Por Omar Jiménez Camareno | El diccionario nos define a una persona sin dignidad, como:
“aquella persona que se falta al respeto a sí misma con tal de agradar a otras”.

La diputada de Pueblo Soberano, Cindy Murillo, faltándose al respeto a ella misma como mujer, y con ello a todas las mujeres, al faltar a su deber de sororidad, llamó a las diputadas Claudia Dobles y Abril Gordienko, damas de compañía.
Con esta frase, la diputada se falta al respeto a si misma, porque además lo que hace es repetir las típicas agresiones verbales del ministro-expresidente, contra las mujeres que destacan por su liderazgo político en la oposición al oficialismo.
El argumento de la diputada Murillo, de que, por politiquería, están sacando sus palabras de contexto y les están dando un significado que no fue lo que ella dijo o quiso decir, no es de recibo.
Doña Cindy, argumenta que ella hizo un parangón entre un matrimonio y él plantón por la democracia, al señalar que la “Unión de hecho” que según ella existe entre el Frente Amplio y Liberación, se consolidó en un matrimonio en el que las diputadas, Dobles y Gordienko, participaron como “damas de honor” o “damas de compañía”.

No es de recibo la excusa de la diputada Murillo por varias razones:
1- Si aceptamos su excusa de que utilizó el término de “damas de compañía” como sinónimo de “damas de honor”, deja patente su ligereza, para decir lo menos, en el uso adecuado de las palabras, es decir se muestra como una persona con muy escaso conocimiento y de nuestro idioma y un muy pobre nivel cultural.
2- Porque, aceptando, que la diputada Murillo, lo que hizo fue llamarle a las diputadas Dobles y Gordienko, “damas de honor” en un “matrimonio” entre la fracción del FA y del PLN, reduce la participación de ambas legisladoras a la condición de “acompañantes” pretendiendo negarles con ello, todo protagonismo, todo liderazgo.
Y es precisamente ahí donde la frase de la diputada Murillo, es un insulto cargado de misoginia, porque por siglos la cultura patriarcal, ha intentado reducir el papel de las mujeres en la política, al mero papel de adorno, de acompañantes de los verdaderos protagonistas.

Al llamar doña Cindy a las dos legisladoras “damas de compañía”, aceptando como cierta, su versión de que se refería a “damas de honor” en un matrimonio, intenta reducir la labor de las diputadas Dobles y Gordienko a eso, a ser acompañantes, con lo cual intenta negarles su capacidad de toma de decisiones políticas, con liderazgo propio.
Por eso es que al emitir ese epíteto contra dos compañeras en el Congreso, doña Cindy actúa Sin-dig-nidad, porque con ese calificativo está perpetuando el intento misógino de negarle a las mujeres en política un liderazgo y protagonismo propio, para reducir su participación en el de meras acompañantes de quienes, supuestamente, realmente lideran.
Y, al intentar rebajar el liderazgo de las diputadas Dobles y Gordienko, pretendiendo reducirlas a meras acompañantes, la diputada Murillo se falta al respeto a su misma como mujer y a todas las mujeres del país, dejando patente su falta de sororidad.
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