Iglesia Católica confronta al Gobierno: en apenas cinco días, la Iglesia Católica costarricense protagonizó tres episodios y tres discursos que la pusieron en tensión directa con el Gobierno de Laura Fernández.
Un sacerdote habló frente a la propia mandataria en Nicoya, un colega salió a defenderlo por escrito ante una ola de ataques en redes, y este jueves un obispo remató la semana con una homilía en la Basílica de los Ángeles que no dejó tema sin tocar: impuestos, corrupción, narcotráfico y dictadura.
Detrás está, sin decirse, el mensaje burlesco de Rodrigo Chaves en el que confirma su intención de una dictadura y cerrar el Poder Judicial, además de contradicciones y serias dudas que se generan por la atención del tema de la delincuencia organizada desde la detención de alias Diablo. La corrupción y el narcotráfico estuvo detrás.
El discurso de Nicoya que encendió la mecha
Todo comenzó el 25 de julio, en el acto solemne por la Anexión del Partido de Nicoya. El presbítero Jeison Víquez Acuña, de la Diócesis de Tilarán-Liberia, tomó el micrófono frente a la presidenta Fernández, la ministra Pilar Cisneros y otros jerarcas de Gobierno, además del Concejo Municipal. Su tema: la libertad de pensamiento, la educación y el trato del Estado hacia las familias más golpeadas por los impuestos.
El planteamiento sobre impuestos no fue casual: el Ministerio de Hacienda, a cargo de Rodrigo Chaves, analiza en este momento eliminar la tarifa reducida del 1% de IVA que pagan los productos de la canasta básica para llevarla al 13% general, una medida que el propio Chaves ha justificado diciendo que busca que dejen de beneficiarse los consumidores “emperifollados”.
“Una democracia no debe temer a quienes piensan. Debe temer, más bien, el día en que sus ciudadanos dejen de hacerlo”, afirmó Jeison Víquez Acuña, en clara alusión a la intención del ministro de Educación, Leonardo Sánchez, de prohibir expresiones políticas en los centros educativos mediante un memorando en vacaciones.
Sobre la educación fue más allá: “Hay otro tesoro que Costa Rica debe cuidar y es la libertad de pensamiento… Educar no consiste en decirle a nuestros jóvenes qué deben pensar. Educar significa enseñarles a pensar, a preguntar, a discernir, a dialogar con quien piensa diferente y a participar responsablemente en la construcción de la sociedad.”
El sacerdote Jeison Víquez Acuña matizó que no defendía el adoctrinamiento, sino lo contrario: “Nuestras aulas deben estar absolutamente libres de proselitismo y del adoctrinamiento político, pero protegerlas de ese adoctrinamiento nunca puede significar tener miedo a enseñar a nuestros niños y jóvenes a pensar.”
Y sobre el ajuste fiscal a la canasta básica fue directo: “Gobernar (…) significa servir a personas concretas, detrás de cada estadística hay una familia, detrás de cada decisión fiscal hay un trabajador y detrás de cada impuesto hay una mesa donde una familia costarricense necesita poner el pan de cada día (…) Las cuentas del Estado no pueden equilibrarse desequilibrando las mesas de las familias.”
Troles contra la Iglesia
Las palabras de Víquez no tardaron en generar reacción. La Parroquia San Francisco de Asís de Dos Ríos, en San José, denunció que cuentas pagadas iniciaron un ataque sistemático contra la Iglesia Católica en redes sociales apenas horas después del discurso, dirigido incluso contra monseñor José Rafael Quirós, arzobispo de San José, a quien responsabilizaron sin fundamento por las declaraciones del sacerdote de Nicoya.
En medio de ese ambiente, el presbítero Glenm Gómez Álvarez publicó un texto en defensa de Víquez, en el que recordó que la misión de un sacerdote no es cuidar su cercanía con el poder, sino su fidelidad al Evangelio, y que la Iglesia nunca ha recibido el mandato de bendecir automáticamente las decisiones de quienes gobiernan.
Su crítica también muy fuerte con los pastores protestantes recordó enseñanzas históricas y bíblicas:
“La historia demuestra que cuando la Iglesia se acerca demasiado al poder corre un riesgo enorme: confundir influencia con fidelidad, privilegio con misión, reconocimiento con servicio”, señaló Gómez.
Gómez afirmó que las palabras de Víquez son valiosas, porque “la Iglesia nunca ha recibido la misión de ser una extensión de ningún poder temporal. Su tarea no es bendecir automáticamente las decisiones de quienes gobiernan, sino iluminarlas desde la verdad del Evangelio y desde la dignidad inviolable de la persona humana”.
El obispo Salazar de Tilarán-Liberia tampoco se guardó nada
Este jueves, en la novena previa a la fiesta de la Virgen de los Ángeles, monseñor Manuel Eugenio Salazar, obispo de Tilarán-Liberia, tomó la palabra durante la misa en la Basílica de Cartago. Aunque insistió en que hablaba “como pastor, no como técnico”, su homilía repasó uno por uno los temas que más incomodan al poder político.
“No busco atacar a nadie, no busco atacar al Gobierno, al que hay que dejar trabajar; solo busco cuestionar a todos los ciudadanos de este país”, planteó el obispo, antes de pedirle a la Virgen la unidad del pueblo costarricense.
Sin embargo, fue enfático en que la Iglesia no puede quedarse callada: “La iglesia no debe dar un mensaje opio, que adormezca a las personas… No debe dar un mensaje chayote, que ni hace bien ni hace mal, confróntese Asamblea Legislativa, proyectos chayote.”
También respondió a quienes cuestionan que el clero opine sobre asuntos públicos: “Algunos quisieran una iglesia neutra, diplomática, químicamente pura, eclesiásticamente correcta, pero eso iría contra todo el magisterio latinoamericano… La iglesia somos todos los creyentes, no solo los señores que usan este sombrero o los padresitos con sotana.”
El pasaje más duro llegó al hablar de narcotráfico, corrupción y extremismos políticos: “No queremos un narcopaís, un narcoestado; las drogas dañan, las drogas matan (…) el dinero robado a los pobres clama al cielo: pocos ricos, cada vez más ricos, muchos pobres, cada vez más pobres (…) No a las dictaduras de izquierda ni derecha, no a la ideología de género.”
En un plazo de apenas cinco días, dos sacerdotes y un obispo coincidieron en señalar los mismos puntos de fricción con el Gobierno: el manejo fiscal de la canasta básica, la libertad de pensamiento en las aulas y la transparencia frente a la corrupción y el narcotráfico.
Ninguno se declaró opositor ni oficialista; los tres insistieron en que hablaban desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, no desde una agenda partidaria.
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