Josué Herdel* | En varios tipos de psicoterapia, como la Terapia de Aceptación y Compromiso, a veces se utiliza la técnica conocida como “El ejercicio del funeral” o del epitafio, la cual tiene entre sus objetivos la clarificación de valores profundos y la confrontación existencial del consultante. Al redactar su propio discurso de despedida, la persona logra despojarse del “ruido” cotidiano o de preocupaciones irrelevantes, evidenciar la brecha entre su estilo de vida actual y el legado que realmente desea dejar, y obtener coordenadas conductuales claras para activar cambios significativos e inmediatos en el presente.
También existe la estrategia conocida como “La minimización del remordimiento”, la cual puede utilizarse en momentos en los que se enfrenta una decisión clave. En esta, la persona se imagina a sí misma en un futuro lejano, ya en la etapa final de su vida, haciendo un recuento de su existencia, y se pregunta cómo se sentiría al haber actuado o no en ese momento de su pasado. Este ejercicio de visualización, en el que se viaja mentalmente al futuro para mirar el pasado —que es en realidad el presente—, suele eliminar el miedo que, de manera regular, paraliza a la persona y le impide intentar y aventurarse.
Lo anterior conecta con el resultado de un estudio mencionado por el motivador Prince EA en uno de sus videos: se le preguntó a un grupo de personas en etapa terminal sobre qué cosas se arrepentían de sus vidas, y la mayoría afirmó no arrepentirse de cosas que hicieron, sino de cosas que no hicieron.

Entonces, este es el poder de ejercicios como los mencionados: se activa la conciencia transtemporal, la cual, a su vez, enciende el sentido de urgencia y la determinación de actuar y aprovechar el tiempo. La claridad que producen este tipo de ejercicios es el antídoto al error que menciona la frase célebre de John Lennon: “La vida es lo que pasa mientras hacemos otros planes”… o, como me gusta parafrasearla: la vida es lo que no disfrutamos mientras estamos preocupados con otras cosas.
Estas técnicas, por lo tanto, nos sacan de un estado perceptivo irónico: aunque estamos conscientes de que las personas mueren, de que nadie es inmortal, simuladamente el final de la vida propia se siente ajeno. Es decir, estamos conscientes-adormecidos. De ahí la importancia de enfocarnos en sentir nuestra fugacidad y transitoriedad, pues constituyen, desde mi perspectiva, el aliciente más poderoso para movernos, actuar y disfrutar.
Es por este motivo que en mis entrenamientos perceptivos diarios realizo un ejercicio hermano de los antes descritos: imagino a varias personas sobresalientes en la historia, por ejemplo, a Albert Einstein, y visualizo su existencia dentro de una línea temporal de milenios. Toda su vida fue un instante. Entonces me hago estas preguntas:
En su segmento de existencia, ¿cuánto se movió y actuó sobre sus proyectos? Como conozco su obra intelectual, sé que el porcentaje fue alto. Luego me pregunto: ¿cuánto disfrutó de esos proyectos y logros? ¿Pasó más tiempo estresado que disfrutándolos? Pero, más allá de eso, ¿cuánto disfrutó de su cotidianidad y de su vida familiar? No sé el porcentaje, pero si fue bajo, hecho está: ya no tiene la oportunidad de regresar para disfrutar su vida de nuevo. Además, desde una perspectiva de mejoramiento o evolución conductual humana —que implica salirnos de lo micro y considerar lo macro—, ¿cuál fue su contribución? Esta última pregunta se basa en una frase célebre de Horace Mann: “Avergüéncese de morir hasta haber conseguido alguna victoria para la humanidad”.
Tras terminar de visualizarlo —y lo hago con varias personalidades—, vuelvo a mi aquí y mi ahora, y me alegra y motiva saber que aún tengo la oportunidad de actuar sobre mi propia vida.
Un día, la visualización anterior me llevó a una idea que podría ser muy factible en un futuro cercano debido al avance de la tecnología y que, de convertirse en una práctica cultural, podría tener un efecto maravilloso al visitar un cementerio o leer la biografía de una persona:

Ya existen aplicaciones que intentan medir la felicidad a través de sensores biométricos, y eso tiene fundamento, pues una emoción no se siente “en el aire”: se experimenta a nivel corporal; el cuerpo es la plataforma donde algunos pensamientos aterrizan en forma de emoción. Con el tiempo, esta tecnología se volverá extraordinariamente precisa y podrá medir cuánto disfrutamos de nuestra vida día a día. Por otro lado, mediante el análisis de las acciones tomadas por una persona, se podría calcular su porcentaje de aprovechamiento del tiempo y de efectividad en proyectos personales y, por supuesto, también podría medirse su contribución al mejoramiento de la humanidad.
De hecho, así como las aplicaciones actuales miden los pasos que damos y el ritmo cardíaco, estos porcentajes podrían medirse en tiempo real. Ahí no serían necesarias encuestas de opinión, pues los datos serían objetivos. Esto representaría un gran impulso para atrevernos a mejorar esos porcentajes. La aplicación, además, podría sugerir estrategias cotidianas para mejorarlos. Y el día de nuestro funeral, los porcentajes finales quedarían plasmados en las lápidas.
De momento, esa tecnología —y, por ende, esa práctica psicológica, social y cultural— no existe, pero mentalmente sí podemos hacerlo con nosotros mismos: cada día podemos imaginar nuestra lápida y visualizar nuestros porcentajes de disfrute, efectividad y contribución a la humanidad.
Si murieras hoy, ¿cuáles serían esos porcentajes? ¿Estás satisfecho? ¿No? ¿Cuáles quisieras que fueran? ¿Qué harás para aumentarlos?
Preguntas para la reflexión
- Si muriera hoy, ¿sentiría que realmente disfrutó su vida y su cotidianidad o que pasó demasiado tiempo preocupado, estresado o distraído de lo verdaderamente importante?
- Si su lápida mostrara un porcentaje de efectividad sobre sus proyectos personales, metas y sueños, ¿cree que estaría satisfecho con el resultado actual?
- Si existiera un porcentaje que reflejara su contribución al bienestar de la humanidad o de la sociedad, ¿qué cree que diría actualmente sobre usted?
- Si pudiera comenzar desde hoy a aumentar uno de esos porcentajes, ¿cuál elegiría primero y qué acción concreta tomaría?
*Psicólogo y escritor Josué Herdel. Email: info@hupebeen.com
Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.
Entradas recientes:
Alcalde de San José acusa sabotaje del Gobierno al Festival de la Luz
Cartago: Hay momentos en que callar no es prudencia | Voz Propia
Gran terremoto en Ayacucho, Perú, reporta 5 muertes y 21 heridos a pesar de su magnitud de 7.2 y sus réplicas
Recorte de ¢23.722 millones: Rodrigo Chaves insiste en golpear financieramente al OIJ y Poder Judicial en favor del crimen organizado



Leave a Reply