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El arte de mentir no es para cualquier fulano

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  • Columna “Títeres sin cabeza”. Por Frank Ruffino

Hoy dicen que es miércoles y a ciencia cierta yo no lo sé.

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La mentira es la argamasa que une a los ladrillos de esta especie apenas tratando de desentrañar los rudimentos y misterios infranqueables del Tiempo y Materia en sus expresiones cuánticas.

No más aprendiendo a comunicarnos y hablar (especie e individuo), empezamos a mentir cual medio que busca justificar nuestros propósitos finales.

La materia o disciplina social de la Historia no sería tal sin su majestad, la mentira: en esta tercera dimensión vivimos en un limbo de inexactitud y aturdimiento, mas, es vital para el individuo y las sociedades creer que saben con el objetivo de apuntalar el poder y jerarquías sobre los sectores más ignorantes e incultos.

Y los físicos teóricos rellenan adrede, de mentiras explícitas, infinitos y abismales «agujeros negros» de desconocimiento para formular teorías y modelos matemáticos, así, el universo, supuestamente (no les crean ni me crean) está constituido en un 95% de materia y energía oscura y estos científicos le llaman así porque no saben qué es.

Igual: sin la acción o arte afrodisíaco de mentir, no existirían religiones: esta católica sería muy aburrida, paupérrima o «pura tuza» prescindiendo de vírgenes y santos «milagrosos».


Tampoco las mafiosas farmacéuticas, cosmética y otras industrias, como la agroalimentaria, tendrían tanto poder, quizá… ni existirían tal cual son.

E irreconocible el sistema económico y político mundial ayuno de la mentira. Esta flamante y emperifollada «señora» es el principal insumo de la humanidad, es de lo que estamos hechos.

Por lo que, engañarnos unos a otros debería ser de lo más natural sin crearnos tanto aspaviento y ofuscación si pecamos y nos pillan ejecutando una «mentira blanca» o «piadosa», si nuestros alcaldes, diputados, políticos, curas y pastores lo hacen criminalmente con las masas alienadas de Costa Rica.

Como enjambre de tábanos, hoy ataca un «chusmerío» medio enamorado (o sea, ingenuos y hasta tontos) de la señora «Pilar Chisperos» y «Chavelo Nochaves», masa popular técnicamente compuesta de analfabetas funcionales, engreídos y empoderados por las redes sociales sólo porque cada miércoles un vivazo corajudo y desbozalado les habla suave y bonito al oído.

¿Amigos de la oposición política… existe alguna manera corrupta de quitar el día miércoles del calendario maya, digo, tico y de ponerle Canal 12 al maldito 13?

Y escritores y poetas somos una especie de mentirosos muy especiales y apetecibles por portar licencia para mentir. Dominar semejante arte de la mentira es clave en este oficio de la literatura a fin de vender historias y trascender.

No obstante, hay en nuestra vida cotidiana mitómanos patológicos o sociópatas que, pretendiendo encubrir una mentira, inventan mil y así se pierden en un berenjenal exponencial urdido de mentiras que al final en sus mentes llegan a establecer por cierto.

No pierdan tiempo: dedíquense a la política costarricense o conformen empresas constructoras y formen alianzas con los del gobierno de turno.

Mienten por cualquier cosa creyéndose genios impunes, y nada más alejado de ese sentimiento: si somos algo listos, sinceros y probos, los detectamos y desmantelamos a un clic sin necesidad de aplicarles el polígrafo (detector de mentiras).

Más que «cerebros», estos mentirosos de variopinta pelambre son, en esencia, malos, ignorantes y por ende tontos.

Es mejor declararnos ignorantes frente algo incierto, antes que mentir por cualquier cosa.

Por favor, si alguno o alguna lee esta columna, ruego no me crean tanto y sí algo bruto. Como dijo el filósofo Sócrates «lo único que sé es que no sé nada».

Y no mintió.

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