OPINIÓN. El Instituto Costarricense de Electricidad -ICE- les puso luz para que pudieran entrenar de noche, porque trabajan de día, y un grupo de 5 ticos respondieron: tercer lugar en el Panamericano Rafting. ¿Ud cree que si fuera una empresa privada haría ese gasto “superfluo” que reduzca su ganancia? No, por eso defender al estado solidario es FUNDAMENTAL para que un país pequeño, como Costa Rica, logre destacar por encima de grandes países con más recursos. Y como ese ejemplo, hay muchísimos más.
Entregar la institucionalidad del país, a pesar de sus fallos, es como entregar la grandeza de Costa Rica, es como cerrar oportunidades para gente que no nace en cuna de oro y necesita un poco de apoyo. Por eso vender el Banco de Costa Rica o el Instituto Nacional de Seguros es como regalar las joyas de la abuela, es acabar con lo que nos ha hecho una sociedad especial y con mejores oportunidades que la gran mayoría de países en el mundo.
Los ticos debemos entender que a la empresa privada solo le interesa su rentabilidad, su ganancia, mientras las instituciones públicas -que ojalá mejoren eficiencia y eficacia- tienen programas de ayuda social, deportiva, cultural y educativa que financian con sus ganancias. El ejemplo de los primos que ganaron en Chile contra gigantes como Italia, Japón, Argentina o Brasil no es para menos.
Deberían las empresas públicas, incluso, tener más de esos aportes en lugar de guardar sus ganancias sin ponerlas a trabajar en el país. Los bancos estatales, por ejemplo, así como el INS, deberían empeñar más recursos para las artes, la cultura, el deporte, la educación, la salud y los grupos sociales más vulnerables. Y, por supuesto, deberían generar créditos favorables para productores nacionales y no grande tagarotes, como hemos visto en el pasado. Bancos estatales que prestan a financieras es algo que no es de recibo, pero es otro tema.
Por eso prefiero kölbi en todo, porque si contrato Claro, Liberty o cualquier otra empresa, sé que las ganancias se van del país a engrosar las chequeras de uno o dos magnates en bancos internacionales, como la de Carlos Slim y otro puñado de inversionistas ya de por sí multimillonarios. Por eso prefiero tener cuenta en los bancos nacionales, antes que en otro banco privado, entre otros ejemplos.
Sin embargo, hemos perdido de vista esa valiosa y enorme consideración, por la fantasía de que otros ofrecen “mejor servicio”, cuando no es así en muchos casos, o incluso por la fantasía de aparentar que preferimos “lo internacional”, “lo cool”, mientras olvidamos el gran aporte solidario que hacemos al apoyar lo nuestro.
Y este no es un discurso chauvinista o nacionalista, NO, es al final de cuentas, un discurso de absoluta conveniencia. Porque nos conviene una sociedad pacífica y estable, sin pobreza, con empleo, con solidaridad en beneficio de sectores vulnerables que nacen en desventaja, porque nos conviene destacar a nivel internacional y exhibir nuestra bandera a la par de los grandes del deporte o las artes, para atraer turismo, para generar otros empleos y una dinámica social que, en general, beneficia a todos, porque finalmente todos estamos interconectados, como el efecto mariposa.
Defender al estado social, la institucionalidad, la legalidad y la paz social de este país no es un asunto de teorías añejas o romanticismo costarricense. NO, es un ejercicio de sensatez, de conveniencia y de inteligencia. Que lo digan los demás países que rara vez pueden llegar a los primeros lugares en todos los rankings mundiales que existen en las diferentes temáticas.
Y defender todo lo bueno que se ha hecho en medio siglo o más es, también, un ejercicio de cordura y racionalidad, fuera de pasiones y discursos engañosos. Porque todo eso bueno que hoy somos se lo debemos a los aciertos del pasado que hemos tenido como sociedad y en la política misma, no por una varita mágica que no existe más que en la politiquería que fomentan oscuros intereses. Entender esto hace la diferencia entre la sensatez o la estupidez.
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