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Inducir momentos de tranquilidad – Cultura de la Salud Mental

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¿Cuál es el problema que enfrentamos en este contrarreloj?

Por Josué Herdel* | En muchas ciudades, sobre todo en las mañanas entre semana, las carreteras suelen ser testigos de una transformación del espacio y la tranquilidad en acumulación y desesperación: una masa que va contrarreloj para llegar a sus lugares de trabajo o estudio. Pero esa carrera no se detiene con el arribo al destino: muchos podrían resumir su rutina en un constante correr. La norma es andar acelerado, y no habría problema si esa aceleración significara fluidez; pero no es así: es una aceleración torpe que nos impide estar en el aquí y el ahora, y también nos aleja de lo esencial, de aquello que realmente importa.

En lo anteriormente descrito confluyen dos factores: un entorno que promueve una vida desbordada y un estado perceptivo interno que termina adaptándose a esa locura externa. Esa combinación suele ser fatal. Y aunque he descrito un estilo de vida citadino, lo mismo puede ocurrir con personas que viven en áreas rurales o que realizan teletrabajo: incluso en lugares tranquilos la vida puede volverse caótica cuando el ritmo interior es acelerado.

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Así es como muchas personas viven estresadas, preocupadas, frustradas, enojadas y ansiosas por todo lo que sienten que tienen que hacer.

Andar de prisa suele ser un ingrediente clave para los olvidos, errores y accidentes. El ajetreo constante es el principal obstáculo para la previsión de escenarios y la planificación. Por ello, mucha razón tiene la frase inicial de una famosa canción de Elvis Presley: “Los sabios dicen que solo los tontos se precipitan”. Es decir, tomarse un tiempo —aunque sea breve— antes de decir o hacer algo es una cualidad asociada a un mayor nivel de sabiduría.

Por supuesto, valga la aclaración: la persona sabia no siempre espera. A veces actúa de inmediato, pero lo hace porque en momentos de calma ha analizado que, bajo ciertas circunstancias, lo apropiado es actuar con urgencia.

¿Por qué es importante hacer pausas en medio de nuestras rutinas diarias?

Porque las pausas permiten que la mente se calme y entre en un estado perceptivo más amplio y profundo. Nos sacan de mundos específicos y nos brindan una perspectiva general que evita que nos ahoguemos en un vaso de agua. Eso se traduce en mejores decisiones y acciones más acertadas.

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Aprender a tranquilizarnos es una herramienta psicológica absolutamente vital, pues ayuda a prevenir conflictos y a ahorrarnos mucho malestar.

Por cierto, inducir un momento de tranquilidad para obtener bienestar nos lleva a un dilema similar al del huevo y la gallina. Si nos detenemos en medio del ajetreo diario, podemos relajarnos y pensar mejor; pero para hacer esa pausa debe existir primero una “alarma interna” que nos recuerde la importancia de hacerlo. Y ese recordatorio ya es, en sí mismo, el inicio de la pausa. Así, ambos factores se convierten en causa y efecto a la vez: elementos recíprocos de bienestar.

¿Cuánto tiempo implica una pausa?

Puede ser cuestión de segundos: 5, 10, 25 segundos. O algunos minutos.

¿Dónde podemos inducir esos momentos de calma?

Dado que unos cuantos segundos pueden ser suficientes, la inducción de un momento de tranquilidad puede hacerse literalmente en cualquier lugar. Pero si se dispone de más tiempo, puede aprovecharse una zona verde o un espacio de privacidad, como cuando vamos al baño.

Esto es relevante porque, en esos espacios que podrían ofrecernos una mirada más amplia y profunda de nuestra vida, muchas veces saturamos el cerebro con contenido irrelevante de redes sociales, a las cuales ingresamos casi de forma automática. Si el celular sirve de algo en esos momentos, podría ser para poner música que facilite el enfoque y la regulación emocional.

¿Cómo aprender a inducir momentos de tranquilidad?

Detenerse es una habilidad. Y como toda habilidad, requiere entrenamiento. En este caso, hacer ensayos mentales y visualización de los beneficios de tener momentos de tranquilidad es crucial para predisponerse a elegir esa ruta sabia a diario, especialmente en situaciones de alta tensión emocional. Ahí, la pausa debe funcionar como una alarma de humo: un recordatorio de que debemos “evacuar” mentalmente hacia una zona segura donde podamos recuperar perspectiva y serenarnos.

La inducción de un momento de tranquilidad comienza por el recordatorio consciente de que necesitamos hacer una pausa. Luego puede apoyarse en ejercicios de respiración que nos permitan enfocar la atención en el aquí y el ahora (mindfulness, como se conoce en inglés). Pero no se queda ahí. También podemos echar mano del pasado y del futuro de forma estratégica: visualizar nuestra vida desde una perspectiva más amplia, recordando de dónde venimos y hacia dónde vamos. Al hacerlo, comprendemos que aquello que estamos viviendo no lo es todo, sino apenas un segmento de una historia mayor. Esa ampliación perceptiva nos saca del mundo específico del momento y nos brinda tranquilidad.

Es importante enfatizar que tanto enfocarnos en el presente como utilizar el pasado y el futuro para relajarnos —en lugar de estresarnos o llenarnos de ansiedad— es una habilidad. No todas las personas logran hacerlo de manera automática o saludable. Por ello, especialmente si se es propenso a la ansiedad o a la rumiación, puede ser recomendable entrenarse con el acompañamiento de un profesional en psicología. Así como en algunos programas se advierte que ciertas acrobacias no deben intentarse sin supervisión, el entrenamiento emocional profundo también puede requerir guía especializada.

Utilización de objetos como detonadores del recordatorio

La inducción de un momento de tranquilidad es, en esencia, un proceso interno. Sin embargo, así como los estados de estrés, ansiedad o ira pueden activarse por detonantes externos, también podemos apoyarnos en objetos físicos como disparadores de calma. Estos pueden ser elegidos de manera arbitraria o bien utilizar objetos existentes ya diseñados con ese propósito: estimuladores y recordatorios del estado mental que deseamos inducir. Un ejemplo de esto son las “piedras antiestrés”.

Una piedra antiestrés (“worry stone”, en inglés) es una pequeña piedra lisa, generalmente con una hendidura para el pulgar, que se frota repetidamente para reducir la tensión o la ansiedad. Es un objeto táctil regulador. Existen variantes elaboradas con otros materiales que cumplen la misma función. Por ejemplo, en San Ramón de Alajuela, la emprendedora Evelyn Campos elabora llaveros con formas variadas, como estrellas, gatos, hojas, entre otras. Su marca es “Un Toque de Tranquilidad”. 

Vamos al grano, programa.

El uso de objetos como las piedras antiestrés, entonces, pueden ser muy útiles para inducir momentos de tranquilidad y enfoque, especialmente si se es un principiante en esta práctica pues el objeto funciona como símbolo visible de un propósito interno. Con el tiempo, la persona desarrolla la costumbre de hacer pausas durante el día, ya como algo automático, pues su mente aprende a generar esos paréntesis de regulación por inercia. En ese punto, el objeto puede volverse prescindible, aunque puede conservarse como ritual de salud mental.

Vivimos en una sociedad acelerada y superficial. Por ello, desarrollar la habilidad de detenernos es esencial para ubicarnos y enfocar nuestra mirada en lo verdaderamente importante. Aprender a inducir momentos de tranquilidad no es un lujo: es una competencia primordial. Las personas que aprenden a hacer pausas construyen filtros en su forma de hablar y actuar que las conducen hacia una mayor salud mental y una mejor calidad de vida en todas sus áreas.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Cuántas decisiones importantes en mi día tomo en modo automático, sin hacer una pausa consciente antes de actuar o responder?
  2. ¿Reconozco las señales internas y externas —pensamientos, emociones, tensión corporal o conductas impulsivas— que indican que estoy acelerado?
  3. ¿Tengo algún ritual, objeto o estrategia concreta que me ayude a inducir momentos de tranquilidad, o dependo únicamente de que “las cosas se calmen solas”?
  4. Si incorporara pausas intencionales de apenas 10 o 20 segundos a lo largo del día, ¿qué aspectos de mi forma de hablar, decidir y relacionarme podrían mejorar?

 *Psicólogo y escritor Josué Herdel. Email: info@hupebeen.com.

Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.

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