Por Donel Alvarado Z. | Que el mandatario costarricense haya reconocido como suya a una niña nacida en febrero de 2023, no es un asunto menor. Más allá de cualquier morbo mediático, vale decir que se trata del producto de un encuentro extramarital. En buena teoría, el país ha tenido una primera dama oficial que cubre el cuatrienio presidencial 2022-2026.
Conviene recordar que el actual presidente fue sancionado por el Banco Mundial cuando trabajaba en esa entidad, por denuncias comprobadas de acoso sexual. La prensa nacional informó, en su momento, acerca del alcance de estas sanciones y las razones que las motivaron.

Rodrigo Chaves se ha caracterizado en su gestión por su actitud autoritaria, confrontativa (toda posición distinta a la suya ya es motivo de escarnio e invalidación de criterio), populista y hasta con reacciones públicas (con gestos, palabras y actitudes) bastante impropias para un ciudadano con su investidura.
El caso es que su trayectoria está marcada por dinámicas de abuso de poder. Admitir de modo indiferente, sin reflexión alguna, la circunstancia extramarital que culmina meses después con un nacimiento me parece que es la legitimación de un modo de ver el mundo donde todavía el patriarcado sigue siendo el referente primordial, con todo y los exabruptos de los que es capaz indistintamente del orden de la vida pública o privada en que se manifieste.
El techo para leer la realidad desde el patriarcado criollo es muy bajo. Las prioridades de la vida no necesariamente cubren los requerimientos básicos de la vida ciudadana. Hay zonas en el horizonte que se invisibilizan, no conviene reconocerlas, hay que dirigir la atención donde el control se manifiesta a todas sus anchas.

Por ejemplo, cabe recordar que la tasa de homicidios del 2025 llegó a 873 casos (total que está por encima de los asesinatos reportados por Panamá y El Salvador en el mismo período) y de esa cantidad, el 6% de las víctimas fueron mujeres.
Mientras tanto, el Organismo de Investigación Judicial tiene una carencia de efectivos que limitan sus funciones y no ha recibido de parte del gobierno la aprobación del presupuesto para habilitar nuevas plazas, aparte de otros escollos que tampoco están resueltos. En cambio, como solución a la criminalidad, se ha propuesto una “mano dura” a nivel legal y la construcción de un modelo carcelario made by Bukele.
La mandataria recién electa del partido oficial, entre sus promesas de campaña, se comprometió a darle continuidad a ese proyecto. Como parte de la “mano dura” se habló inclusiva de instalar un estado de excepción que limitaría los derechos individuales, de ser necesario.
Pero recordemos que la violencia entraña un problema estructural que involucra a muchos actores, decisiones de distinta naturaleza, la concurrencia interinstitucional. Paradójicamente la inversión y las políticas en cultura y educación están en un rezago exagerado.
Así estamos. Ese es el proyecto país que tenemos. Si hubiera sonado un nacimiento extramarital en una figura de oposición, o algún subordinado o subordinada de seguro lo acribillan y lo sacan de circulación. Pero fue el actual presidente en ejercicio, el posible ministro de la presidencia de la próxima administración y él, por atribuciones propias, todo lo puede.
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