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¿A quién le sirve que la educación pública se deteriore?

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Voz Propia. Parece evidente pero no solamente debemos recordarlo, sino también tenerlo presente en la ficticia ruta de la educación que no definió la administración actual, o que más bien definió como la ruta del deterioro de la educación.

¿A quién le sirve que la educación pública se deteriore? NO a los educadores, tampoco a los padres de familia con limitaciones económicas y mucho menos, de ninguna manera, a los estudiantes. Aunque en la realidad parezca que sí le sirve a educadores, estudiantes y responsables de familia vagos y desinteresados. En el fondo no les sirve, porque cada día hay menos lecciones que impartir, menos grupos y eso redundará en menos ingresos.

Parafraseando a don Leonardo Garnier en otro artículo que publicamos recientemente, “le sirve a quienes lucran con el negocio de la salud educación“.

Es lógico y notorio, ciertamente, que cuando la educación pública -como la salud pública- se deteriora y ofrece servicios de mala calidad, eso crea una demanda de servicios educativos del sector privado, desde pre escolar hasta el nivel universitario. Eso en primer lugar.

En Costa Rica, la educación privada en niveles básicos es relativamente mejor, en general, que la pública. En esos centros educativos de paga, por lo menos sí dan clases de manera regular, con horarios definidos y en un ambiente de responsabilidad laboral y educativa, algo que no podemos decir de los centros educativos públicos, donde el ausentismo docente, las excusas para perder clases y la calidad final es entre mediocre y mala. Y no lo digo yo, lo dicen el Estado de la Educación y otros estudios serios, así como las pruebas PISA.

Por supuesto, también hay negocios privados de mala calidad, pero cumplen con lo mínimo y hacen el trabajo, cosa que cuesta mucho ver en centros educativos públicos académicos regulares, aunque sí hay honrosas excepciones.

Esa situación que todo el mundo sabe y todos callan de manera cómplice, sobre todo padres de familia complacientes, produce cada día más la necesidad de trasladar estudiantes a lo privado, adquirir deudas para lograrlo y seguir alimentando la voracidad de los intereses privados sobre los públicos.

La actual ministra de Educación, Ana Katharina Müller, no ha hecho cosa diferente que deteriorar la educación y crear condiciones para el beneficio de los intereses privados en la educación. Y claramente a nadie extraña, porque ella tiene claros ligámenes con familias que viven del negocio de la educación privada, desde la Ulacit de Silvia Castro, su prima hasta pasando por su hermano en la Universidad para la Cooperación Internacional o su familia en la Universidad Castro Carazo.

Y tampoco es difícil imaginarse eso porque estamos ante un gobierno claramente privatizador, que quiere vender instituciones tremendamente lucrativas del estado como el INS o el BCR. Es el interés de los ricos sobre el interés de las mayorías, una falta a la probidad: poner por encima el interés privado antes que el público.

Además, también ha sido notorio y obvio que el Gobierno y la ministra Müller en particular se han dedicado a atacar a las universidades públicas, porque les interesa reducir el FEES -presupuesto universitario- con tal de debilitarlas. Es diáfano: debilitar y acabar con las universidad del Estado para generar demanda a las privadas de la familia y del grupo gremial al que pertenece Müller. Porque, además, la U públicas tienen libertad de cátedra y generan estudiantes y ciudadanos críticos y analíticos difíciles de engañar.

En segundo lugar, a un país le sirve una educación pública de calidad, porque tiene ciudadanos conocedores, responsables, éticos, críticos y analíticos, no focas que por ignorancia siguen la mentira o el engaño. Entonces, ¿a quién le sirve, también, que la educación pública se deteriore? Por supuesto, a los políticos y corporaciones que manejan los hilos y pueden manipular ingenuos e ignorantes dentro del populismo, del consumo inútil y de otras formas de engaño a las grandes masas.

Y esto es economía liberal básica, no es asunto de izquierdas o derechas, capitalismos o socialismos. Es un asunto simple y fundamental: entre más ciudadanos educados haya son más difíciles en engañar mediante la mentira, son más difíciles de rodar porque no se les pueden tirar discursos huecos sin sustento en los hechos, porque no pueden ser tontos útiles.

Ayer el MEP graduó a 11 mil rezagados del bachillerato de secundaria, lo que suma un total de 16 mil nuevos graduados, para abrirles la posibilidad de seguir estudiando y emplearse. Desde ese propósito, muy valioso, pero también es claro que el énfasis del MEP, Trabajo y Gobierno en este proyecto subyace a crear una demanda alta de nuevos posibles clientes para la educación privada, que ofrece títulos por dinero en condiciones más fáciles que las del Estado.

Las pruebas FARO fueron eliminadas para traer unas pruebas que, repito el dicho de algunos docentes con quienes he conversado, son un chiste. Es decir, disminuyeron la dificultad de las pruebas para permitir que más estudiantes de secundaria y primaria se gradúen y continúen sus estudios. Aún así, un 4% de ellos las perdieron, porque en esa línea de deterioro de la calidad todo tiene consecuencias. Es decir, no importa qué tan fáciles hagan las pruebas, al final siempre habrá quienes se quedan por vagancia, desinterés, exceso de confianza, entre otras problemáticas. Pero el deterioro está ahí, porque eso es, también, arrastrar a los buenos estudiantes a la mediocridad.

Incluso antes de aplicar las pruebas, en un desorden administrativo sin precedentes, el MEP hizo concesiones para que los estudiantes no convirtieran el asunto en una rebelión masiva.

Las presuntas “soluciones” que ha venido planteando el MEP en esta administración de Müller Castro, hija de la educación privada, en realidad han sido una política sostenida de privatización y destrucción de la educación pública, por eso NUNCA ha defendido los enormes recortes al presupuesto que realizó el presente Gobierno Chaves Robles, son los diputados quienes lo han tenido que hacer ante el desagrado de Müller Castro.

A los mercaderes de la educación y a los políticos mediocres o populistas les fascina que la educación pública hoy no sea ni un bosquejo de lo que alguna vez fue en Costa Rica. Y aun así se atreven a decir que en el pasado hubo saqueo y malas administración en la educación. El cinismo populista no tiene cara en qué persignarse, todo es tener cara de barro y bañarse en aceite.

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