OPINIÓN. El odio del fanatismo conservador hace mucho daño: provoca bullying y genera conflictos entre las personas. Muchas de las noticias falsas en redes sociales sobre acontecimientos del mundo están construidas por grupos llenos de odio que invierten su tiempo y hasta sus recursos económicos para reproducir expresiones contra quienes piensan o son diferentes, incluso por nacimiento.
Uno de esos casos es el de la boxeadora argelina Imane Khelif, quien en las Olimpiadas de París 24 ganó por rendición de una boxeadora italiana, quien salió llorando y gritando que “no es justo”. De eso se aprovecharon esos grupos de odio para reproducir una mentira gigante: que la nativa de Argelia es transgénero o, incluso, que se auto percibe como mujer sin serlo. FALSO.
La boxeadora nació mujer y se considera mujer, de manera que -como aclaró con precisión el Comité Olímpico Internacional, COI- compite como mujer, porque así las reglas lo establecen. No se trata de un hombre que se transformó en mujer, tampoco de un hombre con pene que se auto percibe mujer. NO, es una mujer que nació mujer, reitero.
Sin embargo, el caso de Khelif es particular, porque ELLA nació con una situación genética muy particular de la naturaleza -y de la obra de Dios, si usted así lo prefiere-. Ella presenta un asunto hormonal muy particular, que escasas personas en el mundo tienen, que le da una ventaja competitiva: genera hormonas masculinas y eso permite que sea más fuerte.
¿No es justo? Es posible, el COI deberá analizar si estas situaciones hacen injusta una competencia, pero como afirmó alguien: “Sería como que yo reclame las medallas de Usain Bolt porque la naturaleza a el lo dotó de mejores condiciones físicas y es más fuerte y más rápido que yo”.
Pero nada de eso faculta ni permite al fanatismo ultra conservador que se impone en las redes, sin pena alguna, a atacar a las personas que son diferentes, a plantearlas como si fueran “bichos raros” o deformaciones del “infierno”. Ese fanatismo solo produce odio y más odio entre los seres humanos, la historia está pagada de ejemplos.
Khelif es una persona diferente, una mujer diferente, pero ¿acaso no todas las mujeres son diferentes, tienen diferentes fortalezas y debilidades, acaso no todas tienen enfermedades y comportamientos emocionales distintos, como también sucede en los hombres? ¿Acaso no todas las mujeres -y los hombres- tienen diferentes gustos, orientaciones u preferencias sexuales?
Entonces, amigos y amigas, ¿por qué tanto miedo al sexo y a la sexualidad humana? ¿Por qué tanto odio con algo tan natural y humano? ¿Solo porque un pastor, sacerdote o “líder religioso” lo dice pegando gritos y afirma que la biblia lo prohíbe? ¿Solo porque así me enseñaron y me criaron aunque es claro que estaban equivocados y que al reprimir mi sexualidad me hicieron menos feliz? YA, SACÚDASE de esas tonterías, viva su vida sin odiar y amando ampliamente, sin miedo al sexo, sin miedo a las diferencias, porque sea como sea, estamos pletóricos de sexo y de diferencias en este mundo.
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