La agenda 2030, que tanto trastorno a los conservadores religiosos, es un instrumento internacional que incluye la diversidad sexual, pero también tiene objetivos ambientales y sociales para la humanidad, como el de poner fin a la pobreza.
La presidenta Laura Fernández afirmó en su programa de los miércoles que el nombramiento del empresario hotelero de origen venezolano, Boris Marchegiani, se realizó para cambiar que Costa Rica sea parte de esa agenda, porque “yo no quiero más la agenda 2030”.
Sin embargo, Marchegiani, quien es dueño del hotel Gaia en Manuel Antonio, Quepos, promueve el turismo para la comunidad LGTBI+. En la comunidad es vox pópuli que se trata de “un hotel de gais” y que eso responde a las preferencias sexuales de su dueño, según narró a este medio un quepeño que quiso mantener su identidad protegida.
El hotel ha crecido precisamente basado en ese tipo de turismo, según el relato del habitante de la zona, al igual que muchos otros hoteles en las cercanías de ese parque nacional. La página web del hotel dice expresamente ser un hotel gay-friendly.
La mandataria Fernández señaló que Costa Rica no debe defender esos derechos humanos, porque ya aquí existe el matrimonio igualitario -que ya tiene 6 años de bien aplicarse- y el país es igualitario en ese sentido. Sin embargo, también resaltó las supuestas cualidades del empresario en el campo del turismo, aunque su experiencia ya vemos que está ligada a un tipo de turismo.
Un relato de reiteradas contradicciones
Mientras el expresidente Rodrigo Chaves ha realizado burlas contra la comunidad LGTBI+ y se ha burlado de diputados por, según él, ser homosexuales (en concreto contra Ariel Robles, de quien se quiso burlar con la expresión “la loca de Gandoca”), hace cerca de dos años la entonces ministra de Cultura, Nayuribe Guadamuz, fue despedida por firmar una declaratoria de interés cultural a la marcha de la diversidad. Sus expresiones homofóbicas en el programa de los miércoles han sido reiterativas, así como las machistas y autoritarias.
Curiosa y soezmente quien sustituyó a Guadamuz por ese supuesto “error” fue Jorge Rodríguez Vives, una persona homosexual declarada. Hoy Guadamuz es diputada del oficialismo, electa por Guanacaste.
Tres años antes, además, la misma Laura Fernández, siendo ministra de Planificación, declaró que la agenda 2030 es de gran importancia para transformar el futuro de las personas para bien. Hoy, la presidenta demuestra no tener una agenda o un criterio propio, sino seguir al compás de lo que se le imponga.
Esas contradicciones y doble moral, según declara la oposición, son reiteradas en un grupo político que tiene un significativo grupo de personas de la comunidad LGTBI. ¿Entonces cuál es la razón para emitir esos discursos de supuesta oposición a la agenda 2030? La respuesta resulta ser bastante sencilla: el cálculo político para atraer al segmento de conservadores del país, normalmente machistas, misóginos y homofóbicos.
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