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Lo bueno de ser una persona cuadrada – Cultura de la Salud Mental

Lo bueno de ser una persona cuadrada - Cultura de la Salud Mental
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  • En Costa Rica solemos llamar “cuadrada” a una persona rígida, cerrada o poco flexible. Sin embargo, si nos remitimos a las características de un cuadrado, esa figura geométrica que posee cuatro lados, se vuelve necesario replantear el uso de dicho adjetivo y, en la nueva acepción que aquí propondré, adquirir una mentalidad cuadrada es a lo que todos deberíamos aspirar si queremos tener salud mental y bienestar emocional y social.

Por Josué Herdel | En Costa Rica es frecuente escuchar expresiones como: “Eres muy cuadrado”, “No sea tan cuadrado” o incluso “Yo soy muy cuadrado”. Generalmente utilizamos este adjetivo para referirnos a personas rígidas, cerradas o poco flexibles en su forma de pensar. Sin embargo, siempre me ha parecido curioso que utilicemos precisamente la palabra cuadrado para describir algo así.

¿Por qué?

Porque un cuadrado tiene cuatro lados.

Y si una persona aprende a mirar una situación desde cuatro lados distintos, difícilmente podría considerarse una persona cerrada. Más bien se convertiría en una persona con una perspectiva amplia y profunda.

Permítame hacerle una pregunta muy sencilla:

¿Cuántas veces se ha sentido mal porque las cosas no ocurrieron exactamente como usted esperaba?

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Detrás de muchos episodios de estrés, frustración, ansiedad o decepción suele esconderse un fenómeno muy particular: la tendencia a mirar solamente una posibilidad, un solo resultado; es decir, un solo lado. Si queremos más salud mental, es importante aprender a explorar al menos cuatro lados.

Primer lado: Los “tengo que”

El psicólogo Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual, explicaba que muchas personas sufren innecesariamente cuando convierten sus deseos en exigencias. Es la diferencia entre pensar: “Me gustaría que esto ocurriera” y pensar: “Esto tiene que ocurrir”.

Cuando una persona cree que algo tiene que suceder de una única manera, significa que toma la ruta del rechazo a considerar otras posibilidades, lo cual la lleva directo al destino de la rigidez, la tierra fértil del malestar emocional.

He aquí algunos ejemplos de ríos con alta posibilidad de desembocar en el océano del sufrimiento:

“Tengo que aprobar este examen.”

“Tengo que conseguir este trabajo.”

“Mi equipo de fútbol tiene que ganar la final.”

“Todos los conductores en la calle tienen que ser corteses.”

¿Aún siente que los ejemplos anteriores son propios de personas cuadradas? Si es así, permítame seguir ampliando esta nueva acepción.

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Segundo lado: Las expectativas

Cada vez que vamos a hacer algo o vivir una experiencia, construimos, algunas veces de manera consciente y muchas de modo inconsciente, una expectativa. Por ejemplo, cómo resultará una conversación, una cita, una reunión, una oportunidad laboral o un proyecto personal.

¿Y cómo nos sentimos cuando la realidad decide escribir un desenlace diferente al imaginado?

Muy mal.

¿De dónde viene entonces el malestar emocional?

  1. ¿Del resultado en sí?

o

  1. ¿De la sorpresa de lo no considerado?

La respuesta correcta es la opción dos. Esa es la responsable de que la decepción haga su entrada triunfal.

Tercer lado: Las posibilidades

Una persona psicológicamente flexible suele considerar varias posibilidades antes de enfrentarse a cualquier situación. Se enfoca en lo bueno, pero sin perder de vista que también hay margen para lo adverso. Lo hace porque sabe que la realidad no siempre se ajusta a lo ideal.

Cuando alguien contempla distintos escenarios, deja de depender emocionalmente de un único desenlace. Comprende que existen diferentes caminos, diferentes resultados y diferentes formas en que una situación puede desarrollarse.

Esa amplitud de perspectiva es uno de los principales antídotos contra la rigidez psicológica.

Cuarto lado: La capacidad de reacción

¿Puede entonces lo cuadrado llevarnos a un cuadro de ansiedad?

Por ahí algunos recomiendan no pensar mucho las cosas, pues al contemplar varias posibilidades la ansiedad puede aumentar. Eso es cierto si no se incorpora un segundo elemento que ancla el locus de control interno: nuestra capacidad de reacción.

No siempre podemos controlar lo que sucede, pero sí podemos pensar de antemano cómo responderemos ante diferentes escenarios.

“Si ocurre esto, haré aquello.”

“Si ocurre lo otro, reaccionaré de esta otra manera.”

“Y si sucede algo inesperado, me adaptaré y fluiré.” Como decía Bruce Lee: “No método como tu método”.

Lo anterior no es otra cosa que el poder del simulacro. Cuando las escuelas, empresas o comunidades realizan simulacros ante incendios, terremotos u otras emergencias, no lo hacen para aumentar la ansiedad de las personas, sino para reducirla. Saber qué hacer ante distintos escenarios suele generar más tranquilidad que enfrentarlos sin preparación. Los planes de reacción traen mucha calma.

Por los cuatro argumentos expuestos, ser alguien que le mira cuatro lados a las cosas no puede ser sinónimo de cerrazón y rigidez. Es todo lo contrario.

Ojalá existieran más personas cuadradas en nuestra sociedad: personas capaces de mirar, al menos, cuatro lados de una situación antes de accionar o reaccionar; personas que no se aferran a una única expectativa; personas que comprenden que la realidad suele ofrecer más de una posibilidad; personas que se adaptan a las circunstancias y fluyen.

¿Cómo le quedó el ojo?

¿Cuadrado?


*Psicólogo y escritor Josué Herdel, info@hupebeen.com.

Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.

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