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El relato de la casa y el contratista – Voz Propia

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Querían eliminar al ingeniero que había diseñado y construido la casa, basados en chismes y dudas, aunque la casa funcionaba bien y estaba sólida a pesar de los errores y algunos abusos del ingeniero.

Entonces trajeron a un contratista que parecía muy avanzado, pero pronto demostró ser incapaz y oportunista, porque culpaba de todo lo malo que sucedía al ingeniero original que levantó la edificación, aquella que fue alguna vez envidia del barrio, pero que ahora daba pena ajena.

El contratista vive presumiendo de cosas como un tubo que logró poner gracias a que la casa tenía la prevista, porque fue bien planificada técnicamente por el profesional que la construyó durante muchos años.

Cuando los especialistas del mantenimiento eléctrico llegaron a realizar el mantenimiento preventivo, el contratista no quería hacerlo porque eso era un gasto innecesario, sólo había que reparar cuando se dañara. Se endeudó más y más, con grandes montos e intereses muy altos, para hacer reparaciones de rigor, menores, y retrasó las importantes por mucho tiempo.

En la cantina del barrio todos le reían las gracias al contratista, cuando se burlaba de quienes le reclamaban el deterioro de aquella casa que tanto gustaba en el barrio y de cómo engañaba y manipulada a los propietarios.

Cuando una lata se desprendía, le echaba la culpa al clima, cuando las verjas de seguridad se deterioraron y cedieron, fue culpa de los vecinos por no darse cuenta, del barrio y hasta de la señora que vende lotería.

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Cuando hubo una fuga de agua y el recibo vino carísimo, por no haber cambiado la llave de paso como los expertos de la universidad le dijeron, el contratista los culpó por cómo vestían, sus chancletas y sus recursos, entro otros pretextos porque los de la U le habían comprobado su error.

Cuando los investigadores judiciales investigaron el caso del robo, los culpó por no encerrar a quienes él quiso culpar como los ladrones, sin ninguna prueba, solo porque el vecino chismoso del barrio así se lo aseguró, un roco con escoba, resentido, porque lo agarraron en chanchullos y no le hicieron caso por denuncias falsas. Además, había querido ser presidente de la asociación de barrio, pero no le dieron apoyo, aunque logró manipular a mucha gente.

La cosa es que el contratista se la jugó a punta de mentiras, parches y vivió de la salvada de encontrarse una casa fortalecida y maciza que, sin embargo, más tarde que temprano empezó a caerse en pedazos. Pero logró engañar a los dueños y manipularlos, diciendo una y otra vez lo mismo: que era culpa del ingeniero anterior y de los demás, siempre de los demás.

Pero era inevitable que los dueños empezaran a ver el desmadre conforme se iba acumulando. El asunto iba a reventar en cualquier momento…

Quizás todos hemos visto algo así, en nuestros barrios, en nuestros trabajos y en nuestros entornos. Bueno, eso mismo sucede con nuestro país, Costa Rica. Si usted no lo ha visto es por orgullo, porque no quiere, o porque le conviene. Claro, también están a quienes poco les importa, hasta que el daño le toca de frente.

Este artículo de opinión representa solamente el criterio y pensamiento de quien lo firma. El autor asume cualquier responsabilidad social o legal de lo expresado. Culturacr.net no se hace responsable por consecuencias generadas a partir de esta opinión. Si desea publicar en este medio, contáctenos según estos datos.

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