado.

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Aquí, como diría el pueblo: galán, billetera y hablada están tomados por un proyecto antidemocrático que espera quedarse en el poder por años, para su usufructo personal, no para solucionar los problemas nacionales. Por eso están hoy peor que hace cinco años la seguridad, la salud, la educación, la infraestructura, la vivienda, la economía, las finanzas públicas, el ambiente, los derechos humanos y todo. Porque entre peor esté el país y más digan que no los han dejado tener todo el poder para arreglarlo, más se quedarán en el poder para no solucionar absolutamente nada, solo sus finanzas personales.

Costa Rica no sale de esta deriva autoritaria solo con comunicación. Se trata de organización. Se trata de recursos. Se requiere devolver el poder a quienes hoy lo tienen restringido, la ciudadanía, las empresas, la sociedad civil, los medios honestos y democráticos. Se requiere también reconstruir la capacidad institucional en ciencia, academia, salud, educación y ambiente. Ahí está la disputa real por la asimetría, no en el discurso.

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*Gustavo Araya es politólogo especialista en comunicación política.

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