OPINIÓN | No es difícil darle significado a la expresión manguera de las mentiras en los últimos años, si se trata de la política nacional pero, incluso, la regional.
La manguera de las mentiras o manguera de las falsedades es la traducción de “firehose of falsehood”, o “firehosing”, concepto acuñado por Pual and Mathews en 2016 (The Russian ‘Firehose of Falsehood’ Propaganda Model: Why It Might Work and Options to Counter It), pero reutilizada por Kakutani Mishiko en 2018 ( «The Firehose of Falsehood: Propaganda and Fake News»), entre otros.
El concepto se usó para identificar la propaganda rusa que se define como de alto volumen, rápida, repetitiva y que no se preocupa por ser coherente. Es decir, no importa si tergiversa o miente, lo importante es que diariamente, a cada hora, la manguera esté abierta para mojar a todas las personas con desinformación.
Como es lógico, aplica hoy con más soltura y descaro a través de las redes sociales, medios de comunicación que hoy funcionan prácticamente a la libre para la riqueza abundante de sus dueños, pero en perjuicio de la sociedad.
La manguera de las mentiras también recuerda al jefe de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, y su famosa frase “miente y miente, que algo queda”.
El gran éxito, precisamente, de esa manguera es que incluso después de ser desmentida o corregida la desinformación, sigue afectando al mismo público ya convencido, como lo demuestran Lewandowsky y colegas en Psychological Science in the Public Interest. A eso se le llama efecto de la influencia continuada, “continued influence effect“.
En las personas con criterio propio más débil, que presentan apatía por la reflexión o el análisis más allá de lo básico, estos fenómenos operan mejor, tanto así que de tanto repetirse una mentira, termina por convertirse en una verdad en la mente de esos grupos sociales, como lo logró Goebbels en el tiempo de Adolf Hitler, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Hitler logró hipnotizar a más del 80% del pueblo alemán, que se suponía culto, con esa manguera de falsedades.
Tan fuerte es este fenómeno que incluso quienes emiten las mentiras terminan por creérselas. Se trata del Efecto de verdad ilusoria, “illusory truth effect“: repetir una afirmación hace que se perciba como más verdadera, aunque sea falsa.
Se puede ver ese efecto en las maniobras de la propaganda rusa, pero también en políticos de Occidente, como ha sucedido con la presidenta Laura Fernández, que de repetir mentiras en varias conferencias termina por creerlas ella misma. Puede ser alevosía, mentir a propósito, pero también puede ser que la mente le juegue trampas.
En la última conferencia, por ejemplo, emitió al menos dos mentiras que no hubiera emitido cualquier persona con sentido común. Afirmó, por ejemplo, que la DEA opera en Costa Rica desde el gobierno de Rodrigo Chaves, pero cualquier tico promedio más o menos informado sabe que tanto la DEA como la cooperación de EEUU en la lucha contra el narco viene desde los años ochenta.
El asunto es que lo sucedido con Fernández es muy común en las “conferencias de prensa” de los miércoles y eventos oficiales de Presidencia, no solamente en ella, sino también en otros jerarcas y el mismo Rodrigo Chaves.
La lista de casos de desmentidos es muy grande, pero siguen abriendo la manguera de las mentiras porque saben que, sea como sea, aunque sean desmentidas, esas mentiras seguirán calando en la población que los sigue e, incluso, en nuevas personas que terminan por asumirlas como verdades, porque son masivamente transmitidas.
Pilar Cisneros entendió esto muy bien, cuando desde un noticiero podía transmitir medias verdades o mentiras, desde la manipulación mediática, sin que hubiera consecuencias serias en contra. La razón era sencilla: si el noticiero dice la mentira entonces la gente cree que es verdad por ser de transmisión masiva. Cisneros ha sido la ideóloga de la mentira en Costa Rica, porque aprendió cómo hacerlo y salirse con la suya.
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