El presidente salvadoreño Nayib Bukele se pone a la par de otros dos dictadores latinoamericanos que aprobaron la reelección indefinida y tienen a sus pueblos sometidos en la pobreza y en una dictadura: Hugo Chávez en su momento y Daniel Ortega hasta hoy.
Tres partes:
La reelección indefinida conduce a regímenes autoritarios y dictatoriales
Ambos gobernantes llegaron al poder con grandes índices de aprobación -Chávez y Ortega- en el marco de un sistema democrático, pero apenas estuvieron en el poder y apoyados por masas manipuladas por el populismo y el autoritarismo, dominaron primero el Poder Legislativo -con una mayoría de diputados también electos en democracia- y luego le torcieron los brazos independientes al Poder Judicial, hasta ocuparlo por completo y confirmar la dictadura.
Hugo Chávez en 1998 llegó al poder con un 68% de los votos, mientras que Daniel Ortega en 2006 lo hizo con un 38% de los votos. Nayib Bukele, por su parte, en 2019 lo logró con un 53%.
Y así fue como, al tener el poder suficiente, impulsaron la reelección indefinida, Chávez en el 2009 con una Asamblea Constituyente, mientras Ortega en el 2019 y ahora Bukele en el 2025 con una reforma legislativa. Cabe mencionar que en esos respectivos años la popularidad de los 3 presidentes estaba elevada: Chávez con 45%, Ortega con un 60% y Bukele con un 55%.
“En los tres casos la instauración de la reelección presidencial indefinida, fue acompañada del dominio parlamentario y la cooptación del Organo Judicial, eliminándose de hecho la independencia de poderes”, expuso la ex presidenta costarricense Laura Chinchilla, quien ofreció estos datos, que fueron verificados por Culturacr.net.
En El Salvador, además la reforma aumentó el plazo de cada gobierno a 6 años y eliminó la segunda vuelta, por lo que ganará el que más votos tenga en primera ronda.
“La reelección indefinida es sinónimo de autocratización”, dice el politólogo Mario Torrico a la BBC en un reportaje reciente.
“El dinero alcanza cuando nadie se lo roba”, ha expresado el presidente Bukele, quien gozó en las elecciones anteriores de un apoyo masivo por su política de mano dura en seguridad, es decir, de autoritarismo sin detenerse en derechos humanos, ni debidos procesos ni aquello de que las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Se impuso la ley del fuerte y el ejército decidió quién era culpable. Los abusos de poder son generalizados, según las denuncias.
Traje hecho a la medida
Un reportaje de la BBC recuerda que “la reelección indefinida en América Latina siempre se aprobó bajo presidentes que llevaban más de un mandato y se acercaban al límite constitucional que los obligaba a retirarse del poder. Es decir, se ha hecho con nombre y apellido”.
Y además esos presidentes tenían mayorías en el Poder Legislativo, en el Judicial o en ambos poderes a la vez, para cambiar las reglas de juego.
Tanto Nayib Bukele como Daniel Ortega son los primeros que gobernaron por dos mandatos consecutivos en sus países desde la década de 1980, con base en dictámenes judiciales que desactivaron la prohibición de reelección inmediata en sus constituciones.
Daniel Ortega ya lleva 16 años en el Gobierno porque ha anulado totalmente a la oposición, con la persecución de opositores, de la prensa libre, de empresas de pensamiento libre, de organizaciones o fundaciones de derechos humanos, de universidades con pensamiento propio y de todo aquel que se le opone.
No es lo mismo reelección indefinida en un sistema presidencialista que en un parlamentarista
Bukele defendió ante la aprobación de su reforma que “el 90% de los países desarrollados permiten la reelección indefinida de su jefe de gobierno, y nadie se inmuta”.
Sin embargo, el presidente salvadoreño pasó por alto que los sistemas parlamentaristas de los países desarrollados eligen al primer ministro como producto de un acuerdo de las diferentes fuerzas legislativas. Así, pueden reelegir un primer ministro con buen desempeño si tienen los votos y el acuerdo suficiente.
Los sistemas presidencialistas, como los latinoamericanos, tienen dos elecciones diferentes, una para elegir presidencia y otra para elegir legisladores, con plazos definidos, de manera que la dinámica es muy distinta.
“El planteamiento de Bukele sería creíble si nos diera ejemplos de países con regímenes presidenciales que tienen reelección indefinida: ahí va a ver que son los autoritarios, (como) el caso de Venezuela o Nicaragua”, expresó Agustín Grijalva, un exjuez de la Corte Constitucional de Ecuador, a BBC Mundo.
Las lecciones para Costa Rica
“Existe una relación estrecha entre la reelección presidencial indefinida y la instalación de regímenes autoritarios, al afectar el principio de alternancia en el poder, esencial para una democracia”, indica la ex presidenta Laura Chinchilla, como parte de una serie de lecciones que deben aprenderse de lo sucedido en esos tres países.
Chinchilla también tiene claro que ya no es un asunto de derecha o izquierda: “Si nos importan nuestros derechos políticos, las etiquetas ideológicas (izquierda/derecha) dicen poco de un líder, lo que cuenta son los valores y actitudes de tolerancia y respeto a las instituciones y las minorías“.
La ex presidenta, sin embargo, es condescendiente con los regímenes de Venezuela y Nicaragua, al no definirlos como dictaduras, donde quien manda es solamente una persona: el presidente. En Costa Rica, por ejemplo, los chavistas hablan de “papá Chaves”, de lograr 40 de 57 diputados y solamente escuchan como cierta una voz y un discurso mesiánico, el de Rodrigo Chaves en sus actos proselitistas; son ya adeptos del populismo hacia una dictadura. Son el germen del histórico engaño de los autócratas y dictadores que la historia nos ha mostrado.
“No confundamos popularidad con legitimidad. La popularidad y el endoso de las mayorías a un gobernante, no es patente de corso para que éste ignore los derechos de las minorías y violente el Estado de Derecho”, agrega Laura Chinchilla.
“No entreguemos el voto como quien entrega un cheque en blanco y duden mucho de quienes piden se les otorgue el control de la presidencia y el congreso, a esto sigue el control judicial, la reforma constitucional y la reelección indefinida“, finaliza Chinchilla Miranda.
Mientras Nayib Bukele se inscribe en el mundo de Chavez-Maduro, Ortega-Murillo, en Costa Rica es patente la amenaza de que el país también se anote con el régimen cisnerochavista o Chaves-Cisneros. Por lo pronto, es una amenaza latente que está a la vuelta de la esquina, el 1 de febrero del próximo año, cuando posiblemente Costa Rica enfrente las elecciones más importantes de su historia después de la guerra civil del 48.
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